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Nuevamente el ministro de Educación salió con una promesa que la realidad demostró su inviabilidad. Con la grandilocuencia propia de una campaña electoral, el ministro dijo que “formalizarían” a los miles de profesores universitarios que llevan años en cargos provisionales, como son los profes de catedra y ocasional.
Esa ha sido una vieja demanda de los profesionales que han estado en esas condiciones laborales por muchos años. Valga precisar que el contrato de catedra y ocasional son contratos formales, por tanto, la expresión más pertinente sería estabilizar puestos de trabajo. Esto quiere decir que los profes no queden sujetos al vaivén del cambio administrativo.
Las respuestas de distintas administraciones a la demanda de estabilidad laboral ha sido que no puede realizarse una “formalización” en esos términos porque, según fallos legales, se estaría violando el derecho político a la igualdad. Apelando a dichos fallos, las distintas administraciones han intentado crear unas circunstancias que permitan a profes de catedra y ocasionales prepararse para competir en los concursos docentes, pero, en todo caso, deben participar de la competencia del concurso.
La imposibilidad legal que tiene la universidad pública para nombrar de planta a profesores ocasionales y de catedra que lleven varios lustros trabajando bajo esa figura también la inhibe para realizar concursos cerrados, es decir, concursos de vinculación solo para los profes de catedra y ocasionales.
A pesar de ser este el escenario de hace años, el ministro, sin mayor análisis de ello, salió con su propuesta populista electoral. Propuesta que, en su momento, entusiasmó a los directamente implicados sobre el supuesto de que “ahora sí” les iban a cumplir el viejo anhelo. Sin embargo, una vez fue conocido el decreto 0391 de 2025 sobre el plan de formalización el entusiasmo inicial se convirtió en una nueva decepción para el grupo profesoral de catedra y ocasionales.
El desencanto radica en que la supuesta “formalización” se hará por medio del tradicional concurso de méritos. Esta fórmula lo único que permite presagiar es una “lluvia” de demandas contra el concurso y la profundización de la insatisfacción de los profes ocasionales y de catedra. El plan de “formalización” riñe con el medio para hacerlo: el concurso de méritos.
Mientras el plan de “formalización” tiene como objeto estabilizar puestos de trabajo, como son catedra y ocasionales, con lo cual el énfasis queda puesto en un grupo especifico de profesores, el concurso de méritos, por su parte, apela al principio de igualdad para todos los aspirantes a concursar de la convocatoria de méritos. Los principios que rigen la “formalización” y el concurso de méritos son opuestos entre sí. La formalización privilegia, por justicia con quienes llevan años de ocasional y catedra, a una población, pero el medio para la “formalización”, el concurso de méritos, opera “ciego” a esa diferencia, invoca el principio de igualdad.
Con el fin de cumplir con el plan de formalización, las universidades han emprendido acciones en tal sentido. En el caso de la Universidad de Antioquia, el Acuerdo Superior 00001 de 2026 adoptó el plan de formalización laboral. En consecuencia, han empezado a conformarse las comisiones que diseñaran los perfiles para cumplir con el plan de formalización por medio de un concurso de méritos docentes. En una reunión de trabajo para tratar este asunto nos quedó relativamente claro el entuerto: diseñar un perfil para profes de catedra y ocasionales, pero que no tenga el énfasis para profes de catedra y ocasionales. Si es para ellos, pero no sólo para ellos.
Los concursos de méritos para vincular de planta a profesores suelen contar con demandas judiciales en casi todas sus etapas. Lo cual conduce a la universidad a invertir recursos en la atención de estas y a prolongar el calendario del proceso de selección. En esta ocasión el escenario posiblemente se agrave porque estabilizar empleo por medio de un concurso de méritos hará que las demandas estén al orden del día. Demandaran quienes llevan años de catedra y ocasional reclamando que los términos de la convocatoria no les reconocen mayor puntaje a su larga experiencia en la institución, la convocatoria en mención se aleja del “espíritu” del decreto de formalización. Y también demandaran quienes consideren que el concurso privilegió a profes de catedra y ocasionales con lo cual se violó el derecho a la igualdad.
Con la propuesta populista electoral del ministro de Educación no se resolverá la situación de inestabilidad laboral de los colegas de catedra y ocasional. De hecho, posiblemente varios de ellos se queden sin trabajo porque, tal como están las cosas, los puestos que salen a concurso de méritos son puestos ocupados bajo la figura de ocasional. La universidad tendrá que afrontar más demandas de las acostumbradas en estos concursos y la insatisfacción de los colegas con la situación de inestabilidad crecerá. Si esta es la forma del ministro de apoyar la dignificación del trabajo de los colegas mejor sería no hacer más.













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