Petro: la profecía autocumplida

Si se le grita a alguien mil veces ¡tirano, tirano y tirano! Entonces ¿Esa persona terminará por convertirse en uno? En psicología, este curioso efecto es denominado profecía autocumplida lo que se refiere a la relación que hay entre las expectativas que se tiene de alguien y cómo terminan por hacerse realidad.  Sea pues, este el caso de Petro.


Lo que se dice de un político siempre está viciado por la adulación, la crítica excesiva o perniciosa. Pero hay una regla general y es que, aunque sean rumores, de alguien solo se puede predicar lo que es francamente creíble. Por decirlo de alguna manera, “si el río suena, piedras lleva”.

La comunicación en política se basa precisamente en desenterrar esas piedras y lanzarlas contra el contrincante, esconder las propias o mostrarlas cuando esto sea conveniente en términos estratégicos. En el caso de Petro, no le llovían piedras sino rocas gigantescas que carga como fantasmas que siempre han determinado su discurso en campaña y, ahora en gobierno, se hacen más que predecibles.

Expropiación, estatización, chavista, socialista, arrogancia, soberbia, tirano, dictador, antidemócrata; son algunas de esas etiquetas, adjetivos y sustantivos, con las que Petro y sus simpatizantes han tenido con que lidiar, tratando a toda costa desmentir o desmeritar las acusaciones de quienes, en efecto, inflaron la imagen de Petro desde la estigmatización.

Sin embargo, el poder del lenguaje es tan asombroso que uno se podría preguntar: Si se le grita a alguien mil veces ¡tirano, tirano y tirano! Entonces ¿Esa persona terminará por convertirse en uno? En psicología, este curioso efecto es denominado profecía autocumplida lo que se refiere a la relación que hay entre las expectativas que se tienen de alguien y cómo terminan por hacerse realidad.  Sea pues, este el caso de Petro.

Algo que no advierte una oposición acérrima, cualquiera que sea, es que entre más y más se vitupere a un contrincante, más posibilidades existen de que ese monstruo creado para manipular los imaginarios sociales, se haga realidad en el cuerpo del político difamado. Piénsese de la siguiente manera: Una idea mala repetida mil veces se hace esperable y por tanto realizable y a la larga, no tan dañina, porque siempre las cosas pueden ser peores.  Es más grande el miedo humano a lo desconocido que a lo que ya conoce o por lo menos distingue.

Por eso, quienes esperaban lo peor de Petro, siguen alimentando su sesgo de auto confirmación y quienes lo defendían, en el mejor de los casos, están en la decepción, mientras otros más radicales, ven su propia versión de la profecía cumplirse ¿Cuál es ese Petro con el que comulgan?


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Andrés Zorrilla

Filósofo y comunicador político,
Investigador,
Diseñador estratégico para la innovación

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