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Paréntesis

Una cita corta: Patria de mierda.


Me perturba todo apuro reflexivo, pues parir causa dolor, usa bien Sócrates este término para con las ideas. Comprenderlas no es tan romántico si lo que quieres es conciliar a quien se empeña para el horror, y es que nadie es tan humilde como para redimir su estupidez cuando es el arma con la que su poder justificó. Banalidad del mal llamaría Arendt a esos 15 días de vacaciones y las medallas honoríficas por las que a un inocente se mató.

¿Cómo mencionaré otra vez la historia? Sin que la impunidad oficial de loca me señale. Escribir que se están fumigando personas como plagas con los impuestos de una clase que se endeuda para pagar nómina mientras burócratas deshonestos las órdenes judiciales desacatan. Usar el erario para bombardear marginados, usurpar territorio sagrado y tolerar la indignación por el aerosol que señala las paredes que constituyen edificios de un sistema fracasado. Parece delirante pero quizá Macondo era más real que aquellos diarios.

Para pensar, solo quiero un profundo sueño donde no escuche los aviones del ejército sobrevolar mi lindo pueblo donde las víctimas de esa malograda presencia superan el 80%. Decir lo indecible sin temer el señalamiento, no importa desde donde observe, país de carisma que aprendió de sonrisas con el lamento; deslumbrantes amaneceres y noches estrelladas que se abrazan de cálidos vientos. Hoy hago con el miedo un texto y la ansiedad por la guerra la disolveré en aguas cristalinas de este paisaje pintoresco.

Tanta riqueza en este subsuelo para sostener mafias asesinas que se alimentan del fuego, increíble que aniquilar sea democrático y excluir sostenga el centro. Narcotráfico ilegal para quienes no financien los actores del gobierno. Este territorio bello, de personas resilientes con corazón de guerreros, pervertido en intereses que desconocen los ríos de sangre que ante sus pies están corriendo.

Agotada de los eufemismos, puntualizar que el mundo es el lugar donde el genocidio ha sido legal y popularmente legítimo. SEIS MIL CUATROCIENTOS DOS crímenes de Estado debidamente probados es un silencio cómplice y sometimiento cínico.