Para leer en la noche

     

Cada tanto vuelvo a las historias de La Soquis sobre su papá, mi bisabuelo, con una mezcla entre nostalgia y orgullo.

Una, sobretodo, me ha inspirado siempre. Es de cuando lo nombraron jefe de machineros de la Frontino Gold Mines y empezó a recibir el salario y los beneficios de su nuevo cargo. Mientras otros se iban a parrandear, él se fue hasta Medellín para conseguir lo necesario para dotar su casa de energía, haciendo de la casa familiar de mi abuela una de las primeras con luz del nordeste. Cuando la Soquis le preguntó a su papá el porqué de esa decisión él le contestó con una frase sencilla, pero de antología: para leer en la noche.

Leer en la noche, buscar un lugarcito entre la oscuridad donde la luz, aunque sea pequeña, ilumine la imaginación, los sueños y el deseo de futuro. La oscuridad -física y metafórica- es siempre totalidad y en ocasiones angustia. Cuando no sabés para donde caminar, cuando todo lo de tu entorno es una potencial fuente de dolor, cuando cualquier posibilidad -para bien y para mal- puede ser cierta, avanzar hacia cualquier rumbo es, a la vez, peligro y oportunidad.

Cada tanto vuelvo a mi bisabuelo y me pregunto qué haría ante alguna situación que enfrento. Y cómo no, también lo imagino ante la actual Colombia de los desacuerdos. A él, que tuvo que enseñarles a sus hijos a escapar por entre las lomas segovianas para evitar morir en el enfrentamiento de liberales y conservadores; a él vuelvo tratando de esclarecer un poco el futuro.

Vuelvo a don Pedro y me preguntó por qué, más de sesenta años después de esa historia también tenemos que enseñarles a los niños a escaparle a la violencia, me pregunto el por qué de un país que cada día toca más el fondo de la desventura, por qué existe una ausencia de liderazgos serenos y constructivos tan marcada, por qué -parafraseando a Víctor Heredia- ya no sabemos qué hacer ni tenemos con quién, por qué la diligencia colombiana, toda sin excepción, le ha fallado al país. Vuelvo a don Pedro y me pregunto por qué Colombia vuelve a estar frente a la oscuridad.

Y no me refiero a lo electoral. En estas líneas no encontrarán una posición para el domingo 19. Me refiero a nuestra incapacidad de construir nación, a nuestra incapacidad de reconocernos como iguales, a nuestra incapacidad de sentir compasión con nuestros compatriotas. Esta campaña nos ha llevado a una polarización extrema, quien gobierne desde agosto tiene la responsabilidad de encaminar a la unión. Pero la ciudadanía debe entenderse también dueña de su destino y dejar de sembrarse vientos para cosechar tormentas. A la Patria, a lo que sea que entendamos por Patria -que yo entiendo como sinónimo de un gran nosotros- bien podemos cuidarla en cada flor, como cantaba Walsh. La Patria, como cualquier idea, es una construcción basada en un mero acto de fe, pero si sirve para no matarnos, para mejorarnos la vida, para sonreírnos unos a otros, yo elijo abrazar esa fe y echar para delante.

La Colombia de los desacuerdos, la Colombia de las peleas, la Colombia de los bandos se me antoja a oscuridad. Y yo, ante la absoluta oscuridad siempre he creído en que las luces, por pequeñas que sean, valen la pena ser resguardadas. Aferrarse a cualquier esperanza que implique la alternativa de un futuro menos doloroso que aquel que augura la tragedia. Porque hay luces tenues, que apenas y se asoman; la de la luna, por ejemplo, que alcanza apenas para sugerir siluetas, incluso a esas vale la pena aferrarse.

Me he demorado en entenderlo, pero he vuelto por fin a don Pedro. Y ante la absoluta oscuridad que tenemos en el presente he decidido aferrarme a la esperanza de soñar con un país que empuje pa´l mismo lado. He decidido apostarle a construir nación desde mi pedacito de tierra y mi responsabilidad sin esperar que un líder lo haga por mi. He decidido encender una lucecita para que Colombia pueda leer en la noche.

About the author

Santiago Henao Castro

Antioqueño. Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Hincha de los guayacanes, Carlos Vives, el cine colombiano, el vallenato y el más veces campeón. Aspirante a ganarle al olvido.

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