Oportunidad de oro para este Congreso

Ya la simbología barata de espadas libertadoras y otras, es hora de reemplazarla por hechos tangibles de cambio, y el del congreso es uno.


Contrario a la opinión expuesta por El Espectador en su editorial del 11 de agosto pasado, y que tituló «la obsesión por los sueldos de los congresistas«, muchos colombianos sí creemos que sería un buen gesto con el pueblo en general, el que esa rama del poder público tomara la determinación ya, de rebajarse su salario, a todas luces exagerado.

Que se mantenga ese nivel de ingresos para los parlamentarios y de paso evitar así que recurran a artimañas para mejorar sus entradas, lo que deriva en corrupción, sugiere el editorialista. El argumento es bien pobre, pues en esa misma linea, a los alcaldes y gobernadores que tienen a su disposición una chequera pública, habría también qué mejorarles su remuneración para mermar la tentación de que se aprovechen de su investidura y lucrarse ilegalmente. Se puede inferir que El Espectador quiere que los colombianos les paguemos a los congresistas para que sean más honrados. De no creer esa postura.

Estamos estrenando un gobierno que para marcar diferencia con el anterior y en general con la derecha colombiana, viene recurriendo al simbolismo. Busca ridiculizar lo hecho y proponerse como el verdadero cambio. El gobierno Petro nos llegó en combo con un puñado de congresistas que desdeñaron en su campaña contra el tamaño y costo del estado. Es su oportunidad, tienen las mayorías para hacer cambios de forma y fondo para que el congreso haga bien su tarea, legisle con responsabilidad, trabaje  cinco días a la semana, vacacione como cualquier colombiano, y sea remunerado en un número de pesos colombianos que no lo haga indigno dada su responsabilidad, pero que no le produzca la burla y el sarcasmo que cualquier persona siente cuando recibe un pago inmerecido.

No se crea señor editorialista que la derrota por no rebajarse los salarios a los congresistas, la padecen solo los que en campaña propusieron tal reducción…también un grueso grupo de colombianos sentimos tal derrota, pues no entendemos la facilidad con la que se suman 899 mil pesos a un, de por sí alto salario,  comparado lo anterior con el circo que se arma cada año para subirle 20 o 30 mil pesos al salario de más de tres millones de colombianos que no ganan más que un mínimo.

Se acabaron las disculpas. La derecha colombiana jamás tuvo voluntad de sacrificarle a los parlamentarios sus salarios. Ahora está la izquierda liderada por el presidente Petro bajo la ruana del Pacto Histórico, y se les sumaron en paracaídas unas fuerzas políticas que en otro momento sería impensable que trabajaran de la mano con esa secta, así que los astros se alinearon para que hagan los cacareados cambios que tanto profesaron. Ya la simbología barata de espadas libertadoras y otras, es hora de reemplazarla por hechos tangibles de cambio, y el del congreso es uno.

Muchos colombianos fungimos como meros espectadores de una lucha por el poder. Oímos descalificaciones y maltratos de unos y otros. Los ganadores, los que hoy están en el poder tienen la inmejorable oportunidad de demostrarnos que llegaron para mejorar, para trabajar más, sin abusar.  Saben que el desprestigio del congreso está bien ganado, y saben que pueden comenzar, así sea de menos cero, a cumplir su misión dentro de la democracia.

Es ahora o nunca señores congresistas. Resuelvan.

About the author

Norman Mesa Lopera

Comunicador Social de la Católica del Norte Fundación Universitaria. Activista de la cooperación como herramienta de crecimiento social y observador apasionado de la política. Las discusiones las termino con un silencio reflexivo.

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