Olor a pintalabios

El viento trae muchos olores y los olores es de lo que más me gusta sentir, porque no abruman por lo general, y dejan en el alma un plácido sentimiento sereno. Aunque sé varias cosas, no sé todavía muy bien qué es el amor o por lo menos a qué huele. Dalí me dio  una noción de eso en Canibalismo Otoñal, en esta obra representa a dos personas que se aman, ambos están abrazados en una vertiente de sincronismo, y en ese sincronismo se consumen la carne haciéndolos llegar a ambos  hasta la muerte mutua, pero no del amor, sino del cuerpo físico de los amantes. Luego Héctor Abad en el Olvido que Seremos hace una aproximación describiendo  que lo más cercano al amor es el olor de su padre “Amaba a mi padre por sobre todas las cosas… Amaba a mi papá con un amor animal. Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor”. Pero esto son solo ideas de ilustración, porque al salir a la calle o ver por la televisión uno se entera de otras clases de amor, de amores más viscerales, de  amores con más montañas rusas, en definitiva de amores inexplicables incluso bonitos.

El amor es meticuloso, le gusta que lo amasen por lo general y que lo vuelvan un poquito agridulce para no entrar en monotonías; si uno se pone a buscar definiciones de este sentimiento tan esponjoso se va a quedar un poquito perplejo al encontrase cosas como esta: “Mi niña blanca, Santísima muerte usa tu poder y aleja a (…nombre de nuestro amante…) de cualquier mujer con quien él esté en este momento, si estuviera; que haz que su boca solo pronuncie y diga mi nombre. Yo (…nombre propio…); quiero amarrar el espíritu y cuerpo de (…nombre de nuestro amante…) porque lo quiero amarrado y enamorado perdidamente de mí. Quiero que él se quede dependiente y esclavo de mi amor, quiero verlo loco por mi deseándome ardientemente como si yo (…nombre propio…); fuese la última mujer en la faz de la tierra”. El amor es espejismo y río de felicidad al mismo tiempo –sutiles inclemencias las de esta vida-.

 

Sabiendo que el amor no es felicidad, nos brinda una conciencia libre de marcar el camino, porque fácilmente se puede amar cualquier cosa, de ahí la libertad y de ahí también la paradoja del amor de Dios hacia nosotros ¿ acaso el amor tiene reglas? O ¿acaso se hace necesario definirlas?. Es difícil definirlo y más ahora que la extendida mediatización nos coge corticos con esas publicidades que erotizan cualquier cosa-aunque es válido-  cuando ya no vale la pena la admiración de la sencillez y lo cotidiano, cuando todo puede ser criticado y no analizado, es ahí cuando los sentimientos van desapareciendo, cuando el cansancio nos sacia de vulnerabilidad y  caemos en la ingenua creencia de lo irreal.

 

El Neurocientífico Rodolfo Llinás dice que el amor eterno es de inteligentes porque estructuran y moldean patrones de acciones fijas sobre la base de ver al otro como una parte imprescindible del cuerpo, es decir, que el otro no solo sea una materia muy comestible sino que también pueda ser ese complemento que lo inunde a uno de  sabiduría e ideas firmes . Me sorprende ver cuando la gente llora en los velorios ¿Será que el amor es la muerte? ¿Será que cuando los poetas materializan  el amor en poemas derretidos se convierte en menudencias, se vuelve loza sucia, fuente contaminada?. Por mi parte pienso que la vida es medio segundo de la respiración de dios, un hielo al sol o una mirada de prisa a la calle, por eso entender que el amor es perecedero  como la mayoría de las cosas,  es entender que por demás debe ser el alimento de estas épocas tan asesinas de todo. Cuenta una leyenda que del  amor nace el lenguaje y del lenguaje las ganas necesarias para vivir.

 

El amor es más lindo indefinible porque en definitiva eso es lo que le da una definición profunda y mística, el amor es fuente de conocimiento y es también el método para llegar más fácil al universo interno que tenemos casi siempre metido entre la conciencia y el olvido. Hay tantas definiciones pero en todas se resuelve de la manera más ecuánime el dilema. Para unos es amor pintarse los labios para otros quizá contemplar la ilusión.

PD: El amor después del amor es un poemita de Derek Walcott traducido por Héctor Abad y Alex Jadad que de verdad me trituró:

Llegará el día
en que, exultante,
te vas a saludar a ti mismo al llegar
a tu propia puerta, en tu propio espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Otra vez amarás al extraño que fuiste para ti.
Dale vino. Dale pan. Devuélvele el corazón
a tu corazón, a ese extraño que te ha amado
toda tu vida, a quien ignoraste
por otro, y que te conoce de memoria.
Baja las cartas de amor de los estantes,
las fotos, las notas desesperadas,
arranca tu propia imagen del espejo.
Siéntate. Haz con tu vida un festín.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://scontent-a-iad.xx.fbcdn.net/hphotos-ash3/t1/1656364_1408183376106190_338834949_n.jpg[/author_image] [author_info]Sara Botero Jaramillo Comunica y escribe, no le gusta escribir lo que ha hecho pero sí le gusta escribir ficciones, crónicas y ensayos. Entiende que la vida es un respiro y que por esa misma razón debe plasmarse en cualquier espacio del universo. Leer sus columnas. [/author_info] [/author]

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