Notas fundamentales de la filosofía latinoamericana

Entre los días 16 a 19 de noviembre se está llevando a cabo en la ciudad de Pasto, en la Universidad de Nariño, el VIII Congreso Colombiano de Filosofía. En esta ocasión, el tema que convoca a la comunidad académica es “Filosofar desde América Latina y el Caribe”. En esta nota explicamos brevemente en qué consiste este filosofar situado. 


Hasta hace algunos años la expresión “filosofía latinoamericana” causaba recelo en la comunidad filosófica. No así expresiones como “filosofía europea” o “filosofía americana”. Se asumía implícitamente que estas últimas filosofías no eran situadas, sino que se ocupaban de problemas universales, mientras que el filosofar latinoamericano era un pensar chauvinista, localista. Pues bien, hoy la filosofía latinoamericana existe de hecho y de derecho. Hay un renovado movimiento filosófico en el continente que no solo piensa de manera radical nuestros problemas, sino que está en constante diálogo con el pensamiento de otras regiones del mundo. Por lo demás, es un movimiento bastante amplio que de ninguna manera comulga con nacionalismos chatos (ese nacionalismo de vacas, decía Nietzsche). Filosofía latinoamericana es una expresión que cobija también las posibilidades de pensar nuestros problemas usando la tradición filosófica misma como “caja de herramientas”.

Pero ¿cómo caracterizar la filosofía latinoamericana, qué la define? Como toda filosofía, la filosofía latinoamericana es un pensamiento situado, y como tal, debe entenderse un pensamiento anclado en una geocultura, en un espacio, un territorio, una temporalidad; un espacio que es una espacialización histórica, no mera res extensa. Un pensamiento situado al interior de una realidad que es heterogénea, contradictoria, dinámica, donde el filósofo ha tratado de dar respuesta a los retos que esa circunstancia le impone y a los problemas fundamentales de la existencia, esos problemas universales que afectan la vida humana: la libertad, la vida, la muerte, la existencia, el dolor, la vulnerabilidad, los afectos, la política, etc.

Desde el punto de vista anterior, como pensamiento situado, la filosofía latinoamericana no ha renunciado nunca a ser pensamiento universal, pues la universalidad de una filosofía depende del grado en que un orden conceptual creado, producto de la reflexión, de ese movimiento del pensamiento, da cuenta de una realidad, de un objeto de investigación o de una experiencia. Aquí entran en juego elementos teóricos, metodologías, conceptos. Esa universalidad depende de la solidez de la construcción, de la argumentación ofrecida, del rigor y de la profundidad como se articula la reflexión sobre el objeto; asimismo, de la claridad, la precisión y la fuerza de la expresión filosófica, de su comunicabilidad y posibilidad de comprensión. En esta tarea el esfuerzo del concepto juega un papel central, así como de su capacidad de dar cuenta de lo abordado.

Como pensamiento situado, una de las constantes de la filosofía latinoamericana ha sido la lucha por la afirmación de la universalidad del ser humano. Recuerdo aquí unas palabras del filósofo peruano Francisco Miró Quesada quien decía: “La filosofía latinoamericana es un movimiento que no tiene parangón […] Por qué América Latina produce semejante movimiento? Una razón es seguramente nuestra condición de realidad excolonial. Por haber sido colonia, nuestro ser ha sido disminuido, regateado, negado. Y por eso hemos decidido afirmarlo”.

El asunto es muy simple. Si desde el principio se nos negó el alma, el entendimiento, la calidad de humanidad, la filosofía latinoamericana ha afirmado incesantemente la universalidad de nuestra humanidad, pero no solo la humanidad del humano latinoamericano, sino la genericidad misma de todos los humanos del planeta, tal como lo entendía también Leopoldo Zea, pues si se le niega la humanidad a uno solo, ¿qué nos garantiza que no se les empiece a negar a otros?

El punto anterior nos lleva también a caracterizar la filosofía latinoamericana como una constante construcción de memoria y autoconciencia, es decir, de cavar sobre lo que ha sido nuestra experiencia histórica como continente y de situarnos en el panorama mundial como ya lo pensaba Zea, para insistir en formas de humanización creciente. En esta tarea la filosofía de la liberación ha sido una protagonista fundamental, junto a otros expresiones como la filosofía intercultural, las teorías decoloniales y la filosofía política republicana.

También la filosofía latinoamericana se ha caracterizado por pensar el problema de la dominación y la liberación. La dominación entendida como “Una relación entre dos instancias, que pueden ser personas, o clases, o países, relación tal que A domina a B, tiene el poder de decisión de lo que es fundamental respecto de B. [Por su parte] B, que es dominado, sufre como resultado […] una falta de posibilidades de desarrollo, una limitación, es decir, todo lo que puede ser considerado como defectivo”, según anotaba Augusto Salazar Bondy. La liberación, por su parte, ha sido vista como la cancelación de esa dominación y de las sujeciones que impiden y dificultan la libertad del individuo y que minan sus posibilidades de realización. Es decir, la filosofía de la región se ha centrado en pensar todas aquellas dificultades, sujeciones y condicionantes que le han impedido al ser humano de esta región (y de otras) realizar todas sus potencialidades; ha pensado, pues, todas aquellas determinaciones que han dificultado el despliegue de sus posibilidades. Justo por eso ha sido una filosofía comprometida con la emancipación y con la liberación.

La filosofía latinoamericana también se ha caracterizado por su reflexión de tipo ético y político, como ya la entendía José Gaos. Aquí este tipo de reflexiones políticas, por ejemplo, tan fuertes en la filosofía política actual, ha pensado de manera muy fuerte, especialmente desde el siglo XIX, la construcción de órdenes sociopolíticos más justos y dignos. Esto vale para el pensamiento actual de un Enrique Dussel, una Laura Quintana, una Luciana Cadahia, un Santiago Castro-Gómez, para solo citar algunos.

Es una filosofía que, igualmente, se ha expresado de muchas maneras, entre ellas, el fragmento (como en Fernando González), el tratado (como Enrique Dussel), y muy especialmente, en el ensayo en su más originaria significación como tanteo, exploración, apertura. En este sentido, el continente ha producido ensayistas notables como Alfonso Reyes, Rafael Gutiérrez Girardot, Danilo Cruz Vélez.

Por último, el proyecto del filosofar latinoamericano se ha valido, de manera auxiliar, de distintas metodologías, desde la historia de las ideas, la historia intelectual, la genealogía o la historia social de la filosofía para dar cuenta así de la historicidad de su práctica y de la historicidad del campo filosófico. En esa tarea la reconstrucción de la tradición, el diálogo de las voces ocultadas por el pensamiento hegemónico, las lógicas del saber y de las prácticas, la historicidad de los conceptos, la producción, circulación y consumo de la disciplina, han sido fundamentales. Aquí sobresalen filósofos como Leopoldo Zea, Elías Palti, Castro-Gómez, Leonardo Tovar, entre otros.

En conclusión, la filosofía latinoamericana es una filosofía situada, comprometida con la afirmación de la universalidad del humano, con la cancelación de toda forma de dominación y una búsqueda constante por la emancipación y liberación humanas.

De estos problemas y de los problemas clásicos de la filosofía se ocuparán las conferencias centrales del evento y los distintos simposios. El país invitado es Ecuador y se contará con la presencia de destacados profesores como Rocio Zambrana, Adriana Urrea, Oscar Alejandro Llerena, Rafael Polo Bonilla, Diana Melisa Paredes, Leonardo Tovar, Maximiliano Prada, Carlos Pararroyo, Luis Eduardo Gama, David Sumiacher, German Melendez, Alberto Beron  entre otros.

About the author

Damián Pachón Soto

Profesor Escuela de Trabajo Social, Universidad Industrial de Santander. Ha sido profesor invitado en varias universidades nacionales y extranjeras, ente ellas, la Universidad Nacional de Colombia, La Universidad de Antioquia, El Instituto Cervantes de Tokio, La Universidad de Nanzan en Nagoya y la Universidad de Estudios Extranjeros de Kobe en Japón. Autor de varios libros, entre ellos: Estudios sobre el pensamiento colombiano, Vol.1, Estudios sobre el pensamiento filosófico latinoamericano, Preludios filosóficos a otro mundo posible, Crítica, psicoanálisis y emancipación. El pensamiento político de Herbert Marcuse (2a ed.).

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  • La universalidad del pensamiento latinoamericano también consiste en develar lo propio del ser latinoamericano, esto sin querer entrar en purismos trascendentales, pero sí haciendo una apuesta por la identidad de la sociedad del subcontinente. Al afirmar lo que nos es más propio estaremos haciendo un ejercicio auténtico de pensamiento, pues no podremos ver claramente lo que somos sin renegar un poco de los conceptos y categorías de la filosofía occidental, los cuales, en la actualidad se revelan claramente insuficientes. por otro lado la vida toma fuerza como un concepto de nuestra filosofía, pues ante la crisis planetaria, que es sobre todo una crisis humana, se han mezclado las formas de pensamiento, cosmogonías y espiritualidad de los pueblos que componen Latinoamérica, a saber el afro, el amerindio y el blanco, para dar solución al caos de la extinción, por lo que nace la teoría del Buen Vivir, el Vitalismo Cósmico o a una Ética basada en la vida como lo plantea Dussel. Es decir, estamos asistiendo a un mestizaje filosófico, a una filosofía propia.