No quiero automatizar mi trabajo

No quiero automatizar lo que no es automatizable: aprender, diseñar desde la experiencia, enseñar y entregar desde el conocimiento. Las preguntas las quiero seguir contestando desde lo que sé, no desde lo que me diga un prompt.

Soy abogado desde hace ya muchos años y maestro desde hace otros tantos. Quien supone que quiero automatizar mi trabajo es porque jamás ha entendido ni disfrutado lo que significa hacer lo que uno ama todos los días. Pretender que una máquina, un algoritmo o un modelo de lenguaje sustituyan el pulso intelectual de nuestra labor es desconocer la esencia misma del derecho y de la enseñanza.

  1. El oficio del abogado frente a la ilusión de la eficiencia algorítmica

Como abogado, mi vocación no se reduce a la producción mecanizada de memoriales en serie ni a la entrega de respuestas estandarizadas. Mi razón de ser en esta profesión es revisar la norma, confrontar la jurisprudencia, desentrañar la doctrina e ilustrarme entre libros, códigos y páginas polvorientas.

Aprender de todo lo que encuentro en el camino y aportar a la construcción de la justicia desde la particularidad de cada caso es lo que hace que me enamore todos los días de la profesión que elegí. ¿Cómo pretenden que abdique de este ejercicio analítico y humano? ¿Cómo quieren que pierda precisamente aquello que nos otorga dignidad profesional? Reducir la abogacía a la mera tramitación automatizada es vaciarla de contenido ético y crítico.

  1. El aula como espacio de vida y el peligro de la deshumanización docente

Por su parte, como profesor, mantenerme actualizado, pensar los temas con profundidad y diseñar lo que quiero para mis estudiantes es un pilar irrenunciable. Sin eso, ¿dónde queda la verdadera función del maestro? Educar no es transmitir datos que un software puede arrojar en segundos; es un acto que se hace con sentir, con piel, con emociones, con amor.

Esa conexión genuina es precisamente lo que desaparece cuando se automatizan las tareas pedagógicas. Ante la fría burocracia de las plataformas automatizadas, a uno le dan ganas es de volver a la Stoa, de abrir las puertas para que lleguen aquellos que verdaderamente quieren tener un diálogo vivo, y no conformarse con una presentación prefabricada y sin alma.

III. La insustituible experiencia del conocimiento vivo

No quiero automatizar lo que por definición no es automatizable: aprender, diseñar desde la experiencia, enseñar y entregar desde el conocimiento profundo. Pensemos por un momento en las consecuencias prácticas de esta falacia de la automatización: ¿Qué puede llegar a decir un abogado en una audiencia oral si no hizo ni la demanda ni la contestación, si no bregó con los hechos ni padeció la construcción del caso? ¿Y qué preguntas inteligentes puede responder un maestro si no ha investigado con rigor sobre lo que está presentando en clase?

A mí que me dejen con los libros, con la jurisprudencia, con las largas horas de investigación y con las conversaciones directas y francas. Las preguntas de la vida, del derecho y de la academia las quiero seguir contestando desde lo que sé, desde lo que he vivido y reflexionado, y no desde lo que me dicte un prompt impersonal.

Jonathan Alexis Acevedo Viana

Soy abogado con maestría y docente investigador en el Tecnológico de Antioquia. Mi trabajo se centra en el derecho privado y su adaptación a los retos sociales y tecnológicos. Investigo neuroderechos y neurociencia, con énfasis en la relación entre derecho, ética y tecnología y la protección de la autonomía, la identidad y la privacidad mental. Integro docencia, investigación y producción académica con impacto teórico y práctico. Además, analizo críticamente la realidad política desde una perspectiva interdisciplinaria.

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