Opinión Selección del editor

No puedo dejar en blanco esta sociedad Orwelliana

El uribismo demuestra que la ficción sí tiene el poder de edificar las paredes de nuestra realidad, y una muestra de ello es ‘1984’, la novela que George Orwell escribió a finales de los años 40 y que ha servido como fundamento para poder explicar lo que hoy todos conocemos como Política de la Posverdad. Orwell, describe en su libro una sociedad custodiada por la ‘Policía del pensamiento’, la cual se encarga de proteger los intereses del poder obligando a los gobernados a no traicionar las posturas del Partido, de esa forma, coacciona a la sociedad a no tener criterio propio y a no utilizar el intelecto; a través de otro órgano conocido como ‘el ministerio de la Verdad’, se manipula y se reescribe la historia, por lo que los gobernados son blanco de información engañosa, propaganda fraudulenta, miedo, represión política y vigilancia extrema.

Por eso es tan inquietante que un amplio sector uribista tilde de persecución política el compromiso de la justicia con Uribe, pero no sean capaces de señalar con ese mismo dedo inquisidor las famosas chuzadas. Así mismo es inquietante ver personas muy preparadas, algunos incluso con la habilidad de ser asertivos para comunicar ideas, compartiendo noticias e ideas tergiversadas; repitiendo con un tono maniqueísta verdades irrefutables para poder defender cosas que resultan indefendibles a la luz de las fuentes idóneas de información. Un ejemplo de todo lo anterior, es ver personas propagando el miedo de que nos vamos a convertir en Venezuela con el famoso ‘castrochavismo’. Y si nos queremos reír un poco, el uribismo también tiene la capacidad de hacerle creer a sus seguidores que las abejas africanizadas pueden ser domesticadas para atacar.

En mi opinión, los dos gobiernos de Uribe coincidieron con el despliegue y la cobertura alcanzada por la era de las comunicaciones en el país, por eso considero que el uribismo es el resultado final de un fenómeno social producido por la interconectividad y el excesivo flujo de información, el cual se ha venido sosteniendo y alimentando gracias a las redes sociales y pese a los grandes escándalos judiciales del Álvaro Uribe Vélez y su familia; pareciera que una vez que el internet comenzó a ser parte esencial de nuestras vidas, las personas entienden lo que quieren entender y utilizan la información que más se acomode a sus creencias políticas, sociales y religiosas. Precisamente, ha sido la asortatividad la que en gran medida ha provocado que los consumidores se sientan respaldados en sus creencias por otros consumidores, por esa razón las redes se convierten en una cápsula donde todos piensan igual, similar a una dictadura de pensamiento; esa tendencia a la Homofilia en redes desnaturaliza el debate, la confrontación, la oposición, y de paso, alimenta el sectarismo.

Yo considero que no es descabellado relacionar a Uribe, con una mercadotecnia política de largo alcance entre las redes sociales parecida a la del Brexit y a la campaña de Donald Trump, pues un ejemplo de la capacidad demagoga de Uribe fue la campaña fraudulenta del “No”, liderada por el uribismo y otros sectores a través del Centro Democrático, un partido político, que por cierto, representa el egocentrismo de un líder que sabe que puede hacer muchas cosas con un capital electoral, como por ejemplo recomendar un candidato sin experiencia a la presidencia.

La cosificación de los seguidores del Uribismo al prestarse para cualquier apunte como el de ‘la dictadura Gay’, el Brexit, el logro de Trump (Cambridge Analityca), y la campaña fraudulenta para que los ciudadanos salgan a votar ‘emberracados’ durante el plebiscito, son evidencias que comprueban que distintas democracias alrededor del mundo pasan por un mal momento, pues lo que un día comenzó como un antídoto para evitar las conocidas dictaduras de las mayorías, hoy está fuera de control. En efecto, esta era de las comunicaciones ha ocasionado que ante el excesivo flujo de datos, los consumidores no sepan distinguir entre basura, contenido e información. Como consecuencia de lo anterior, las aguas de la política son turbias, pues no hay una sola verdad sino muchas, dado que hasta las mentiras son defendidas como veracidades irrefutables; por esa razón es que la madre de todos los estados de derecho, ha pasado de ser un ejercicio ciudadano a una mercadotecnia política manipulada vía redes sociales.

Si bien esta dinámica sucia de hacer campaña política no desaparecerá pronto (gracias a su efectividad), el mundo necesita prepararse para enfrentar tanta homofilia y dictadura de pensamiento en las redes, para eso necesitamos pasar de ser consumidores a ser usuarios, de esa forma podríamos apreciar la interconectividad desde la dialéctica. Aunque según cómo van las cosas, navegar entre el océano de fuentes de información puede que termine siendo enseñada de forma obligatoria por los colegios y demás recintos académicos, de hecho el poeta Kenneth Goldsmith ya dicta una cátedra sobre este tema en la Universidad de Pennsylvania. Necesitamos ponernos los guantes ante esta forma manipular la democracia, pues como un día lo mencionó Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, “el nuevo analfabetismo no es no saber cosas, es no saber usar la información”.

En ese sentido, me parece justo interpelar a quienes con su voto en blanco terminarán premiando esta forma tan ruin de venir haciendo campañas electorales, pues están justificando que las emociones le hagan un desfalco a la política a través de las posverdades. Tenemos un contexto muy orwelliano que puede empeorar dado que hay una mayoría en el congreso a favor del que dice Uribe, hay además un capital electoral y también hay de por medio unas intenciones de reforma que sólo buscan debilitar las instituciones. Adicional a todo lo anterior, varios medios de comunicación masivos tomaron la decisión de mostrar abiertamente su apoyo al que dijo Uribe, como si no fuera evidente el sesgo político de muchos periodistas a la hora de entrevistar a Gustavo Petro.

No se trata de un odio hacia el Uribismo, se trata de hacerle frente a esta realidad; hay un statu quo construido entre las paredes de un ciudad orwelliana ficticia y cuyas paredes necesitan ser derrumbadas, no para cambiar de mesiánico, sino para ejercer democracia. Petro no tendrá de otra que comenzar con las políticas más moderadas (las del centro) y proteger el Acuerdo de paz, así como también los demás logros alcanzados por el gobierno que acaba.