Cultura Opinión

¡No importa quién sea el próximo papa!

Si se tratara de una mamá soltera, sí importaría. Pero se trata de otra madre: la Santa Madre Iglesia –que al menos así es para nosotros los católicos– la cual, atraviesa un largo período de silencio del Espíritu Santo. Un silencio atronador: cuando el Espíritu Santo te deja de hablar, algo similar al mismo silencio de Jesucristo ante Herodes.


El pontificado de Francisco I ha servido para que algunos repasen la distinción entre catolicismo y papolatría, sobre todo aquellos que confundieron ambas cosas en el pontificado de Pío IX, cuyos bisnietos ultramontanos están ahora tan enojados como el Martín Lutero que odian con todas sus fuerzas. Actualmente, creo que firmarían varios de sus escritos.

Sin embargo, hay otras cosas por revisar… Sea quien fuere el próximo papa, estoy seguro de que va a tomar algunas medidas que se han instalado en los pontífices como si fueran los mandamientos mosaicos contados a partir del número 11.

Primero, aunque no esté de acuerdo con todo lo que haya hecho o dicho Francisco I, va a producir equilibrio hermenéutico y lo cubrirá todo con un manto de interpretación benevolente, con lo que cualquier disparate absoluto manifestado por un pontífice quedará oculto por la impunidad, indudablemente.

Segundo, va a tratar de imponer su línea teológica con la autoridad del “magisterio ordinario”, que ahora está tan devaluado –y no sólo por el mismo Bergoglio– al punto de quedar totalmente desautorizado. Los que no estén de acuerdo seguirán con lo suyo y las profundas divisiones en la ICAR prevalecerán.

Tercero, va a escribir, seguro, su gran encíclica social ¡Ah! “El paraíso de los papas”. En ella dirá como siempre millones de cosas opinables que subsistirán nuevamente como “la doctrina social de la iglesia” con el correspondiente caos de toda la vida. Habrá, como suele serlo, un equipo de buenos teólogos, muy pocos, que harán las distinciones oportunas y ubicarán todo en su contexto, pero ese trabajo ya no le interesa a nadie ¡y en primer lugar a los pontífices! nada afectos a distinguir lo doctrinal de lo prudencial cuando pontifican sobre lo terrenal.

Cuarto, va a continuar siendo el jefe de Estado del Vaticano. Si alguien me puede mostrar dónde Jesucristo instituyó semejante cosa, de antemano ¡Muchas gracias! Mientras tanto, como todo jefe de Estado tendrá que hacer diplomacia, recibir embajadores, conceder audiencias a la “Asociación de familias en Marte” y al líder supremo de “los Klingon” –sarcasmo– y, por supuesto, se equivocará y cometerá imprudencias, aunque, obviamente, de vuelta estas quedarán como “la doctrina social de la Iglesia” o “los signos de los tiempos”, y el pobre fiel que ose estar en desacuerdo con este Estado será porque no sabe comprender la gran misericordia y sabiduría del “nuevo gran pontífice”.

Quinto, seguirá estando a cargo del Banco del Vaticano, otro “importante sacramento instituido por Cristo” y tendrá que decidir sobre cosas que no entiende para nada, pero ¡oh! me olvidé de que “el dulce Cristo en La Tierra” sabe de todo, desde física cuántica hasta las recetas de mi abuela.

Sexto, también seguirá a cargo de todos los dicasterios del Vaticano con todas sus internas y dimes y diretes, o sea, el mismo nido de víboras y los mismos sepulcros blanqueados de siempre: la gran productora de anticatólicos del mundo, los cuales, deberían ser todos enviados a una parroquia a cumplir con el sacerdocio que una vez prometieron ejercer.

Y en medio de semejantes linduras, el caos de la ICAR permanecerá como de costumbre.

El Estado del Vaticano debe eliminarse. El pontífice debería vivir en un convento y dedicarse a proclamar el evangelio: la palabra de Dios, como lo hizo, por ejemplo, la madre Angélica toda la vida, con una Biblia en la mano y nada más. Si lo hizo una monja no veo por qué no lo pueda hacer un varón ¡Ah! Es que ellos deben ser “Jefes de Estado”, me había olvidado… Para todo esto se necesita fe, esa fe que no sabemos si encontrará el “Hijo del Hombre” cuando vuelva, como escrito está en Lucas 18: 8.


Este artículo apareció por primera vez en el blog Filosofía para mí de Gabriel Zanotti, y en nuestro portal aliado El Bastión.

Esto fue escrito por

Gabriel Zanotti

Académico especializado en la relación entre liberalismo y catolicismo; difunde el pensamiento de la Escuela Austriaca de Economía y es autor de numerosas publicaciones. Doctor en Filosofía por la Universidad Católica Argentina, es también conferencista y profesor en universidades argentinas y de otros países.

Entre otras, funge como Director Académico del Instituto Acton Argentina, organización que promueve ideas liberales dentro de la tradición católica. Zanotti es profesor invitado de la Universidad Francisco Marroquín, donde ha impartido diversos cursos, seminarios y conferencias.

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