Mujeres, Coca y Paz

En el departamento del Putumayo, para finales de los 90′ e inicios de los 2000′, la violencia se había convertido en la cotidianidad de una economía desgarradora, que sembraba cuerpos a su paso mientras intoxicaba el organismo vivo de un mundo hipócrita, que pretendía resolver el flagelo de sus ansias con la muerte de pueblos enteros, que eran los sueños de habitar de sus pobladores.

Yace en el seno de sus selvas andinoamazónicas, la biodiversidad y la ancestralidad que emanan de la madre, Tierra que abraza a sus hijos con la esperanza verde que engalana los senderos del Jaguar por su paso hacia el río; entre el Ecuador, Perú, Brasil. A la Señorial, capital Mocoa, llegan los vientos, susurros de cortes que son hilos a juntar, que buscan tejer el saber del amor, propio de las lenguas Kamëntsa del Valle del Sibundoy, con los pasionales frutos de vida del bajo Putumayo, Pimienta que sazona y mambe para endulzar la palabra.

Mujeres de paz que sienten el dolor de sus propios hijos y sus hermanas, mujeres del territorio que hacen cánticos de cuna entre lamentos para acallar la ambición de las balas. Para el 2016 ya no son perseguidas que conversan con las calladas buscando que se conviva entre militares, guerrillas, narcotraficantes, políticos y paramilitares; sino ciudadanas legítimas activistas de la vida, ellas sabían sembrar entre matanzas.

Tejedoras, en Ruta, también Trenzadas, Indígenas, Campesinas y Afrocolombianas, Migrantes y Desplazadas, Raspachinas y Colaboradoras, Informantes, Víctimas, Reinsertadas y Desmovilizadas; todas impulsando un acuerdo en el que parir no sea alimentar la guerra en la que unos pocos con los cuerpos de sus hijos la avaricia acrecentaban. Nos vimos crecer, con pasta de cocaína se pagaba, era moneda de cambio, entre otros, como el oro y el oro negro que no menos sangre dejaban.

Sororidad es valentía porque necesariamente insta a la paz, la empática razón que civiliza superando el hecho salvaje de matar, hablar con las manos para hacer y acariciar; cuidar y acompañar, observando lo mejor de las personas que ha sido verdaderamente revolucionar, el buen vivir y el progreso ahora lo retoman Estudiantes, Profesoras, Gobernadoras, Madres, Abuelas, Lideresas, Emprendedoras, Mujeres PEDT, Mujeres Constructoras de Redes, de Paz… Que son las mismas mujeres ya mencionadas, pero con una Oportunidad.


Todas las columnas de la autora en este enlace: María Camila Chala Mena

María Camila Chala Mena

Poeta. Abogada con énfasis en Administración Pública y Educadora para la Convivencia Ciudadana, Especialista en Gerencia de Proyectos y Estudiante de Maestría en Ciudades Inteligentes y Sostenibles. Fundadora de Ágora: Laboratorio Político. "Lo personal es político".

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