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Metrocable de Picacho: una buena IDEA

 

Sandra dice que tiene 30 pero parece de 22. Tiene cabello negro, figura delgada y tez trigueña.

Vive en la zona noroccidental de Medellín, y como lo ha hecho casi a diario en las semanas, un soleado martes se subió en la estación 12 de octubre. Dijo que caminó unas tres cuadras para llegar y es una de las 400 mil personas que a diario se están beneficiando con el Metrocable de Picacho, que se inauguró a mediados de junio y prestará su servicio en esta zona de la ciudad y parte del municipio de Bello.

Desde que Sandra se subió a la cabina no dejó de mirar la ciudad que se trasparentaba a lo lejos. Estaba muy contenta y hablaba en términos de tiempo. Ella trabaja en el barrio San Javier y el viaje, a veces, como aquel martes, le podía demorar dos horas y media: tomar un bus al centro que la llevaba en una hora, surtir para su negocio de ropa femenina y luego abordar el metro hacia San Javier.

Mientras la gárgola iba descendiendo encima de tejados de barro y de concreto, hacía las cuentas y sonreía: se demora 11 minutos bajando hasta la estación Acevedo y 15 hasta la estación San Antonio. Desde ese día se ahorrará 40 minutos por trayecto, y ella repite ese mismo 12 veces por semana.

En la cabina, frente a ella, Guillermina, una mujer que vive en un barrio del frente: Andalucía La Francia. Doña Guillermina iba por los setenta, y ese martes no tuvo que cuidar a su bisnieta, se vino a conocer este cable. Y ella, que nació en Titiribí, y traba conversa fácil, habló con Sandra, oriunda de Ciudad Bolívar en el Suroeste antioqueño pueblo de cafetales y cañaverales.

Unir personas como ellas, unir una ciudad un poco agreste, que por tiempos ha estado rota, hacerle la vida más amable, es lo mismo que pensó el gobernador encargado Luis Fernando Suárez, el día de la inauguración: “Este sexto Metrocable, dijo, además de conectar la Línea A, que es la base del sistema, con unos 34 barrios del noroccidente, se constituye en el cable urbano con mayor capacidad por cabina en el mundo, ya que podrá transportar a unas cuatro mil personas cada hora en cada sentido”.

Además, recordó el apoyo financiero del IDEA al contratista Poma con un préstamo de 12 mil 900 millones para facilitar la terminación y acotó que este proyecto comenzó a ser realidad cuando fue incluido en el Fondo Medellín: Ciudad para la vida, que creó Aníbal Gaviria, siendo alcalde.

Unir personas que ni se han visto y ponerlas a dialogar. Unir gentes, poblaciones distantes y distintas, fue lo que pensó Julián Vásquez, la semana anterior cuando recorrió la obra. Fue lo mismo que pensó como gerente del IDEA, cuando los constructores del Metroclable se quedaron sin recursos y se acercaron a solicitar un préstamo para poder terminar esta obra.

“Nuestra preocupación es la calidad de vida. Porque en el IDEA nos interesa eliminar barreras entre comunidades. Y vea, con un solo tiquete unimos Picacho con Arví”. Vásquez, Economista, también hace cuentas como Sandra:

“Nos gusta cuidar la mayor riqueza de la gente (el tiempo) al reducir las horas y minutos de desplazamiento”. “Eso también ayuda con la sostenibilidad del planeta”, agrega.

Julián enumera otras ventajas, como favorecer el acceso a servicios de población con movilidad reducida, lo cual genera equidad, y cambiar el imaginario de que las comunas son inseguras.

Cuando Sandra y doña Guillermina, pasaron encima de la feria de ganados, coincidieron en que nunca imaginaron ese espacio tan grande; y en que en Medellín es bueno vivir porque los gobiernos siguen apostándole a obras que acercan la ciudad.

“Con este cable me ahorraré unos 90 mil pesos mensuales –agrega Sandra- y eso es mucho para gente como nosotros”.

Cuando estuvimos ya en Acevedo, las mujeres se despidieron. Sandra caminó tranquila, segura, como si llevara mucho tiempo recorriendo estás pasillos aún grises donde todavía se ven trabajos. Fue a montarse al vagón que la llevaría hasta la estación San Antonio, y dijo que lo que más le gustaba era que ahora podía abrir más temprano y cerrar más tarde porque gracias al metro puede llegar incluso las hasta las 11 de la noche. “Antes tenía que venir hasta una estación, máximo a las nueve, y coger el bus que me subiera hasta el 12 de octubre, ahora puedo terminar más tarde”. Sonrió y dijo que le anima porque eso es un tiempo que ahora podrá disfrutar con su familia, con su novio y en el gimnasio “donde va cada que puede”.

A Sandra le parece “muy buena IDEA que se invierta en estas obras”. No está muy enterada de temas políticos ni administrativos, y sin embargo, es una entre cientos de miles de personas que se beneficiarán directamente con esta obra que ayudó a construir el Instituto para el Desarrollo de Antioquia, mismo que contribuye a que muchos proyectos se hagan realidad en las regiones y en las laderas de Medellín, la capital de los sueños.

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