Menos abstencionismo en segunda vuelta

     

De un potencial de sufragantes de 32.975.158 que estaban habilitados para votar en la pasada primera vuelta el 25 de mayo, solo 13.216.402 en efecto lo hicieron. Eso representa el 40% del total de ciudadanos que estaban llamados a elegir el presidente de la nación para los próximos cuatro años.

Es completamente entendible que la gente se abstenga de votar. Es una decisión democráticamente válida. Pero cuando el porcentaje de los que no lo hicieron asciende a 60%, y en algunos lugares a datos bastante más sorprendentes, las circunstancias no obedecen a demostraciones democráticamente válidas (como Taganga o Barú, por ejemplo), sino a un síntoma de desafección electoral profundamente preocupante.

Curiosamente, el norte de Colombia -de Antioquia y de los Santanderes hacia arriba- no solo fue el centro del abstencionismo en Colombia, sino también la región en la que el candidato presidente Juan Manuel Santos obtuvo casi el 30% de su votación total. De seguro, no eran los resultados esperados por todos. En Córdoba solo el 36,13% de las personas salieron a votar; en Sucre el 38,76%; en Bolívar el 26,71%; en Cesar el 35,51%; en Magdalena el 31,56%; en Atlántico 24,28%; y en la Guajira solo el 23,56% de los habilitados ejercieron su voto. Tras estos resultados, esperé un repliegue de la campaña de Juan Manuel Santos hacia el norte de Colombia con su costa caribe. La primera parte de la campaña había aunado todos los esfuerzos posibles para lograr formar en esta zona un gran bastión electoral y, en efecto, Santos fue el ganador en todos y cada uno de estos departamentos, solo que no con el número de votos que esperaban (en total solo fueron 951833 voticos).

Sin embargo, esto no sucedió. La campaña de Juan Manuel se vio lo suficientemente tranquila tras perder en la primera vuelta, y concentró sus esfuerzos en lograr alianzas con líderes (una nueva manera de llamar a los barones electorales) en el centro del país, en un esfuerzo racionalizado por quitarle puntos porcentuales a Óscar Iván Zuluaga. ¿Por qué? Permítanme decirlo: porque esa zona de la que hablamos, ya está lista para la segunda vuelta. El nivel de participación electoral de la primera no fue tanto una sorpresa, como una racionalización de los costos que implicaba gastarse todo el dinero de campaña para una vuelta que a la postre no importaba mucho al candidato presidente. La campaña realizada y la mermelada repartida fueron suficientes para hacerlo ganar, pero lo que pasará en la segunda vuelta será todavía más fuerte como para lograr un record en la diferencia de participación electoral en primera y segunda vuelta.

En virtud de la naturaleza de un sistema de elección democrática de dos vueltas, es común que las personas participen más en la segunda vuelta que en la primera. Al menos eso lleva a pensar el sistema: las personas tienen más tiempo para pensar el voto, y una campaña extensa anima a un mayor número de ciudadanos. Pero en Colombia esto no sucede así, en la anterior campaña presidencial por ejemplo la participación en primera vuelta fue de 49.29%, mientras que en la segunda participó el 44.34% de los sufragantes habilitados. A lo mejor la explicación se encuentre en el personalismo de nuestro sistema democrático.

Sin embargo, ese no va a ser el caso de estas elecciones. Veremos una participación electoral bastante mayor en la segunda vuelta y aunque el mapa de departamentos ganados por candidato realmente no va a cambiar, el número de votos registrado en cado uno en efecto lo hará. De la zona de la que hablo en esta campaña, no espero una participación inferior al 40% del censo electoral en ninguno de los casos. La tranquilidad de Santos se explica en el funcionamiento de la maquinaria que, en la segunda vuelta, logrará movilizar a los no votantes, haciendo que los analistas nos dejemos de preocupar por el abstencionismo en nuestro país.

Nos enfrentaremos mañana a un país en donde el voto por Santos es impulsado en la Guajira por Kiko Gómez, en Bolívar y Magdalena por el paramilitarismo (profundamente criticado por los votantes santistas de otras partes de Colombia); y por Mockus y Claudia López en el centro del país. Hoy, como nunca, amparo mi columna en el erario de la opinión. Nos enfrentaremos el 15 de junio a un Santos ganador de la presidencia, con una diferencia que rondará los 700 mil votos respecto a Zuluaga.

@tobonvillada

[author] [author_image timthumb=’on’]https://fbcdn-sphotos-d-a.akamaihd.net/hphotos-ak-prn1/t1/1488896_10202086754224487_208028205_n.jpg[/author_image] [author_info]Andrés Felipe Tobón Villada Politólogo de la Universidad EAFIT y actual candidato a la Maestría en Estudios Humanísticos de la misma Universidad. Ha publicado en revistas académicas locales como Cuadernos de Ciencias Políticas del pregrado en Ciencias Políticas de la Universidad EAFIT, y en revistas indexadas internacionales como Razón Española. Asimismo, participó en la creación del cuarto tomo del Diccionario crítico de Juristas Españoles, Portugueses y Latinoamericanos (Hispánicos, Brasileños, Quebequenses y restantes francófonos) de la Universidad de Málaga. Actualmente se desempeña como docente y consultor analista en la Universidad EAFIT. Leer sus columnas.[/author_info] [/author]

 

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