Marchar no será suficiente

Me uno a la voz de los colombianos, marchar no será suficiente. Tras observar las imágenes de los indígenas Embera acometiendo de manera agresiva en contra de la fuerza pública, entendí que el gobierno de Gustavo Petro solo dialoga por las vías de hecho. Digna costumbre de quienes antes eran guerrilleros y hoy administran los destinos del Estado. Valga la pena aclarar al lector que las vías de hecho son coercitivas, pero no todas son beligerantes.

Las manifestaciones a dos pies son relevantes y sientan un precedente mediático para las circunstancias actuales de la nación. No obstante, terminan siendo más un himno a la bandera. Hay que trascender en el mensaje dedicado al Estado. De lo contrario nuestra voz seguirá siendo ahogada por los titulares y nuestra miseria capitalizada por trinos sin sentido que pretenden “revolucionar”.

He propuesto la desobediencia fiscal. No queremos esta reforma tributaria, de manera que parar el financiamiento del Estado de manera temporal por parte de los empresarios, gremios, y gran parte de los ciudadanos, sería un mensaje contundente para ‘el cambio’. No es una vía de hecho beligerante en la medida en la que seguiríamos declarando los impuestos en tiempo real con el compromiso de pagarlos en un futuro próximo. La medida pondría en serios aprietos al gobierno y emplearía de facto a los contadores del país. Para lograrlo solo necesitamos ponernos de acuerdo.

Bloquear el Congreso de Colombia es otra propuesta que me ha costado bastantes insultos y acusaciones. La iniciativa se daría de manera pacífica, en silencio y sin violencia. Somos diferentes a ellos. Impedir que los Congresistas, algunos no tan honorables, entren al recinto a votar cualquier reforma sin que sea previamente dialogada con la ciudadanía tumbaría por espacio y tiempo la intrepidez de acabar con el país en menos de cien días de gobierno. Se logra si convocamos a un suficiente número de personas que conozcan de inteligencia emocional y no se dejen provocar ante los ataques de los que seremos víctimas mientras le cerramos el paso a ‘el cambio’. Me ofrezco sin dudan a acaudillar esta manifestación pacífica de la mano de nuestra fuerza pública.

Hablemos del golpe de Estado. Una medida que todos conocen y muchos insinúan con temor. No debe esta ser una carta en la inmediatez y la desesperación, pero tampoco puede ser descartada. Los golpes de Estado son también una carta democrática en momentos de tiranía. Es cierto que el horizonte advierte de un gobierno totalitario, pero mientras eso no ocurra, la carta deberá permanecer ahí, sobre la mesa. Es nuestro deber moral y ciudadano aguardar pacientemente a la desenvoltura de los acontecimientos, y acaparar el suficiente descontento social para tratar todas las vías democráticas.

No me cabe duda de que estas líneas causarán división. Los héroes que apoyan y los impíos que intentarán hacerme ver bélico. Pero son necesarias, alguien, desde la ciudadanía, tenía que proponer algo distinto a lo que siempre hacemos. Las vías de hecho en legalidad. Solo así seremos escuchados, también maltratados, pero frenaremos el avance comunista que pretende empeorar nuestros 200 años de historia republicana, y extorsionarlos por otros 200 de historia dictatorial. Marchar no será suficiente.

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Sebastián Narváez Medina

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