Mantengamos las buenas costumbres

Este tipo de iniciativas, que parecen sencillas, pueden marcar para siempre y positivamente la vida de un niño o un joven”.


En gran medida, mi gusto por la lectura y la escritura empezó desde pequeño, gracias a mis padres. Mi mamá se sentaba conmigo en las noches para enseñarme a leer con la famosa cartilla de “Nacho”, luego, para mejorar mi ortografía eran sagrados los dictados donde aprendí a escribir, entre otras, palabras como bisiesto. Por su parte, mi papá, cada que podía, procuraba regalarme un libro.

Seguramente esos pequeños detalles tuvieron influencia en mí. Estando en la escuela empecé a escribir cuentos. Mi papá me motivaba a que escribiera más y me llegó a decir que si lograba escribir cien me ayudaría a empastarlos para que quedara como una especie de libro. Eso desencadenó que, en reuniones familiares, llevara escritos algo románticos y humorísticos con los que hacía mi aporte para amenizar los encuentros y hacerles homenaje a los miembros de la familia. Al final, decidí ejercer una carrera donde las letras siempre van a hacer protagonistas.

Un poco esta introducción para comentar lo importante que son los incentivos para fomentar buenos hábitos entre los niños y jóvenes. Recuerdo que cuando estaba en el colegio en Jericó, la Sociedad de Mejoras Públicas del municipio realizaba cada año, en el marco del Día del Idioma, un concurso de ortografía dirigido a todos los jóvenes estudiantes del municipio. Era una buena forma de promover la correcta escritura. Asimismo, en Jericó se han realizado tres Juegos Florales -los últimos en 1998- con la intención de promover el cuento y la poesía que ayudara a visibilizar a nuevos autores y talentos ocultos. Es por ese tipo de tradiciones que Jericó es conocido como La Atenas del Suroeste.

Ahora, con todas las facilidades tecnológicas que tenemos y que están al alcance de la mayoría, es un reto cautivar a los niños y jóvenes para que se animen a escribir y que de esta manera den a conocer su visión sobre el mundo, pero no es imposible. Este año, también enmarcado en el Día del Idioma, desde la Fundación ProJericó junto con la Alcaldía Municipal, convocamos al concurso Escribir es un cuento para ver qué niños y jóvenes se animaban a participar y contar sus historias.

El resultado fue sorprendente, llegaron cerca de 100 trabajos sobre distintos temas: conflicto armado, desplazamiento forzado, diversidad sexual, historias policíacas, fantasía y Covid-19. La mayoría de los trabajos estuvieron bien construidos. Pero lo mejor del ejercicio fue ver la expectativa que tienen los participantes por leer los trabajos de los demás compañeros.

Este tipo de iniciativas, que parecen sencillas, pueden marcar para siempre y positivamente la vida de un niño o un joven, como en su momento, lo hicieron mis padres conmigo. Es probable que dentro de los participantes de Escribir es un cuento, al ser reconocidos y valorados por sus historias, algunos de ellos quieran seguir una carrera donde permanentemente estén construyendo historias. Este tipo de concursos también les da la posibilidad a los jóvenes para que sueñen, plasmen sus ideas y aprovechen sanamente el tiempo libre con lo que se contribuye a fortalecer el tejido social.

Qué bueno que perduren estas costumbres en Jericó y que sean generalizadas en más territorios del país. Es una muy buena manera de reconocer talentos que tal vez no sabíamos que existían y fomentar nuevos literatos que sigan engrandeciendo a nuestro municipio y país.

About the author

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

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