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Mañana

Había sujetado mis ganas al filo de las lágrimas para convertir un verso en prosa. Instar a relatar la ansiedad como lucha entre el mañana y la zozobra. Unos ojos desdibujados cuya luz reflejada encandila un amor para la vida, el que me lanzaba a escribir un texto para alcanzar otro amanecer.

Agudeza y perspicacia en los detalles, las palabras son de oxígeno más que simple aire, y recuerdo la generosidad que me acaricia una lección: “siempre se escribe para sí”.

Pesan las primeras horas, las horas que aún me restan de ayer. Transitar ahora la afluencia de los días productivos, soy testigo del grito desgarrador de una musa que no entiende de normatividades y me subleva ante su ley encriptada en rimas, deseos desconcertantes que datan de ilusiones inocentes.

El enredo de la angustia, un nudo de expresiones que irrumpen el sentido, condicionantes ajenos que sentencian distancia, emociones que exhortan cabida contra el olvido de la vida misma frente al ruido cotidiano. Lo esencial que se basta del silencio.

Devora el tiempo sin escatimar la precisión de sus hazañas, el corazón que en su sabia intuición sufre la belleza. Coincidir un verbo que acierta al conjugarse. Qué bonito poder querer las lunas posibles reveladas en la perplejidad efímera, ahí, mientras nuestras pieles existían juntas.

Convivir la franqueza de una sonrisa tras explayar el dolor, cuerpos epifánicos que se liberan de verdades. Abstraerse del absurdo para ser real en un abrazo, volver a la rutina con la tranquilidad del tal vez, quizá, seguir respirando. Sobria alegría de habitar el mismo suelo.

Osar continuar, ser lo que falta. Esconder un vocablo de ternura para retratar la fragilidad sobre la que se constituye la fuerza, suspirar cálidas noches memorables hechas en un poema.

 

Encuentros anunciados como la muerte misma,

predestinación de saberse ser el final tras cada paso

En batalla contra la prisa,

dejé un beso que nos seguirá buscando.