LULA GANÓ CON UNA ESTRATEGIA MÁS ALLÁ DEL FRAUDE


Cada día son más las sombras que se tiñen sobre la victoria del candidato comunista de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y sobre el posible fraude electoral cometido el pasado domingo. Más allá de la extensión del horario de forma irregular ordenado por el juez quien fuera el abogado personal de Lula —y que luego de llegar a la presidencia lo nombrara juez de la Suprema Corte—, o de la votación altamente atípica posterior a las 5 de la tarde y la imposibilidad de los veedores de la oposición para acceder nuevamente a los centros de votación, lo realmente delicado y maquiavélico fueron las acciones que hizo el candidato desde el momento en que perdió en la primera vuelta.

En toda la historia de Brasil, ningún candidato que hubiera llegado segundo en la primera vuelta presidencial había logrado remontar la situación. Más aún cuando los candidatos que llegaron en la posición tres, cuatro, cinco y seis manifestaron su apoyo a la derecha o, en el caso de quien llegó tercero con una votación de un poco más de tres millones de votos, dio libertad a sus electores pero afirmó tajantemente que él jamás votaría por Lula.

Esos candidatos totalizaron 7 millones de votos y, sumando los más de 2 millones de ventaja que llevaba la oposición, todas las casas de apuestas y analistas internacionales le daban la victoria a la derecha, más aún cuando en la primera vuelta tomaron el control del Senado de forma aplastante.

¿Cómo fue posible que la votación de Lula subiera en más de 11 millones de votos mientras que la de su rival solo lo hiciera en 3 millones?
¿Cómo es que en un país que está partido por mitades, a la hora de la segunda vuelta hubiera 146 mesas con 0 votos por la oposición y más de 15 mil por Luiz Inácio?

Después de la derrota en la primera vuelta presidencial, la estrategia de Lula aplicó 4 medidas populistas y destructivas que lograron inclinar la balanza a su favor. Obviamente, en detrimento absoluto de las arcas del Estado brasileño y de los verdaderos generadores de riqueza:

1. Incremento en el monto del programa social Bolsa Família: El programa cuenta con más de 50 millones de beneficiarios. La estrategia fue aumentar agresivamente el monto del desembolso y, al mismo tiempo, cambiar de forma mañosa el calendario de pagos para que los receptores del subsidio lo pudieran disfrutar y gastar justo días antes de la segunda vuelta electoral. Compra de conciencias con dinero público.

2. Reducción demagógica de deudas de familias y pymes: Mediante promesas y negociaciones con la banca para condonar deudas, bajar las tasas de interés y aplazar los plazos a todas las obligaciones menores, se prometió un salvavidas irresponsable. El compromiso implica que el Estado brasilero asuma hasta el 90% de las obligaciones con una bolsa inicial de 28 mil millones de dólares, según lo anunció el propio ministro de Planificación. Como la reducción de la deuda es tan significativa, se le permitió a todos los trabajadores usar sus cesantías para aplicar a esos beneficios, lo que de facto dejará a los empleados sin el único sustento que tienen luego de ser retirados de una organización, traicionando el principio fundamental de las cesantías por un beneficio electoral inmediato.

3. Reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas a la semana: La propuesta de reducción de la jornada laboral con efecto inmediato promete que los trabajadores no verán sacrificados sus ingresos porque su salario se conservará, aunque se les haya disminuido en 4 horas su actividad semanal. Populismo puro: traspasarle el costo del rendimiento y la productividad a los empresarios.

4. Transporte público gratuito los fines de semana y días festivos: Prácticamente todos los sistemas de transporte público en el mundo deben ser subsidiados en parte por los Estados. Lo que se propuso fue aumentar aún más ese subsidio para que los fines de semana y días festivos el componente que pagan los usuarios sea asumido al 100% por el golpeado erario del gigante suramericano.

Como se puede observar, la estrategia fue la masificación descarada de los planes sociales dirigidos principalmente a su base electoral: las personas de bajos recursos. Tristemente, el ciudadano de a pie no comprende lo desastroso que son esas medidas en el mediano y el largo plazo, porque esos subsidios que se disfrutan con alegría el día de hoy, deberán ser pagados con sangre el día de mañana mediante más impuestos o una inflación desbocada.

La lección es clara: el continente no se movió por ideología hacia la derecha en las elecciones recientes; las personas simplemente votaron en contra de unos gobernantes de izquierda que estaban conduciendo muy mal a sus países y decidieron votar por quien supuestamente era la antípoda del mandatario. Pero, en su gran mayoría, los votantes siguen anhelando que el Estado les dé beneficios, les regale dinero o les subsidie el 100% de los servicios. Lamentablemente para el continente, siempre habrá candidatos sin escrúpulos dispuestos a colocar en riesgo el futuro económico de toda una nación con el único fin de encaramarse en el poder durante el siguiente período.

Más allá del presunto fraude realizado en Brasil utilizando el mismo modelo venezolano que el propio Lula apoyó al pedirle cínicamente las actas a Nicolás Maduro cuando se robó las elecciones contra Edmundo González, Lula prometió endeudar al país hasta la quiebra y la masa lo aplaudió como focas. Querer vivir en un país subdesarrollado no es gratis y, hasta que los ciudadanos no comprendan la inmensa responsabilidad que implica el acto de elegir a un gobernante, seguirá pululando la expresión del cantautor Facundo Cabral: “Los pendejos son tantos que hasta pueden nombrar presidente.”

Refresquemos la política desde Antioquia para Colombia.

Carlos Echavarría

Ingeniero Civil con especialización en Gestión para el Desarrollo empresarial. Análisis político desde otros puntos de vista que te invitará a pensar diferente.

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