Los liderazgos juveniles y la nueva generación de dirigentes deben estar a la altura

Soy un convencido de que esta generación de jóvenes no puede permitir que se vuelva paisaje lo que a diario pasa en Colombia, y es que no podemos seguir siendo simples espectadores de la corrupción que a diario ocurre en el sector público y en el sector privado, sino que estamos llamados a ser esa generación que ejerza acciones en contra de ella


Durante las campañas políticas y las jornadas electorales que se realizaron este año en nuestro país, la gran mayoría de los ciudadanos manifestamos dos percepciones particulares. La primera, es que para muchos de nosotros, estas jornadas electorales, fueron sumamente desgastantes y esperábamos  ansiosamente  que  llegara la fecha de las elecciones  para así dejar de  percibir tanta  polarización, tanto ataque y discusión en nuestras redes sociales, en los  lugares de trabajo y en el ámbito familiar. No solo se repudiaban  esos ambientes hostiles en los diferentes entornos, sino que también nos generaba repulsa la manera como se estaban desarrollando las campañas políticas y empezamos a fatigarnos al ver todos los días como los  Dirigentes Políticos de nuestro país actuaban sin escrúpulos, engañaban sin pudor y realizaban todo tipo de actos con el ánimo de aniquilar al contrincante. Creo que en las pasadas elecciones fuimos testigos de la decadencia  de la clase política y evidenciamos la inadecuada  forma de hacer las  campañas electorales en Colombia.

La segunda  percepción para muchos de nosotros, quizá más ligada al optimismo, a esa capacidad que tenemos de superar circunstancias adversas, era que independiente de las ideologías políticas o de quién fuera elegido como Presidente, se hacía imperativo  trabajar unidos para  sacar adelante el país y reflexionando un poco acerca de esta voluntad, concluyo  que es requisito fundamental de todos los colombianos, pero en especial de  los jóvenes, de la nueva generación de líderes y de la clase dirigente de nuestro país, ser conscientes que en lo público y en lo privado no podemos tolerar ni incurrir en actos donde se “corran líneas éticas”.

Soy un convencido que esta generación de jóvenes no puede permitir que se vuelva paisaje lo que a diario pasa en Colombia, y es que no podemos seguir siendo simples espectadores de la corrupción que  ocurre en el sector público y en el sector privado, sino que estamos llamados a ser esa generación que ejerza acciones concretas en contra de ella.

No sé si exista una fórmula exacta para combatir la corrupción y la falta de principios a la hora de hacer campañas políticas o ejercer un cargo público, pero creo que hay una herramienta fundamental para empezar a cambiar ese status quo, ese constante descontento que tenemos con las actuaciones indelicadas de la clase dirigente de nuestro país y es la de no tolerar estas prácticas en ninguna de sus formas, vinculándonos activamente, mediante la participación ciudadana, en la detección y denuncia de las mismas,  así como participando y fomentando los procesos formativos a este respecto.

En una crónica escrita por Juan Gossaín denominada: “El increíble primer escándalo de corrupción en la historia de Colombia” se indica que el primer acto corrupto que logró estremecer al país ocurrió en 1602. Es decir, desde hace más de 400 años en nuestro territorio, la clase dirigente hace lo que quiera y no pasa nada, para contar solo una parte de la historia, Francisco de Sande, la persona que ocupaba el cargo de Presidente de la Real Audiencia, lo que al día de hoy se equipara al Presidente de la República, debía consignar cinco mil pesos oro en la Tesorería del Virreinato y nunca lo hizo, incluso cuando lo investigaron y le solicitaron que se apartara del cargo mientras se surtían las investigaciones, tuvo el descaro de indicarle a sus amigos que pronto volvería al cargo, porque el dinero que se había robado, los había usado para pagarle un soborno a quien lo estaba investigando con el ánimo de que fallara a su favor. Total, el investigador tuvo que defender su honra, murió enfermo y el crimen de Sande no pasó a mayores, pues murió sin ser condenado y sin devolver una sola moneda.

La anterior historia, me llamó totalmente la atención, es decir, a pesar de los avances tecnológicos, de los Organismos de control, de las miles de leyes que existen en nuestro país, los crímenes y actos de corrupción se siguen realizando sin que haya castigo como hace más de 420 años.

Los investigadores de Transparencia por Colombia lograron determinar que de todos los Alcaldes, Gobernadores, Concejales y Diputados que se eligieron para el periodo comprendido entre el 2016 y 2019, más de la mitad estuvieron involucrados en delitos de corrupción especialmente en actos que involucran los presupuestos de salud, educación y transporte.

Adicional a lo anterior, según lo indicó un Fiscal General de la Nación antes de presentar su renuncia, la impunidad en Colombia estaba en el 90%, es decir, de 100 delitos entre los cuales se encuentran actos de corrupción, 90 quedan impunes, y según cifras de la Contraloría General la corrupción nos está costando a los colombianos  ciento cuarenta mil millones de pesos diarios, es decir más de Cincuenta Billones de pesos al año. Casualmente la cifra que pretende recaudar el gobierno entrante a través de una nueva reforma tributaria que pagaremos usted y yo.

Es por ello que hago esta reflexión, esta generación no puede seguir siendo espectadora del desvío de recursos, del mal manejo del presupuesto público, de las conductas inertes de los Órganos de control  y del paquidérmico sistema judicial. Esta generación repleta de jóvenes emprendedores, de jóvenes empresarios, de jóvenes académicos y líderes sociales y estudiantiles, no puede permitir que se le siga gravando tributariamente mientras se apropian indebidamente de nuestros impuestos.

Coherente con lo anterior, independientemente de nuestra vocación profesional, de nuestro nivel educativo, de si nos gusta lo público o emprendimos y trabajamos en el sector privado, no podemos  quedarnos en peleas ideológicas que solo nos distraen, no podemos seguir permitiendo que sin rubor, los dirigentes políticos de nuestro país corran líneas éticas, sigan repartiéndose el presupuesto público sin escrúpulos y con esto aumentando la gran brecha social del país, robándole las oportunidades a millones de colombianos de acceder a un pertinente sistema educativo, a una correcta prestación de servicios públicos y a la garantía plena de los derechos fundamentales que todos tenemos.

Por último, permítanme recomendarles un ejercicio, esto en aras de ser más conscientes de lo que pasa en nuestro país, por favor hágale un seguimiento al candidato por el cual usted votó, verifique que en caso de que haya ganado una curul en el Congreso, al menos asista y participe activamente, que radique proyectos de ley coherentes con su discurso, haga debates de control político y destape ollas de corrupción. Llámelo, escríbale y exíjale, ellos son servidores públicos, le sirven a usted, no usted a ellos, cambiemos ese chip, porque la indiferencia  que se ha tenido durante más de 400 años, ha  alimentado y acrecentado este problema.

About the author

David Rodríguez Acevedo

Abogado asesor y litigante; Especialista en Derecho de la Seguridad Social de la Universidad de Medellín; Estudiante de Especialización en Derecho Administrativo Institución Universitaria de Envigado; Ganador Beca Escuela de líderes de la Universidad de Medellín.

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