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Los fallos con la Monografía de Jericó

“Fuera de las críticas, lo que más me ha gustado de la Monografía, es la evocación permanente del progreso que ha tenido Jericó. Nos recuerda que siempre habrá quién le tema al cambio, a las nuevas visiones y propuestas”.


La semana pasada se lanzó la Monografía de Jericó, una recopilación de los hechos históricos más destacados y/o registrados que ha tenido este municipio desde su fundación en 1850 y que reposan en su mayoría en el Centro de Historia de este municipio. Un trabajo que empezó el jericoano Nelson Augusto Restrepo Restrepo en el 2008, un apasionado por la historia, pero, sobre todo, un enamorado de la tierra que lo vio nacer “Jericó es mi cuna, es la herencia preciada de mis ancestros, es el aire que quiero respirar, es el campo que sueño contemplar y el único suelo que quiero para vivir… Para eternamente permanecer” reza el autor.

Dentro de la introducción al texto, Nelson comenta que “ofrezco disculpas por los errores que seguro habrá y por la información y nombres omitidos”. Recopilar tanta información no debió haber sido tarea fácil; sin embargo, en lo poco que he leído, sí me queda la sensación de que hay detalles que se omitieron intencionalmente. Hay otros errores que probablemente fueron por transcripción, lo que es comprensible.

Muchas veces la historia depende de quién la escriba; por eso los textos no son infalibles. Deben estar sujetos a discusión. En épocas de guerra, sin por supuesto querer decir con esto que este sea el caso de Jericó, surgió la frase “la historia la escriben los vencedores” y luego a un profesor le escuché complementar diciendo que “las novelas las escriben los derrotados”.

Una persona que admiro mucho, hace poco me comentó que, en el imaginario colectivo, reposa la idea de que si algo está escrito es verdad absoluta y eso no es cierto. Planteaba que lo ideal sería que una persona que leyera cualquier tipo de texto, lo hiciera con agudeza, casi como teniendo una conversación con el autor, preguntando, cuestionando, no tragando entero para así construir conocimiento y criterio.

Independiente de las visiones de desarrollo, creo que hay hechos que no se pueden desconocer en la historia reciente de Jericó; en el capítulo de “Economía”  publicado en la Monografía, no se relata que en el municipio se trató de cultivar gulupa mucho antes que el aguacate, incluso por empresas que surgieron en Jericó y no sólo por grandes agroindustriales como Cartama que apoyaron la impresión de este libro; tampoco se registra la presencia del proyecto minero Quebradona que desde hace más de dieciséis años está en el territorio, incluso antes que el aguacate y la masificación del turismo. Más allá de las controversias que este proyecto pueda generar, no se puede negar que en los últimos lustros ha sido uno de los principales generadores de empleo formal del municipio e impulsor de la economía local.

Creo que tampoco es coincidencia, que, en el capítulo del periodismo en Jericó, se hayan omitido los periódicos recientes El Jericoano que alcanzó a tener 13 ediciones, así como el Aldea de Piedras que lleva 32, e incluso el Atenea que recién comienza, aunque este se empezó a publicar en agosto de este año.

Hay otros errores de transcripción, se dice que en el 2011 la Escuela Normal Superior de Jericó tenía 11.138 estudiantes y 930 en la Institución Educativa San José. Lo que es un imposible pues casi que esas cifras son la población total del municipio.

De todos modos, es un gran esfuerzo y trabajo el de Nelson Restrepo, que humildemente reconoce, que este “es apenas el punto de partida para un acervo siempre abierto a una permanente actualización y a futuras nuevas ediciones que ilustren a los jericoanos y antioqueños por venir”. Se atrevió a hacer lo que nadie había hecho hasta ahora y a ponerse en la palestra pública con su obra.

 Fuera de las críticas, lo que más me ha gustado de la Monografía, es la evocación permanente del progreso que ha tenido Jericó. Hay veces siento que se quedó en el pasado. Este texto, nos insta a buscarlo permanentemente, eso sí, con responsabilidad y espíritu colectivo. También nos recuerda que siempre habrá quién le tema al cambio, a las nuevas visiones y propuestas. Los visionarios y progresistas de antaño, como el Padre Ramón N Cadavid, a quién le debemos tener la primera planta eléctrica de Antioquia después de Medellín, no escapó a las críticas de quienes creían llevaba causas imposibles. Luego el tiempo y la historia lo pusieron en su lugar, como el “Fundador del progreso de Jericó”. Sigamos su legado. 

*Empleado de Minera de Cobre Quebradona.


Esto fue escrito por

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

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