Los conceptos

En medio de los convulsos días que vive el gobierno nacional, a raíz del robo del dinero en el domicilio de la ahora ex jefa del despacho presidencial, Laura Sarabia, por cuenta supuestamente de la niñera de su hijo y de la tormenta política que con ello se ha desatado, opositores, contradictores y enemigos han encontrado  la coyuntura perfecta para refinar sus ataques y desempolvar sus armas retóricas para atizar el fuego mediático incandescente que se mueve por redes sociales y demás medios de comunicación.

Resalta en todo este espiral noticioso, como los bandos de la ultraderecha pasan camaleónicamente a ser los nuevos libertarios defensores de la democracia, envolviendo conceptos, modificándolos en una suerte de embutido semántico para acomodar palabras y significados que ahora les resultan útiles en su  estrategia de confusión y promoción del caos. La mayor exponente  de este tipo de tergiversación por estos días, la encontramos en María Fernanda Cabal.

A la ligera y sin cuidado de las referencias teóricas e históricas, la senadora Cabal, expone en sus discursos magistrales de campaña opositora al gobierno, una serie de comparaciones y afirmaciones entre el nacional socialismo, el socialismo y el fascismo como un todo orgánico ideológico que homologa a la derecha e izquierda en su estructura política, sin distinción. Su conclusión es simple: todo autoritarismo independientemente de los modos y formas, termina en lo mismo sea de izquierda o de derecha.

El siglo XX de postguerra dedicó ríos de tinta a explicar el fenómeno del fascismo. Toda la intelectualidad surgida en esa época no evadió la responsabilidad para intentar aclarar el mapa ideológico y político que dio origen, desarrollo y posibilidades al ascenso de Mussolini, Hitler, Franco, entre otros. Basta recordar a Hannah Arendt, Max Horkheimer, Theodoro Adorno, Reinhart Koselleck, Eric Hosbawm, solo para resaltar nombres de la larga lista de filósofos, literatos, sociólogos, psicólogos, cineastas, dramaturgos y toda la intelectualidad mundial, que al parecer la senadora Cabal desconoce en sus desarrollos conceptuales sobre el fascismo y sus derivas.

Fascismo, fascistas y anacronismos

El fascismo es un tipo de Estado surgido de la reacción de sectores corporativos, gremios económicos, militares y políticos que asaltan el poder estatal, bajo una idea de reorganización de la sociedad que se basa en los principios del orden, la patria y la tradición. Como movimiento político, su tarea es la búsqueda de una estructura masiva, fundida en la identidad de un líder carismático, el nacionalismo y la defensa del orden social que se integra en un cuerpo único total: El Estado.

“Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado”, es la premisa fascista para diluir la autonomía de la sociedad, sus organizaciones y partidos. El corporativismo es el modo en que el fascismo absorbe las organizaciones de la sociedad civil y las subordina a los controles que el Estado diseña entre la vigilancia, la violencia “legitima” del poder judicial, militar, policial y sus estructuras aliadas para mantener el orden social. Todo Estado fascista comprende un régimen totalitario: supresión de libertades, preminencia de la fuerza represiva estatal sobre los ciudadanos, bajo un disciplinamiento social excesivo que se sustenta en la tradición como ejercicio refinamiento de las conductas. El disenso, la diferencia, la controversia, la homosexualidad, el feminismo, la oposición, son enemigos del totalitarismo.

Últimamente, el concepto del fascismo ha sido vulgarizado, manejado y utilizado maniqueamente para todo tipo de descrédito. Esto en parte se debe a la ligereza de la comunicación política actual y las redes sociales que permiten difundir sin mucha reflexión, conceptos que se banalizan por la simplicidad de la velocidad y el  afán de publicación. Ahora se considera fascismo cualquier acto de fuerza político, jurídico, discursivo o simbólico que exprese intolerancia y rechazo a  aquello que se considera fuera de lo políticamente correcto. No obstante, hay también intolerancia religiosa, conservadora, liberal, socialdemócrata, socialista, que no necesariamente es apelable al concepto fascista.

Hace varios años Umberto Eco, señaló 14 características de todo fascismo, entre las que se destacan: el culto de la acción por acción, el desacuerdo es traición, miedo a la diferencia, apelación a la frustración social, la obsesión con una conspiración, el pacifismo es el comercio con el enemigo, desprecio por los débiles, entre otras. Si bien no podemos afirmar que en el mundo existan Estados declarados como fascistas, ello no niega que exista el fascismo como movimiento político resurgido y en ascenso a escala planetaria.

Anacrónicamente, se compara al escenario de ascenso fascista de la Italia de 1922 o la Alemania nazi de 1933 con la actual coyuntura política colombiana. Aunque la historia tiende a repetirse por comedia o tragedia, nuestro escenario nada tiene que ver con semejantes circunstancias políticas. Que existan fascistas en Colombia no es descartable, pero aquí existe antes del fascismo una herencia colonial enquistada en la tradición y la cultura política, que se ha refinado con los modos de la comunicación contemporánea, los cuales coligen un tipo de conservadurismo racista, clasista y elitista que subyace en toda nuestra estructura social. Comparar a una persona negra con un simio, llamar sirvienta a una niñera o “feminazis” a las reivindicaciones del feminismo radical, dan cuenta de semejante tara y atraso cultural.

Puede que la senadora Cabal no sepa mucho del fascismo, en especial de su doctrina, como también de la teoría critica que surgió para contrarrestarla. Pero lo que si podemos asegurar, es que su narrativa anacrónica, tergiversada y maniquea no es un simple error retórico, es un giro intencional ideologizado que intenta despercudir el pasado autoritario, criminal y totalitario que su movimiento político de ultraderecha, manchó con sangre y fuego en el territorio nacional contra inocentes.

Ella intenta fundar una tercera vía, como lo hicieron curiosamente los fascistas italianos, los nazis, los falangistas, arguyendo motivos parecidos a los de hace cien años: el temor al pulpo del comunismo, al Estado liberal y a la democracia. Cobra vitalidad aquella frase premonitoria que algunos adjudican a Churchill: «los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas».


Todas las columnas del autor en este enlace: https://alponiente.com/author/santiago-preciado-gallego/

Santiago Preciado Gallego

Historiador, Magister en Estudios Políticos. Integrante de @LDSoficial. Comprometido con un #FuturoImparable.

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