Logoi – Escrache

Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra.
Mauricio Montoya y Fernando Montoya

Desde 2013 la FundéuRAE (Fundación del Español Urgente), una fundación patrocinada por la Agencia Efe y la Real Academia Española y cuyo objetivo es impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación, realiza, cada año, la selección de 12 palabras consideradas relevantes en el ámbito social y comunicativo, eligiendo finalmente una como la palabra del año. En el 2023, por ejemplo, el vocablo galardonado fue polarización. En nuestra opinión, una elección que deja ver la falta de ingenio de los jurados.

No obstante, antes de entrar en materia, vale decir que esta idea de la palabra del año no es original de esta fundación, pues fue la Academia de la Lengua Alemana la que instauró esta tradición desde principios de los años setenta, denominándola “Wort des Jahres” (palabra del año). Entre algunas de las palabras elegidas hasta hoy están las siguientes: Rebelde (1971), holocausto (1979), coche ambiental (1984), multimedia (1995), posverdad (2016), modo crisis (2023), entre otras.

Pero es de la palabra escrache, elegida como la ganadora del primer año del concurso (2013) realizado por la FundéuRAE, de la que nos ocuparemos en esta columna.

Escrache, según la versión más aceptada, proviene del verbo inglés scratch, que significa rasguño o herida. Además, un portal chileno dedicado a las etimologías aduce que escrachar se relaciona también con dos términos del inglés arcaico que son scratten (rayar) y crachen (romper). Bajo este panorama lingüístico, parece lógico entonces que en países de habla hispana el concepto de escrache se utilice como una estrategia de manifestación y denuncia.

Tal vez pueda decirse que el escrache fue utilizado desde la antigüedad para denunciar de manera indirecta a los enemigos. Basta con leer algunos capítulos del libro del Apocalipsis para darse cuenta que su autor “escracha”, ante sus correligionarios, a una figura que denomina la bestia y a la que asocia con el número 666. Sobre este referente, muchos estudiosos han concluido que el escritor sagrado se refería específicamente al emperador Nerón, gran perseguidor de los cristianos, pues al ser sumadas entre si cada una de las letras de su nombre en hebreo (NRON QSR) el resultado era 666.

Otro tipo de escrache, más contemporáneo, podría ser la caricatura política, dibujada y replicada desde el siglo XVII en libelos, panfletos y periódicos. En esta modalidad, el caricaturista utiliza su creatividad para denunciar o ironizar sobre situaciones o personajes del escenario político que estuvieran en la palestra publica por algún escándalo o secreto revelado. En Colombia, por ejemplo, muchos han sido los caricaturistas que han usado su arte como escrache. Uno de ellos es “Chócolo” quien, en 2009, a partir de una caricatura titulada “falso positivo”, en la que usó la ironía y el doble sentido, denunció las ejecuciones extrajudiciales que, según la JEP (Justicia Especial para la Paz), llegaron a superar las 6.400 víctimas en la primera década del siglo XXI.

Por último, no menos importante, la Academia de letras Argentina ha definido el escrache como una denuncia popular en contra de personas acusadas de violar o haber violado los derechos humanos o de estar involucradas en actos de corrupción. El escrache se realiza mediante canticos, graffitis o pancartas frente al domicilio o lugar de trabajo del señalado. Uno de los escraches más famosos en ese país se llevó a cabo en el año 2006 cuando se cumplieron 30 años del golpe militar. El escrache se hizo frente a la residencia del General Jorge Rafael Videla, uno de los responsables del golpe militar de 1976, y fue organizado por la agrupación HIJOS, la cual aglutina a familiares de los desaparecidos durante la última dictadura militar en ese país (1976 – 1983).

En conclusión, las palabras son lo que son, pero no solamente por lo que dicen o por cómo se dicen, sino, esencialmente, por lo que generan en una sociedad que, al fin y al cabo, es la que las interpreta.

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Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra. Por: Mauricio Montoya y Fernando Montoya

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