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Durante muchos años, hablar de igualdad para las Mujeres significó hablar de abrir puertas que antes parecían cerradas. Poder estudiar, participar en política, dirigir una empresa, ocupar un cargo público o simplemente tener un lugar en espacios donde se toman decisiones fueron conquistas que necesitaron años de lucha y esfuerzo.
Hoy la realidad es distinta porque hemos avanzado y eso hay que reconocerlo. Se puede decir que cada vez vemos una mayor presencia femenina liderando instituciones, ocupando cargos públicos, participando en política y asumiendo responsabilidades.
En Colombia también se han dado pasos importantes. La Ley 2424 de 2024 elevó al 50 % la participación mínima de las Mujeres en determinados cargos de máximo nivel decisorio y otros niveles decisorios del poder público. Es un avance importante, especialmente si tenemos en cuenta que durante años la participación femenina estuvo subrepresentada en muchos de estos espacios.
Pero, de igual forma, considero que la conversación no puede quedarse solamente en cuántas logran llegar, sino que también tenemos que preguntarnos: ¿qué pasa después de llegar?
Porque ocupar una silla no necesariamente nos dice qué ocurre una vez se está allí. Podemos celebrar que cada vez haya más Mujeres en escenarios de liderazgo, pero también vale la pena preguntarnos en qué condiciones ejercen ese liderazgo, qué posibilidades tienen de permanecer y qué tanto pueden participar en las decisiones.
No se trata de decir que quienes llegan a posiciones de poder no tienen capacidad para decidir. Sería injusto desconocer el liderazgo femenino que hoy está presente en instituciones, empresas, organizaciones, universidades y diferentes espacios de nuestra sociedad. Se trata de entender que, si la realidad ha cambiado, nuestra conversación sobre Igualdad también debería hacerlo.
Durante mucho tiempo el reto fue llegar. Hoy, además de seguir abriendo puertas, tenemos que hablar de lo que ocurre después de atravesarlas.
Y las cifras muestran que todavía existen diferencias importantes dependiendo del escenario que miremos. Mientras Colombia avanza hacia una participación mínima del 50% de Mujeres en determinados niveles decisorios del Estado, en el Congreso elegido para el periodo 2026–2030 la representación femenina alcanza alrededor del 29% de las curules.
Son espacios diferentes y no tendría sentido comparar ambas cifras como si representaran exactamente lo mismo. Sin embargo, sí permiten ver algo y es que los avances no se están dando de la misma manera ni al mismo ritmo en todos los escenarios.
Pero incluso si algún día logramos una representación del 50% en todos ellos, todavía quedaría algo por discutir, porque la igualdad no puede convertirse únicamente en cumplir una cifra. Una Mujer no debería llegar a un cargo simplemente para completar una estadística, debería llegar por su preparación, sus capacidades y porque puede asumir la responsabilidad que ese espacio exige.
Y hablar de igualdad tampoco significa pedir que se nos exija menos, al contrario, quien ocupa una posición de liderazgo debe estar preparado, responder por sus decisiones y demostrar resultados, independientemente de su género. Lo que no debería ocurrir es que sobre nosotras recaiga una exigencia adicional, es decir, que además de demostrar que estamos preparadas para liderar, todavía tengamos que demostrar nuestra capacidad por el hecho de ser Mujeres.
Por eso considero que debemos empezar a mirar más allá de las cifras porque claro que importa saber cuántas llegan. La representación importa y todavía tenemos mucho camino por recorrer, pero también deberíamos preguntarnos cuántas logran permanecer, ejercer su liderazgo, construir acuerdos y participar realmente en las decisiones.
Llegar sigue siendo una conquista, ya que es verdad que cada puerta que se abre puede facilitar el camino para otras Mujeres y para las nuevas generaciones, pero la igualdad no puede terminar justamente en el momento en que logramos entrar.
Tal vez uno de los mayores avances llegue cuando ver a una Mujer ocupando un espacio de poder deje de parecernos extraordinario y cuando su capacidad sea evaluada por su preparación, su trabajo y sus resultados. Porque el objetivo no debería ser solamente lograr una mayor representación, sino que quienes lleguen puedan ejercer esos espacios en condiciones de igualdad, sin que su género se convierta en una ventaja o una desventaja al momento de demostrar de qué son capaces.
Durante años trabajamos para que más Mujeres pudieran llegar a la mesa. Ahora también tenemos que preguntarnos qué ocurre cuando llegan a ella, porque llegar es una conquista, pero poder decidir en igualdad de condiciones es lo que realmente le da sentido.
“La Igualdad no puede terminar justamente en el momento en que logramos entrar.”














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