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Las emociones alrededor de las pesquisas de falsos positivos militares

Tomada de: La Silla Vacía

¿Quién puede esgrimir orgullo cuando su actuar público y privado lo condena a la vergüenza?

A propósito del estudio de los falsos positivos.

Aunque en algunas sociedades sigue siendo tabú el estudio de la cuestión militar puesto que es considerado un tema vedado, o sagrado, abordarlo, más allá de los riesgos es encontrarse con una cosmovisión diferente a la del conglomerado. Aunque los integrantes de las fuerzas militares hacen parte de la sociedad, ellos, a diferencias de otros grupos sociales, se caracterizan por tener una subcultura diferente. Su cosmovisión del mundo gira alrededor de formas de pensar, sentir, actuar y desear especial. Al penetrar en su mundo cualquier estudioso encontrará creencias, valores, ritos, relaciones interpersonales basada en la jerarquía y la orden, conciencia de clase, sueños de grupos, obediencia, lealtades, rencores, tristeza, alegría, frustración, desviaciones, vergüenza, orgullo, honor, espíritu de cuerpo; sentimientos y emociones que los diferencia de los demás. No se puede estudiar la cuestión militar sin una consideración de la sociología de las emociones. El tema de las emociones no puede estar ausente del trabajo científico social.

Durante 32 años se estuvo al interior de las fuerzas armadas sin jamás soltar la grabadora, el cuaderno de notas o el lápiz. Al momento de que faltara uno de ellos, la memoria se convertía en la grabadora humana que esperaba impaciente el momento apropiado para registrar lo observado, lo vivido. Durante los primeros cinco años no se era consciente de la razón de las anotaciones, solamente cuando se emprendió el estudio de las ciencias sociales se fue reflexivo de la necesidad de escribir todo lo que se vivía, todo lo que se observaba. El pregrado de sociología enseñó el para qué el cuaderno de notas, además de la paciencia. En más de una oportunidad se tuvo la intención de abandonar el uniforme pero un viejo maestro se atrevió a decir que cuánto no daría él por encontrarse en el mayor laboratorio sociológico del país. El weberiano, como se le decía cariñosamente porque era estudioso ferviente de Weber, no solamente es el responsable de que se empiece a reescribir algunas anotaciones de campo.

Al momento de que un amigo me propusiera la idea de escribir algo para Al Poniente – Debates, Política y Cultura, se vino la idea, no de retomar nuevamente la pluma como se hizo durante los primeros años, sino de aprovechar el exilio para teclear el computador para tener un descanso en los estudios rigurosos, apegados a ciertos criterios de los que la academia no se ha podido separar del positivismo. Algunos investigadores, a fin de que no los expulsen del mundo de los científicos sociales, todavía se aferran fervientemente a postulados del paradigma de la investigación  cuantitativa. Para tranquilizarlos, se puede adelantar que metodológicamente, lo que se llegue a escribir se puede encasillar como apuntes de un estudio etnográfico. Lo que se escriba, irá permitiendo reflexionar no solamente acerca del por qué cientos de militares se prestaron para asesinar, a sangre fría, en campos de batalla ficticios, alrededor de 10.000 colombianos, y alguno que otro extranjero, sino entender por qué la cuestión militar, en el país donde se evidenció el falso positivo, todavía es algo sacro y vedado.

1.1.        Preseas, honor, orgullo y vergüenza.

Protocolariamente tres eventos exaltan el estado de ánimo de quien porta el uniforme de las fuerzas armadas por profesión. El sentimiento que provoca la corneta cuando se despide un compañero y el toque de la banda de guerra, tanto en el momento de ser condecorado como el día del ascenso. El primero hace estremecer hasta al más fuerte de los hombres. Genera un profundo escalofrío por todo el cuerpo. Al toque de corneta, durante alrededor de sesenta segundos, algunas personas no aguantan las ganas de llorar. Los compañeros presentes, a pesar de la rigidez de sus cuerpos y de alzar la mano derecha hasta la altura del quepis en señal de respeto sienten rabia, en especial cuando a quien despiden ha perdido la vida en cumplimiento del deber. En voz baja se habla de venganza, la muerte del compañero no puede quedar en la impunidad. A veces ese sentimiento es el preámbulo de motivación para dar cacería a quien provocó la desgracia. Se fue testigo de ello. En los años ochenta, en la fría ciudad de Bogotá, cuando era asesinado un policía, esa noche los ladrones no tenían la oportunidad de salir a realizar sus fechorías, toda la policía, de todas las estaciones, salía a presionar buscando pistas de quien había osado asesinar al compañero.

El segundo y el tercer evento que despierta las emociones de militares y policías, por lo general, se lleva a cabo en un campo ceremonial, abiertamente, en donde los familiares del ascendido o condecorado, son invitados de primera línea, pero también sus comandantes, compañeros y subalternos. El día del ascenso lo guardan en su memoria para toda la vida. El protocolo permite usar el uniforme de gala el día del ascenso y el día de las condecoraciones, de igual manera que a reuniones especiales. Quienes asisten, sus acompañantes lucen trajes especiales, no es casual que las mujeres lleguen en vestido y los hombres en traje de corbata. Esposas y compañeros se visten de gala. Ese día es tan especial que algunas mujeres y hombres  pasan por la peluquería. A medida que se lee el decreto o la resolución por la que se otorga la presea, el condecorado, internamente sonríe, siente satisfacción por el deber cumplido. Su memoria revive los eventos por los que se le otorga el galardón, de ahí la emoción de deleite, de alegría. La máxima condecoración para un militar es la Orden de Boyacá la que también es otorgada a dignatarios nacionales y extranjeros.

En el campo militar y policial, de acuerdo a sus reglamentos, existe un sin número de preseas. En el ejército nacional se otorga la Medalla Orden público hasta por décima vez, la medalla Orden José María Córdova Gran Cruz y la medalla militar Honor al deber cumplido, entre otras. En las otras fuerzas, armada, fuerza aérea y policía, existen preseas similares. Existe una correlación entre preseas, trabajo, entrega, compromiso, lealtad, integridad, valor y honor. Entre más preseas adornando el uniforme mayor orgullo militar, sin embargo la historia de cada una de ellas genera, tanto para el que las porta como para el que las contempla, que unas brillen más que otras. El brillo de las joyas no obedece al material con que se fabrican, sino al significado social e institucional que se le asigne. Los enlaces de los militares y de los policías, en otras instituciones del Estado y en gobernaciones y alcaldías, tienen entre sus funciones la de patinar unos días antes de que las instituciones cumplan su aniversario. Se patina, de oficina en oficina, a fin de lograr que las instituciones en las que han sido nombrados otorguen preseas a sus comandantes, a sus superiores. No solamente se es enlace para compartir información sino para reunirla.

Consciente frente a las emociones de quien es condecorado, desde conocerse la estrategia del falso positivo, surge un gran interrogante. Mientras la banda de guerra, hoy llamada banda musical en la institución policial, realiza los toques protocolarios para acompañar a quienes otorgan las preseas, qué pensamientos abordará la mente de los victimarios. Será que recrean la escena cuando ilusionan o capturan a la víctima. Tendrán el tiempo necesario de revivir el momento en que emborrachaban o drogaban algunos de los torturados. Recordaran como alzaron sus fusiles y les dispararon a sangre fría. Recordaran como los uniformaron, les manipularon las manos para hacerlos ver como si hubieran disparado armas. Resonara en sus cerebros las últimas palabras o gritos de los sentenciados. Recrearan como les plantaron además de armas de fuego, computadores y publicidad terrorista. Y quienes dieron las órdenes recordarán textualmente las palabras dadas para que sus subordinados dispararan, para que sus inferiores en grado les cumplieran las órdenes ilegales que transmitía.

Al ser consciente de la cantidad de asesinatos cometidos por militares activos se es también consciente de que más de una condecoración otorgada a soldados, suboficiales y oficiales se encuentran manchada con la sangre de sus víctimas. A fin de aplicar justicia, una pena accesoria a los comprometidos en los falsos positivos, es que mediante decretos y resolución, se les retire las preseas otorgadas. La Jurisdicción Especial para la Paz, tiene la palabra.

Esto fue escrito por

Omar Eduardo Rojas Bolaños

Investigador social con 30 años de experiencia en estudios sociológicos e históricos. Profesor universitario. Teniente Coronel retirado. Teórico y especialista en crímenes de Estado, con conocimiento en el tema de falsos positivos sobre el cual se ha publicado libros y artículos entre los que sobresalen: "Ejecuciones extrajudiciales en Colombia 2002 - 2010. Obediencia ciega en campos de batalla ficticios" (2017); Las parteras de Urama Grande (2018); Teoría social del falso positivo. Manipulación y guerra (2020); Barreras psicosociales para la paz desde la cosmovisión de las fuerzas armadas (2020).
Editorialista de la Revista Kavilando en la que se han publicado, entre otros: Las parteras de Urama Grande y los falsos positivos. El batallón de la Verdad en la Jurisdicción Especial para la paz; De la prevención social a la reacción total. Supresión, asesinato, impotencia y silenciamiento del otro como medición institucional; Chuzadas, seguimientos y carpetas secretas. La inteligencia militar al servicio de intereses guerreristas

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