Las dos Colombias

Cerca de cincuenta millones de personas habitamos los 1.141.750 kilómetros cuadrados que constituyen la superficie geográfica de Colombia. Esta tierra está dividida en 32 departamentos, además, cuenta con una sola bandera, una sola moneda, un solo himno, un gobierno central, etc. Sin embargo, no hay que hacer mucho zoom para darnos cuenta que en este país hay diferencias, con consecuencias terriblemente negativas, marcadas entre personas y territorios que hacen que unos, muy pocos, se beneficien en mayor medida aun cuando tengamos suficiente riqueza: variedad de climas, acceso a dos océanos, diversidad cultural, selvas, paramos, e incluso un compilado de tragedias que forjan cada día nuestra resiliencia.

No obstante, la forma en la que nos relacionamos ha estado marcada por la desigualdad y la violencia. Seguimos aprendiendo a vivir, y sobrevivir, sin herirnos o matarnos los unos a los otros, a distribuir los recursos y el acceso a las oportunidades, a apreciar nuestra casa común y a conservar nuestro hábitat.

Me atrevo a decir que Colombia son 2 países y aunque las diferencias son incontables solo abordaré cinco que creo son la más visibles: la lejanía entre la política y la ciudadanía, hace algunos años acuñé la frase “La ciudadanía y la política, son en Colombia un matrimonio sin armonía, duermen en camas separadas” y hoy sigo creyendo que la relación está rota porque los ciudadanos sienten que los políticos no toman decisiones para la mayoría y si para lo que representa sus propios intereses, además, el ciudadano aborrecido por las malas decisiones se aparta de lo público, no hace control y deja en “libertad” a su gobernante; las disparidades sexuales y de género, seguimos siendo una sociedad a la que le indigna más dos hombres besándose en público que una mujer siendo víctima de violencia de género o que se relega a actividades u profesiones en las cuales no desarrollan papeles protagónicos, y en caso de hacerlo se les “castiga” con salarios más bajos; el desarrollo económico vs la sostenibilidad social, cultural, ambiental y económica que cada día compromete más el bienestar de las futuras generaciones, condenándolas a habitar territorios inertes y contaminados; la contraposición entre derechos de todos y privilegios de algunos, no se trata de entrar en la controvertida frase “lucha de clases”, al contrario, se trata de reconocer que nuestra sociedad necesita acciones afirmativas que permitan que cualquier ciudadano pueda hacer el correcto disfrute de derechos como la educación, la salud, la vivienda y el empleo de calidad ; y las brechas entre la Colombia rural y la urbana, la primera olvidada y pobre, donde aún la justicia la imparten las armas y la fuerza de la ilegalidad que impide que las capacidades y el talento de las personas se desarrolle en todo su potencial, y la segunda más conectada, moderna y garantista de derechos. La deuda con la Colombia rural implica llevar a ella el Estado social de derecho y el Mercado, concebido desde una lógica de capitalismo consciente.

Finalmente, me pregunto ¿Será posible que los colombianos seamos capaces de regirnos por un estilo de vida, pensamiento y acción, que nos permita alcanzar nuestros sueños sin sacrificar los de los demás? ¿Podemos ser mejores personas cada día al respetarnos y respetando esa máxima de gozar derechos y cumplir deberes? Yo creo que sí es posible y anhelo que el nuevo gobierno nos traiga cambios para avanzar hacia una sociedad más libre y feliz.

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Diego David Ochoa

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