La virtud de la media

“Aun la virtud maniobra con cierta oscuridad”


Una de las pasiones más incrustada en la naturaleza humana es la búsqueda de la eudaimonía; este hambriento deseo de alcanzar mayores niveles satisfacción, plenitud y felicidad a través de la experiencia estimulante del autodesarrollo, espiritual, emocional o intelectuales, sin embargo; este estado no podemos integrarnos desde la apofenia de sucesos ligeros de la interpretación subjetiva.

Esto tiene que ver más con procesos; los filósofos griegos lo llamaban «el Arete”, la virtud o la excelencia del ser.

los griegos querían decirnos que la virtud de un objeto o sujeto está implícita en el potencial de los atributos bien ejecutados de manera efectiva por el objeto o sujeto. por ejemplo, la excelencia de un ojo se basa en su capacidad de ver bien, la de un caballo en galopar y llevar a su jinete a su destino. del mismo modo, un ser humano será excelente cuando desempeñe adecuadamente las funciones que lo caracterizan como ser humano la virtud de la media, de la que hablaremos hoy, tiene más relación con la balanza y el equilibrio. el hombre existe en medio de dos polaridades o extremos opuestos; por un lado, el intelecto o la razón y en el otro extremo la pasión y la emoción unidos en un todo que es el alma humana.

En esta dimensión el hombre suele ubicarse sobre alguno de los dos extremos que da como resultado un estilo de vida desbalanceado, inconsistente y poco efectivo. por el contrario, la virtud tiene que ver más con el equilibrio entre las exageraciones que se extrapolan en el alma.

La virtud o la excelencia se integra con la voluntad decidida, la continuidad en el tiempo y la consistencia con los valores morales.

La excelencia o la virtud es un sistema de equilibrio que hace del ser humano un individuo efectivo en el mundo; que evita a toda costa su desbalance por medio de la fuerza del sistema de creencia más efectivo del que disponga para mantener a raya los dos extremos. el exceso y la escasez.

Si dos extremos como el miedo y la confianza se chocan, la virtud se dará en el coraje, si el placer y el dolor se enfrentan, el dominio propio será el más virtuoso, si la tacañería y el despilfarro se encuentran, la generosidad dará muestras de excelencia, si la pereza y la codicia entren en guerra , la ambición virtuosa mostrará lo mejor del ser humano, si la ira y el resentimiento están, la compostura será lo mejor, si la amargura y la felicidad se cruzan, la amistad será el alivio, cuando la elocuencia y el silencio resaltan, la sinceridad es la excelencia, entre la bufonería y el aburrimiento, siempre el carisma dará el equilibrio.

Por eso concluyo con esto: todo es bueno hasta que nos pasamos, aun la virtud maniobra con cierta oscuridad, la excelencia humana es un sistema y la mayor de las virtudes es la justicia.

 

 

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Alvaro Jorge Acosta Peña

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