Opinión

La selva es responsabilidad de todos

La selva de la Amazonía está ahora en el centro de los eventos mundiales. Las imágenes de los fuegos están en las noticias internacionales como en las redes sociales. Y la pregunta es ¿cómo la sociedad global puede proteger el ecosistema que es vital para nuestro planeta y nuestra sobrevivencia? Pero para llevar eso a cabo, se necesita saber que eso no será la primera iniciativa en la que los gobiernos mundiales tienen la oportunidad de tomar la responsabilidad. Había otra iniciativa en Ecuador que fracasó y a través de esa podemos aprender lecciones importantes para la situación presente.

En el año 2007 propuso el ex presidente de la República del Ecuador, Rafael Correa, antes de la Asamblea General de la ONU, que el país dejaría más que 846 millones de barriles de petróleo crudo bajo la selva del parque nacional Yasuní en los Bloques Ishpingo– Tiputini–Tambococha (ITT), para así proteger la flora, fauna y los pueblos indígenas de esa región. El gobierno pidió la contraprestación de una suma de dinero que recauda la comunidad global. Correa invitó a gobiernos, instituciones, empresas, organizaciones gubernamentales y non-gubernamentales como también a la población mundial, que contribuyera a la protección del planeta y de la diversidad. Porque la Amazonía, especialmente la parte de la región tiene una densidad de biodiversidad única del planeta. La suma requerida ni alcanzó el mismo precio como lo tuvo el petróleo esos días, alcanzó solamente el 50% de lo que Ecuador percibiría con la venta del petróleo.

Si se extrae el petróleo dentro de la selva, se daña el ecosistema profunda e irreparablemente, y todos sabemos sobre la importancia del llamado “pulmones de la tierra”. Pero la sociedad del mundo no quiso contribuir y tomar responsabilidad. Después de 6 años de la iniciativa casi no había nada de dinero puesto a disposición y Correa declaró la iniciativa como cerrada porque “el mundo nos ha fallado”. Con la terminación del proyecto lamentablemente empezó la explotación en 2016.

Cuando fracasó la iniciativa y el presidente anunció que el país empezará a explotar la Amazonía me ocurrió el pensamiento de que eso es un acto muy egoísta. Pero así no es. No se puede criticar con una vista eurocéntrica un país considerado “pobre” por el International Monetary Found (IMF), que al menos intentó de salir del circulo de la exportación de recursos primarias. El gobierno hizo el intento de que las estructuras económicas no más explotan el planeta para satisfacer las necesidades de pocos países contra el bienestar de otros.

No se puede ver la extracción del petróleo como una actividad económica aislada de las estructuras e ideologías del resto del mundo. La extracción de recursos naturales está conectada con las estructuras capitalistas de los países industriales. La demanda global por petróleo es lo que lleva adelante el extractivismo[1] porque ofrece un ingreso fácil para los países con reservas de petróleo que frecuentemente no tienen otras industrias.

Así la conservación de la selva amazónica es la responsabilidad de todo el mundo, no el país en donde se encuentran los depósitos de petróleo. Así declaró Correa “no era caridad lo que pedíamos, era corresponsabilidad”. Yo digo que hacía falta y sigue haciendo falta la corresponsabilidad mencionada, en el sentido de que los países industriales reconocen que su comportamiento es primer contribuidor a la deforestación y destrucción de la selva. Y no se puede responsabilizar a contribuidores marginales como los peores actores en la escena.

No quiero defender la explotación de las reservas petroleras del Bloque ITT en el parque Yasuní, o la doble moral que se encuentra en los discursos versus las acciones de Rafael Correa. Pero sugiero que se piense fuera de las normas corrientes bajo los cuales actúan los países “subdesarrollados”

Concluyo que la sociedad mundial ya ha perdido una oportunidad de conservar la Amazonía. Y sería triste si los incendios que están  devastando la Amazonía no serán la advertencia para que las poblaciones, empresas y gobiernos del mundo reconozcan la seriedad y gravedad de la situación y toman así mismo sus actos en reflexión sobre sus consumos, producciones y políticas.

[1] El extractivismo es un concepto de estructura incorporada por el estado para generar ganancias basadas en la mayor explotación posible de las materias primas existentes (tierras minerales y agrícolas) para una estrategia de desarrollo orientada principalmente a la exportación. (FDCL e.V. (2012): Ruinöser Ressourcenreichtum. Ein Dossier zur Debatte über den (neuen) Extraktivismus in Lateinamerika.