LA PARADOJA DE LA LIBERTAD

La retórica generalizada de los críticos liberalistas da suma importancia al desprendimiento del Estado de las principales actividades económicas de cualquier país del mundo, y enarbola su discurso en nombre del humanismo y la premisa del hombre nacido libre. Esta visión excluye la posibilidad de cualquier contribución del Estado para corregir las distorsiones y perturbaciones generadas en el seno individual y comercial, aduciendo que pertenece a una evolución natural y a que la trascendencia de la realidad económica subsume estas características a su composición actual. Particularmente la economía mexicana presenta una serie de incongruencias e inconsistencias respecto al arquetipo tomado como rector de las interrelaciones mercantiles tanto internas como externas. La conclusión sobre el beneficio o perjuicio del sistema actual impuesto debe ser elaborada en base a resultados y a la percepción general, y no a contados casos de éxito comercial y opinión de intereses particulares que se han visto enormemente retribuidos.

Algunos liberalistas friedmanitas opinan que el Estado es el principal exponente de la aparición de algunas crisis, así como de su profundidad y su prolongación. Llaman a esto las “desventajas de la burocratización”, y definen a este segmento como una clase aparte, cuando en realidad, es una clase – con sus respectivas jerarquías- que ha sido engendrada en el mismo seno oligárquico de una supuesta democracia representativa. La obediencia a los intereses económicos y financieros externos coexistiendo con la preservación del poder mediante un vínculo social fundamentado en la demagogia y las promesas.

Así es como el escenario actual de la economía mexicana se vislumbra, con las mismas ideas que impulsaron los liberalistas de siglos anteriores, pero con una diferencia particular: la involución del Estado. La burocracia como promotor del espejismo neoliberal.

En el sentido financiero estricto debemos comprender la finalidad de los diversos instrumentos monetarios, y su funcionalidad como herramientas proveedoras de estabilidad y prosperidad, por más frías y superficiales que puedan llegar a parecer. En el círculo de las economías externas eminentemente exportadoras las oscilaciones cambiarias juegan un papel importante; en el círculo de las economías externas con dependencia de mercados externos, y total obsolescencia de mercados internos sustitutos, estos movimientos determinan el nivel de vida de todo un país. Este mecanismo es el que describe a la economía mexicana. La catastrófica crisis sin precedentes de 1994 y sus efectos subsecuentes sobre las principales áreas productivas, así como la atmosfera de incertidumbre y miedo generada por el crecimiento especulativo, son pautas a seguir para entender el “por qué” de la actuación reciente del Banco Central, consistente en la acumulación de reservas monetarias internacionales para defender el “peso” nacional.

No es coincidencia que el incremento en reservas monetarias sea paralelo a una disminución en el nivel inflacionario actual. Esto se debe principalmente a que la defensa del peso permite importar a un precio barato, el precio de demanda disminuye, y por añadidura los costos implícitos en la producción cuando se trata de bienes intermedios y de producción.

No obstante esta acumulación no suprime la especulación, solamente genera un soporte suficiente para que se siga dando; el capital financiero mundial sigue su curso, y en tiempos de crisis busca resguardo donde genere mayor rendimiento -una tasa de interés más alta- sin riesgo. Analizado y dilucidado esto ¿Podrán seguir argumentando los funcionarios que están a favor del pueblo? ¿Es solamente el Estado el artífice de un escenario transitorio de estabilidad que se mantiene de los flujos abundantes de inversión externa y escamoteos financieros? Y  si el Estado surge de la sociedad y se coloca por encima de ella ¿Hay una disgregación notable entre el grupo político-financiero y las masas sociales? El Estado ha pasado a ser solamente un instrumento más de la clase política dominante que opera en nombre de la libertad, pero que restringe toda oportunidad de emerger a los nuevos hombres de negocios emprendedores. Es la expresión contundente de más de treinta años de institucionalización arbitraria del cómodo poder de las clases privilegiadas.

Las generaciones actuales hemos vivido en un mundo donde la ilusión máxima es el empleo en una gran multinacional – cosa que es loable, y con gran motivo – sin comprender el verdadero significado que existe detrás de toda la prestidigitación monetaria y ese sueño laboral suntuoso y pecuniario. La falta de iniciativa brilla por su ausencia, el espíritu emprendedor parece no brotar a la superficie, mientras que las generaciones actuales nos mantenemos inmóviles, sin estímulos, sin saber que a las generaciones futuras las estamos condenando a un rasero mucho más selectivo, y a una carencia de autonomía que rayará en lo absurdo. Tantas voces que abogan y ven en el capitalismo la solución, pero la realidad es que no existe capital nacional, tantas voces que deberían gritar mejor al unísono ¡Imperialismo! Y simultáneamente perder su libertad, aun cuando Friedman opine lo contrario. El capitalismo puro es cosa del pasado, tan absurdo y anacrónico como el comunismo preadamita. Los pueblos necesitan capital, eso es indudable e incuestionable, pero también necesitan libertad, y esa se gana con mayor participación y supervisión en las instituciones públicas, y una subversión del poder del Estado. En esa lucha por la libertad, el conocimiento y la necesidad, nutrirán las filas del ejército popular unido en una contienda política constitucional, bregando ante todo por su legitimidad popular en la conquista del Estado.

 La clave está en la interpretación del Estado, y en respuesta a qué intereses sirve. Si va en nombre de la individualidad restringiendo en realidad la libertad, o en nombre de la colectividad impulsándola.

EDUARDO MEDINA HALLEM Estudiante de noveno semestre de la licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma de Tamaulipas,  con colaboración en materia de investigación científica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Admirador de la trova de Joaquín Sabina; de la literatura de Hesse y Kundera; de la filosofía de Marx y los tratados económicos de Keynes y Kalecki. Liberalista heterodoxo aunque parezca raro.  Manejo líneas de investigación que atañen al poskeynesianismo y estructuralismo económico.
EDUARDO MEDINA HALLER
Estudiante de noveno semestre de la licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, con colaboración en materia de investigación científica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Admirador de la trova de Joaquín Sabina; de la literatura de Hesse y Kundera; de la filosofía de Marx y los tratados económicos de Keynes y Kalecki. Liberalista heterodoxo aunque parezca raro. Manejo líneas de investigación que atañen al poskeynesianismo y estructuralismo económico.

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