La opinión del Diputado Juancho Muñoz sobre el fallo en contra de Chiquita Brands 

Chiquita Brands International Inc., una de las gigantes globales en la producción y distribución de frutas, se vio envuelta en uno de los escándalos más graves de su historia: la financiación de grupos paramilitares en Colombia a partir de 2007.

Este caso reveló las complejidades y las oscuridades del comercio internacional y la responsabilidad corporativa en zonas de conflicto. Se remonta a los años 90, cuando Colombia estaba inmersa en una guerra interna entre el gobierno, guerrillas y paramilitares. En este contexto violento, las empresas enfrentaban enormes desafíos para proteger a su personal y activos. Sin embargo, las medidas que tomó Chiquita para asegurar sus operaciones tomaron un giro siniestro.

Chiquita, con el objetivo de proteger sus plantaciones de banano en Colombia, admitió haber realizado pagos a grupos paramilitares designados como terroristas por el gobierno de los Estados Unidos. Estos pagos, que ascendieron a alrededor de $1.7 millones entre 1997 y 2004, fueron presentados como extorsión para garantizar la seguridad de los empleados y las instalaciones de la empresa en una región marcada por la violencia.

La admisión de Chiquita desencadenó una cascada de repercusiones legales y éticas. La empresa enfrentó investigaciones del gobierno de los Estados Unidos y fue acusada de violar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA, por sus siglas en inglés), que prohíbe el soborno a funcionarios extranjeros. En 2007, Chiquita se declaró culpable de estos cargos y aceptó pagar una multa de $25 millones.

El caso generó indignación en Colombia y en todo el mundo, ya que puso al descubierto la complicidad de una empresa multinacional en un conflicto armado que había cobrado innumerables vidas y había dejado a comunidades enteras sumidas en el miedo y la violencia. Además de las implicaciones legales, el escándalo planteó preguntas urgentes sobre la responsabilidad corporativa y el papel de las empresas en entornos conflictivos.

Las críticas a Chiquita se centraron en su falta de transparencia y en su fracaso para abordar adecuadamente los riesgos asociados con operar en una zona tan volátil. Aunque la empresa afirmó que sus acciones estaban destinadas a proteger a su personal y sus activos, muchos cuestionaron si el financiamiento a grupos paramilitares contribuyó a perpetuar el conflicto y a exacerbar el sufrimiento de las comunidades locales.

El escándalo también generó un debate más amplio sobre las prácticas comerciales éticas y la responsabilidad de las empresas en la prevención de abusos de derechos humanos en sus cadenas de suministro.

Los defensores de los derechos humanos instaron a las empresas a adoptar medidas más rigurosas para garantizar que sus operaciones no contribuyan a la violencia y la injusticia en los países donde operan.

Sin embargo, el escándalo del financiamiento a grupos paramilitares en Colombia sigue siendo un recordatorio contundente de los desafíos que enfrentan las empresas multinacionales en entornos conflictivos y la necesidad imperiosa de que éstas asuman su responsabilidad en la protección de los derechos humanos y la promoción de la paz y la justicia.

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Caricatura realizada y publicada por Matador.

El Diputado de la Asamblea de Antioquia, Juancho Muñoz, ha sido tajante en sus declaraciones sobre este tema. En un video, Muñoz contextualiza la historia y la problemática, afirmando que el fallo contra Chiquita es solo el principio:

“Debemos celebrar la sentencia judicial contra Chiquita desde Estados Unidos, tras décadas denunciando la relación entre empresas y paramilitarismo en Colombia. En Urabá, Chiquita, junto con otras empresas, financió el paramilitarismo, la compra de armas y masacres, con más de 600 víctimas en esa región. Este fallo debe despertar la atención sobre lo que ha pasado en otros territorios como el Norte del Cauca y con la minería. La justicia debe esclarecer estos episodios oscuros de nuestra historia.

Se financió el paramilitarismo, la compra de armas y por ende, se financiaron las masacres, más de 100; en la época de las AUC,  más de 600 víctimas en el Urabá, pero este fallo debe también llamar la atención sobre lo que ha pasado en Colombia, en otros territorios en el Norte del Cauca, por ejemplo, en donde empresarios de la caña, también tuvieron ejércitos privados; allá en el Norte del Cauca se patrocinó el Bloque Calima y han sido constantes las denuncias y evidencias de investigación sobre estos pasos, pero lo mismo ha pasado en otros territorios con la minería y las multinacionales mineras, incluso el urbano, el fenómeno inmobiliario de la construcción ha tenido un patrocinio directo a grupos paramilitares con presencia en lo urbano.”

Ver aquí video completo del Diputado: https://www.instagram.com/reel/C8HwRrixmWd/?igsh=bDlxOTF0dTA0YjY3

Muñoz, enfatiza que este fallo es un llamado a la justicia colombiana para revelar la verdad y reparar a las víctimas. Chiquita deberá pagar 38.000 millones de pesos para indemnizar a las víctimas, lo cual es un paso adelante en la lucha por los derechos humanos en Colombia.

A pagar por el resbalón - Caricatura de Beto Barreto

Caricatura de Beto Barreto

Además de este escándalo, Chiquita ha enfrentado otras acusaciones:

  1. Impacto ambiental y laboral: Chiquita ha sido objeto de críticas por su impacto ambiental y sus prácticas laborales en los países donde opera.
  2. Se han planteado preocupaciones sobre el uso de pesticidas, la deforestación y las condiciones laborales de los trabajadores en las plantaciones de la empresa.
  3. Problemas de seguridad alimentaria: Como en cualquier empresa de alimentos, Chiquita también ha enfrentado problemas relacionados con la seguridad alimentaria, como retiros de productos debido a contaminación bacteriana o problemas de calidad.
  4. Litigios laborales y sindicales: En algunos países, Chiquita ha enfrentado litigios relacionados con disputas laborales y sindicales, incluyendo reclamos por violaciones de los derechos laborales y por impedir la formación de sindicatos.

El Diputado también agrego en una de sus publicaciones:

El fallo contra Chiquita debe ser combustible para que en Colombia se develen otras verdades judiciales. Para que en Colombia se haga justicia histórica con las víctimas, para que en Colombia la verdad sea el corazón de la reconciliación y la paz.

Faltan muchas empresas, políticos y personas naturales por responder ante la justicia a razón de su participación directa en la financiación de grupos paramilitares.

Carito Ochoa

Editora de la Sección de Cultura en alponiente.com. Activista por la equidad, publicista, productora multimedia, técnica en turismo y medio ambiente.

En mi experiencia reposa la producción radial del programa Radiorama de MasMusica.Fm, conferencista sobre equidad, columnista y periodista para diferentes medios digitales e impresos.

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