La minería en Colombia: un mar de dificultades

José María Dávila Román

“El Estado no debe perder la batalla con los grupos criminales. Si no hay garantías en seguridad para las personas y las empresas, nuestro país será inviable. No seremos potencia mundial de la vida, sino, tristemente, de la muerte y el miedo”.


En Buriticá hubo un atentado esta semana en el que murieron dos contratistas de la mina Zijin Continental Gold y 14 más resultaron heridas producto de un cilindro bomba que lanzaron miembros del Clan del Golfo en uno de los túneles donde la empresa minera tiene sus operaciones.

Ante las pocas garantías para continuar con su actividad, Continental Gold suspendió su operación hasta que no haya garantías por parte de las autoridades locales, regionales y nacionales. En septiembre de 2018 tres geólogos de esta misma empresa fueron asesinados en Yarumal por disidencias de las Farc.

Recordemos que Buriticá estuvo sitiado en la segunda década del 2000 por diferentes bandas criminales que llegaron al municipio para extraer su oro a como diera lugar y alterando su dinámica social: conflictos armados, inflación en los precios, prostitución y drogadicción.

Uno de los objetivos que tuvo Luis Pérez como Gobernador de Antioquia era “recuperar” el territorio de Buriticá que había sido perdido por el Estado y combatir a los grupos criminales que se habían adueñado del territorio.

Seis meses después de haber iniciado su gobierno, Pérez afirmó que se había resuelto el 77% del problema y que se habían decomisado bienes por más de 95 mil millones de pesos a grupos criminales que extraían ilegalmente el oro.

Esa intervención pareció rendir frutos. 5 meses después, Continental Gold -hoy Zijin- anunció que había recibido licencia ambiental (ver) para construir y operar su proyecto minero autodenominado como “La mina subterránea de oro más importante de Colombia”, pero que hoy, 7 de años después de los anuncios exitosos del entonces gobernador Pérez, el problema sigue sin resolverse: Zijin no puede trabajar con tranquilidad y los grupos criminales volvieron a tomar el control del municipio.

Para los criminales que encontraron en la extracción ilícita de oro una fuente de ingresos para mantener sus oscuros negocios, Buriticá es un municipio que se acomoda a sus necesidades: el oro de este municipio está relativamente superficial y disperso por varios frentes, pero el grueso está en la operación de Zijin Continental Gold. Los criminales empezaron a construir túneles para llevarse el recurso que está concesionado para la empresa china. Lo hacen no sólo metiéndose a su operación sino también amenazando de muerte a los trabajadores de la empresa si entorpecen su actividad ilícita como lo mostró Teleantioquia a principios de este año (ver).

Desarrollar la industria minera en Colombia es todo un mar de dificultades: cuando una empresa como Zijin Continental Gold obtiene todos los permisos del Estado para su actividad, incluida la licencia ambiental y está en un territorio con vocación minera, ve frenadas sus operaciones por grupos al margen de la ley que ni el mismo Estado es capaz de controlar: da las licencias, los permisos, pero luego para las empresas es “defiéndase como pueda”.

Está el caso contrario, territorios con todo un potencial para desarrollar proyectos mineros sin tener problemas sociales causados por grupos armados organizados, el Estado pone todas las trabas para impedir su desarrollo o al menos tomar decisiones de fondo sobre sus viabilidades o no.

Cuando no es una cosa es la otra, lo cierto es que si el país verdaderamente quiere desarrollar sus proyectos mineros que aporten a las energías limpias como promueve el presidente Petro, el gobierno debe ejercer su autoridad y control. Dar garantías.

Y, si no se quiere su desarrollo, igual el Estado no debe perder la batalla con los grupos criminales como sucede hoy. Si no hay garantías en seguridad para las personas y las empresas, nuestro país será inviable. No seremos potencia mundial de la vida, sino, tristemente, de la muerte y el miedo.


*Empleado de Minera de Cobre Quebradona

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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