La Medicina Defensiva: ¿Una característica o un  Síntoma de la Crisis en el Sistema de Salud Colombiano?

 “La medicina defensiva ejerce una influencia significativa en las decisiones clínicas. Los profesionales de la salud, ante el temor de posibles litigios, pueden priorizar la autoprotección sobre el bienestar del paciente. Esto puede desviar recursos y atención hacia actividades no justificadas, en detrimento de una atención centrada en las necesidades reales del paciente. Por ejemplo, en lugar de basar sus decisiones en la evidencia clínica y en lo mejor para el paciente, los médicos pueden optar por enfoques más conservadores para evitar complicaciones que podrían desencadenar reclamaciones legales”.


Uno de los temas que me ronda la mente en estos días el efecto legal que las numerosas crisis de salud que estamos viviendo, y el efecto que tienen las respuestas tradicionales de los diferentes equipos legales, para nadie es un secreto que  nuestro sistema de salud no pasa por su mejor momento y enfrenta diversas dificultades, entre ellas:

Discutir su reforma en un clima de extrema polarización política sumado a un clima de Riesgos de corrupción problemas con la Sostenibilidad financiera y recursos insuficientes todo esto sumado a intervenciones a EPS y prestadores al igual que Recortes presupuestales uno de los más críticos es la relación entre las crisis recurrentes en nuestro sistema de salud y el incremento de la medicina defensiva en Colombia

Y por si esto no fuera poco también se debe considerar el Gasto farmacéutico descontrolado, Número bajo de camas hospitalarias y falta de calidad hospitalaria en las regiones y territorios al igual que Falta de desarrollo de la atención primaria y Falta de infraestructura; Descoordinación entre niveles asistenciales Insuficiencias en la atención en  geriatría y salud mental Problemas de salud pública relacionados con enfermedades transmisibles, crónicas no transmisibles, salud infantil, salud mental, salud laboral informal y sexual y reproductiva, falta de especialistas.

Esto me hace pensar en la medicina defensiva, como la respuesta que proponemos los equipos legales ante cualquier crisis. Esta la práctica de los profesionales médicos de solicitar pruebas, procedimientos o tratamientos innecesarios para protegerse contra posibles demandas legales, aunque no sean clínicamente justificados. Este fenómeno no solo distorsiona las decisiones clínicas, sino que también afecta negativamente la calidad de la atención médica y eleva los costos del sistema de salud. Además, plantea dilemas éticos profundos, ya que puede llevar a la medicalización excesiva de la sociedad y al riesgo de dañar a los pacientes con procedimientos innecesarios. No debemos olvidar que las crisis hacen pensar que los riesgos de queja de los usuarios, intervención por parte de organismos estatales y  demandas se incrementarán.

La medicina defensiva ejerce una influencia significativa en las decisiones clínicas. Los profesionales de la salud, ante el temor de posibles litigios, pueden priorizar la autoprotección sobre el bienestar del paciente. Esto puede desviar recursos y atención hacia actividades no justificadas, en detrimento de una atención centrada en las necesidades reales del paciente. Por ejemplo, en lugar de basar sus decisiones en la evidencia clínica y en lo mejor para el paciente, los médicos pueden optar por enfoques más conservadores para evitar complicaciones que podrían desencadenar reclamaciones legales.

Este enfoque no solo aumenta los costos del sistema de salud, sino que también compromete el principio de beneficencia, ya que puede llevar a la subutilización de tratamientos beneficiosos. Además, contribuye a una cultura de miedo y desconfianza en la profesión médica, afectando el bienestar emocional y la satisfacción laboral de los médicos, lo que, a su vez, repercute en la calidad de la atención brindada.

Desde una perspectiva ética, la medicina defensiva presenta varios dilemas. Por un lado, el principio de beneficencia insta a los profesionales de la salud a actuar en el mejor interés del paciente. Sin embargo, al priorizar la autoprotección, este principio se ve comprometido. Además, la medicina defensiva puede socavar el principio de autonomía del paciente, limitando su capacidad de participar activamente en las decisiones sobre su atención médica.

La medicina defensiva es la respuesta habitual de los equipos legales, aseguradores y administradores ante la crisis pera también es  un síntoma de la crisis en nuestro sistema de salud, planteando desafíos éticos y jurídicos complejos. Es esencial encontrar estrategias para abordar estos desafíos y promover una práctica médica centrada en el paciente que equilibre adecuadamente la protección legal con el bienestar del paciente. Esto incluye la educación médica continua y la promoción de decisiones clínicas basadas en la evidencia.

La confianza en el sistema de salud y la relación médico-paciente deben ser restauradas para garantizar una atención de calidad. Solo así podremos asegurar que los profesionales de la salud se sientan respaldados y los pacientes reciban la mejor atención posible.


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Carlos Andrés Gómez García

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