La letra con sangre entra

La efectividad de pegarle a un niño para que se aprenda las tablas de multiplicar puede ser puesta en duda por los millones de adultos que ni así se las aprendieron.

No es la sangre la que produce el milagro del conocimiento, tampoco la intimidación parental, y mucho menos la amenaza implícita de tener a ‘Martín Moreno’ al lado, nombre que le han dado las mamás a todo cinturón o cable que “saca lo malo y mete lo bueno”. Para que alguien se aprenda un contenido que voluntariamente no se aprendería, hace falta una estrategia pedagógica que se enfoque más en la practicidad de ese conocimiento que en su contenido mismo que puede ser aburridor.

Hay discusiones respecto a qué tan contraproducente es enseñarle a la juventud a planificar su vida sexual. Unos moralistas sostienen que eso incentiva la promiscuidad y otros progresistas afirman que previene el embarazo en adolescentes. Ambos argumentos se pueden sustentar en hechos cotidianos de nuestra parrilla informativa. En la última década en Colombia se registraron anualmente un promedio de 160 mil niños nacidos de madres que tenían entre 10 y 19 años. La promiscuidad es más difícil de medir pero “por consentimiento” la ley permite relaciones sexuales desde los 14 años de edad cumplidos, y las cifras del ICBF registran que, en los últimos ocho años, 6.400 mujeres estaban por debajo del umbral al momento de dar a luz.   

Hace una semana me enteré de una campaña que implementaron en un colegio privado del departamento de Córdoba. El lema reza “¿Bebé? Piénsalo bien” y la idea es que los estudiantes sepan cómo es tener a un hijo los primeros meses de vida, con cambiada de pañales, tetero y trasnochadas incluidas. Aparte del juguete de sensibilización interactiva (que literalmente es un muñeco) les entregaron una manilla con un sensor que les indica cuándo hacerle qué. Uno deduce que el fondo de la actividad es el cómo, que resulta de involucrar a los acudientes en la experiencia para que la enseñanza transmitida en las aulas de clase se afiance en el hogar; se supone. La otra cara de esta moneda es el margen de error estadístico que incluye a esos estudiantes que se les precipita el instinto maternal o paternal.        

Una de las mejores campañas publicitarias que ha hecho Sprite es la de “Las cosas como son” (ver ranking de verdades según Sprite). Uno de esos comerciales sugería que de “sexo no se habla con los padres”. Para ese entonces las redes sociales y la web no tenían el preponderante poder educativo que tienen en la actualidad. En esta posmodernidad de derechos minoritarios que vivimos es más fácil consultar Wikipedia que pedir un concepto de primera mano, basado en la experiencia de un familiar, por ejemplo. Sin embargo el problema de fondo sigue siendo de confianza. Los adolescentes le consultan a Google primero que a sus padres, no porque sean menos fiables, sino porque su intimidad se ve menos expuesta.

“¿Bebé? Piénsalo bien” es una estrategia que apunta a recuperar el papel que debe tener la academia en la formación de seres humanos sensibles y que se ha perdido por culpa de la interactividad impersonal que ofrecen los dispositivos tecnológicos. Un robot de juguete implica una responsabilidad mayor que tener una mascota virtual en el celular y de paso sirve para romper con esa pedagogía tradicional de folleto y conferencia. El primer paso es que los jóvenes entiendan que la mierda de los bebés huele horrible, que los pañales no son un algoritmo y que cambiarlos es costoso. El segundo es que no les toque hacerlo tan temprano.   

Photo by Kelly Jacobson

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Jesús David Carrillo Aranda

Escribo en Times o Arial para que la letra no me quede chueca. @ElJesusurro

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