La industria de la cancelación

“Desde mi punto de vista, cancelar la pornografía infantil y rechazar absolutamente el abuso de menores, no solo es una directriz empresarial, sino una posición políticamente relevante y una discusión que debe ser prioritaria y urgente como sociedades occidentales que debaten en primer orden los asuntos sexuales y reproductivos.”


En hora buena, la justicia estadounidense ha presionado la adquisición de Twitter por parte de Elon Musk, justo a tiempo para seguirle el paso a la gran estafa que lesionó el mundo crypto auspiciada por FTX y la revelación de documentos que prueban polémicas donaciones de sus directivos a fundaciones influyentes y políticos estadounidenses, especialmente a candidaturas del partido demócrata.

La adquisición de Twitter por parte de Musk ha ocasionado todo tipo de revuelos, pues el salvaje empresario de la tecnología ha destacado por su ímpetu políticamente incorrecto amparado por la lógica del capital, es decir, del mundo real. En ese sentido, mientras Twitter aumentaba el tiempo de uso entre los usuarios a la par que demostraba la capacidad de ser funcional reduciendo considerablemente los gastos de funcionamiento para gestionar mejor las utilidades, ocurría un boicot de la red social (desde Twitter) con plantones en sus sedes que buscaban sabotear la continuidad operativa.

Los grandes medios de comunicación situaron la atención en la construcción del manto de duda que buscaba promover la desconfianza gerencial en un hombre capaz de asociarse con la NASA y hacer proyectos a espaciales a Marte, diciendo que no alcanzaría a sostener una red social; así mismo, The New York Times publicó un artículo esa semana en el que se refería a SBF (CEO de FTX) como un gran filántropo que cometió un pequeño error. El error corresponde a un fraude de USD$ 10B, que tendría a la industria crypto y de la tecnología en general más activa que nunca en Twitter, comentando sobre lo delictivo y oscuro, quizá vilmente premeditado, del hecho que golpeó duramente las finanzas de millones de usuarios, rompió la confianza en la industria y puso en riesgo la estabilidad de las monedas digitales.

Durante la tempestad mediática por la que atravesaba Twitter, al interior de Twitter se conocían una serie de opiniones que cuestionaban el papel de los medios tradicionales y oficiales al menguar los efectos y omitir el cubrimiento de un hecho que afectaba las inversiones (muchas veces ahorros) de un número representativo de personas para cancelar a un empresario que se encuentra reestructurando la empresa que acaba de adquirir. Lo curioso es que no se habla de cualquier empresario, sino del más rico del mundo, y no se habla de cualquier empresa, sino de una con la capacidad de influir y movilizar la opinión de cientos de miles de personas.

La cancelación no solo fue especulativa, pronosticando fallas rotundas en el servicio usando el servicio para pronosticarlas, sino que también la hicieron efectiva algunas marcas como Balenciaga que cerró su cuenta con más de 900k followers, aduciendo que no apoyaría las deliberaciones de Musk con respecto a sus empleados y las nuevas políticas de Twitter que le permitirían reactivar las cuentas de personajes a quienes catalogan como “odiadores”, que promueven “discursos de odio”, como Donald Trump o Kanye West, a quien la marca este año le había cancelado un contrato por trinar algunas expresiones que interpretaron “antisemitas”.

Esta marca, Balenciaga, hoy es tendencia en Twitter por una situación que tampoco ha sido cancelada por la industria de la cancelación “contra los odiadores en favor del planeta” como se esperaría; hasta el momento, solo un periodista de Fox News se ha referido críticamente en contra del hecho:

La costosa marca Balenciaga se ha atrevido a promocionar su nueva temporada de artículos para el hogar y ropa a través de una polémica campaña publicitaria en la que se usa niños y niñas junto a peluches vestidos con indumentaria BDSM (Sadomasoquismo sexual) y objetos como copas de cristal y accesorios sugerentes. Este contenido estuvo disponible en su página web oficial y en Instagram verificado durante casi un día, cuando por presión masiva de los usuarios, se vieron en la necesidad de bajarla y posteriormente proceder a justificarse (NO a disculparse). También se halló que en una de las imágenes que usaron para promover un bolso de mano, se lograba distinguir entre los objetos dispuestos para la escena, la página 11 de la Sentencia Ashcroft VS Free Speech Coalition del 2002, en la que se dice que “la pornografía infantil corresponde a la libertad de expresión”.

Coincidencialmente, durante la cancelación ‘masiva’ de Twitter y antes de que se hicieran virales las desafortunadas fotos realizadas por Balenciaga, Musk se pronunció diciendo que sería una prioridad limpiar Twitter de pornografía infantil. Desde mi punto de vista, cancelar la pornografía infantil y rechazar absolutamente el abuso de menores, no solo es una directriz empresarial, sino una posición políticamente relevante y una discusión que debe ser prioritaria y urgente como sociedades occidentales que debaten en primer orden los asuntos sexuales y reproductivos.

La comunidad cibernauta continúa alertando y manifestándose sobre las representaciones que se obtienen de la realidad mediante los canales tradicionales de información y las declaraciones oficiales que emiten los políticos de turno como voceros del poder establecido. La nueva titularidad de Twitter, al parecer, abre un abanico de posibilidades de expresión que no necesariamente corresponden a “discursos de odio” como se habían categorizados previo a la censura, sino a opiniones que distan de los fines de una agenda global que involucra robustos intereses económicos y la reconstrucción de los cimientos sociales como lo son: la familia, la identidad de género y la sexualidad infantil.

#ConMisHijosNoTeMetas es una campaña en Twitter que se extiende por Latinoamérica, señalada como propaganda conservadora, ultraderechista y por supuesto, “antiderechos”. En Colombia, el miércoles 23 de noviembre de 2022 llevaron acabo un plantón en la Plaza de Bolívar, con el objetivo de detener la sanción de la ley de Educación Sexual Integral en la que se pretende una orientación de la sexualidad en la infancia por parte del Estado desde una edad muy temprana, se contemplan aspectos inclusivos de la ideología respecto al género, el conocimiento integral del cuerpo y las diversas expresiones de identidad.

Lo interesante de esta campaña es que sus argumentos son censurados, cancelados y estigmatizados en el debate político, que se pretende democrático en occidente, al tacharlos como “antiderechos” por establecer un límite desde la familia, a la intromisión por parte del gobierno en la formación de la intimidad de individuos especialmente protegidos, como lo son todos los infantes (al menos en Colombia). Al tiempo, la industria de la cancelación promueve y se ampara en nuevas tendencias discursivas del progresismo internacional para defender, entre otras cosas, la posibilidad de que un menor de edad elija la transición de género, o la polémica apertura que planteaba una política española de Podemos para que un niño pueda decidir sobre su sexualidad, teniendo como contexto que, por ejemplo en Colombia, a la luz del código penal, no existe ningún tipo de consentimiento sexual válido con menores de 14 años y, por tanto, cualquier acto sexual o que sexualice a una persona menor de esa edad, es considerado abusivo, delictivo y agravado.

Contrario a lo que La Industria de la Cancelación ha querido parecer desde el uso repetitivo y sistemático de expresiones como “antiderechos”, “discursos de odio” y demás, para invalidar opiniones opuestas a objetivos que dudosamente soportan la lógica y la ética, establecidos de manera totalitaria; esta estructura organizada para la censura mediante organizaciones y movimientos financiados para promover agendas políticas, hace que los intereses que avalen sean mucho más turbios y degradantes de lo que se pudiese expresar en palabras desde la oposición y que, al igual que una iglesia, busca imponer valores universales pero invertidos, que todavía no soportan el debate generacional por su perversidad moral, entonces acuden a destruir la democracia desde un argumento victimista mientras acceden al poder victimizando.


Nota de la autora: Hasta el momento en que se redacta este artículo, no existen pronunciamientos de políticos, ni de ONG’s activistas por los DDHH, ni de artistas (que promocionan la marca en sus canciones) sobre el desagradable catálogo (cancelado por presión de los cibernautas) de Balenciaga, en el que no hay que ser un delirante conspirador para entender que su principal producto promocional fue una apología a la pedofilia.


Otras columnas del autor en este enlace: https://alponiente.com/author/mmercedesf/

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María Mercedes Frank

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