Opinión

La ilusión de la vida

La vida es una ilusión que nosotros mismos creamos

 

Todas las ilusiones habían desaparecido. Aquel ser endeble, espiritual y físicamente fatigado, caminaba por las desérticas llanuras que antaño habían sido una gran civilización. El paisaje era desolador, semejante a los sentimientos que surcaban su pobre alma, la cual, cansada por tantas mentiras, buscaba remediar los errores del pasado. Sin rumbo, vagaba en aquel paraje asolado por el fin de los tiempos; olvidado por la mano del ilustrísimo arquitecto del universo, mientras los recuerdos de una vida que había dejado hace ya mucho tiempo comenzaban a reflejarse de nuevo ante sus ojos. Rememoraba la infinita alegría que vivió en los mejores momentos de su infancia, recordaba las grandes desilusiones que padeció en su juventud, para después, con admirable madurez enfrentarse a todos los problemas que conllevaba la vida adulta. Sin embargo, con aquellos acontecimientos, hayan sido funestos o jubilosos, se permitió vivir una existencia casi perfecta.

Nostálgico y melancólico por lo rápido que había pasado su vida, no resistió en prorrumpir en un corto, pero estentóreo sollozo.

-La vida es tan efímera como un abrir y cerrar de ojos. –

pensaba aquel ser, mientras las acuosas lagrimas iban lentamente bajando por sus mejillas, gimiendo de dolor, ya no por los recuerdos de su pasado, sino por haber descubierto la gran mentira que se había tragado con tanta ignorancia desde el momento en que su banal existencia había comenzado.

Repentinamente, la fulgurante luz de un relámpago ilumino aquel nefasto lugar imbuido por una oscuridad solo presenciada en el mismísimo fondo del abismo, mientras el estridente sonido del trueno retumbaba en cada rincón de aquella solitaria llanura, llenando de zozobra el corazón de aquella alma. La furia del cielo se manifestaba de una violenta y tormentosa forma, mientras las harapientas ropas de ese solitario ser iban al son de un poderoso viento huracanado que, lentamente hacía levantar la arena de la tierra. La locura comenzaba a invadir su mente. Extrañas y asombrosas visiones comenzaban a manifestarse frente a sus ojos, cegados ya por las ligeras partículas de arena que se habían inmiscuido en ellos. Caminaba, a paso firme con intención de no caer, mientras todo a su alrededor, siendo consumido por el cataclismo final, se desmoronaba a su alrededor; a la vez que, de la penumbra de las sombras, abominaciones pertenecientes al abismo oscuro de antaño escapaban de su prisión para tomar aquella única cosa que le quedaba a aquel ser y que para cualquiera que se considerase humano, es tan importante. Su alma.

 La tierra comenzaba a caerse en el abismo, mientras las sombras, cada vez más cerca de aquella persona, empezaban lentamente a succionarle su alma. Casi sin fuerzas, continúo caminando, comenzando a ser preso de ilusiones que eran parte de sus recuerdos. veía a aquella mujer que un día amó y amigos con los que compartió nefastos y alegres momentos. Sin embargo, aquellas siluetas que un día representaban lo más querido en su vida, dejaron de serlo, pues los felices recuerdos de esas personas habían desaparecido de su mente.

Fatigado y alicaído, cayó al suelo, lanzando un gran suspiro al aire, con evidente ademán de querer ya acabar con su vida. Arrodillado, trato con sus últimas fuerzas de levantarse para dar un vistazo final al mundo que debía de dejar. Al levantar su cabeza y dar una mirada al desolado paisaje, logro percibir una extraña silueta que, lentamente, caminaba al encuentro de aquel funesto ser que comenzaba a ser poseído por el oscuro abrazo de la muerte. Confundido, sacudió su cabeza y con sus débiles manos, ya paralizadas por el cansancio, enjugó sus ojos tratando de enfocar mejor su mirada hacia esa silueta.

Lleno de estupor por la advertencia de la cercanía con aquel extraño ser, levanto su mirada para cerciorarse de su presencia. Era un hombre, estaban frente a frente, chocando sus miradas, uno con perturbadora tranquilidad y el otro con gran desaliento.

-Quién… ¿Quién eres? – le preguntó, aquella alma en sus últimos alientos, sumida ya en su final y angustiosa agonía.

Esbozando una corta, pero diabólica sonrisa, aquel extraño ser respondió.

-Yo soy tú-