Opinión

La encrucijada del año 1917

Los quince años de reinado, bajo el sistema canovista de la Restauración que había inaugurado su padre, le llegaron a Alfonso XIII en una coyuntura singular, mediatizada por la Primera Guerra Mundial.

España se estaba viendo beneficiada por su neutralidad en el conflicto y su industria incrementaba su producción aprovechando la extrema necesidad de los países combatientes. Algo que lejos de reducir las diferencias entre ricos y pobres, entre clases adineradas y clases bajas, las acrecienta. Algo que da un nuevo impulso al muy consciente y organizado movimiento obrero.

El sistema, basado en la perversión democrática que es el caciquismo, viene asistiendo a la decrepitud de los partidos dinásticos que sostienen a la monarquía borbónica. Y al desarrollo y pujanza de los partidos nacionalistas, de mirada separatista el vasco y más imbricado en el intento de arreglar España el catalán. Como también al despegue de las formaciones republicanas, abastecidas de parte del obrerismo pero sobre todo de la mayoría de los intelectuales y de los nuevos componentes de la clase media.

Al sistema político de la Restauración se le empieza a aparecer cada vez más como necesario para su pervivencia traspasar su liberalismo para adentrarse en la democracia o sobrevivir desde su propia quintaesencia y reforzar cuanto tiene de autoritario y a la propia oligarquía a la que sostiene y que le sostiene. Fuera del sistema cada vez es más evidente que la salida que queda es la ruptura con la forma de gobierno, y el establecimiento de la república como puerta hacia el futuro común de los principales países de su entorno.

La crisis era en cualquier caso evidente ya desde los años finales de la primera década del nuevo siglo, desde el fracaso del maurismo y la inacabada obra de José Canalejas, que precipitaron la quiebra de cada uno de los dos partidos que sustentaban la Restauración, el conservador y el liberal.

Y en eso llegó, en 1914, la Gran Guerra. Y una tensión social muy superior a la del año 9, a aquella que conocemos como Semana Trágica, tan localizada.

Sí, en el año 17 coincidieron tres tipos de reivindicaciones durante el verano: la de los militares, cada vez más beligerantes en los asuntos políticos a medida que transcurría la contemporaneidad española; la obrera; y la de los grupos políticos más dinámicos y resueltos, los republicanos, sus cada vez más allegados colaboradores, los socialistas, y los nacionalistas periféricos. La creación de los en principio ilegales sindicatos que fueron las Juntas de Defensa de unos, la huelga general de otros y la convocatoria y desarrollo de la llamada Asamblea de Parlamentarios de los últimos llegaron a coincidir en los meses estivales de 1917, si bien lo que salvó al reinado de Alfonso XIII y al sistema de la Restauración fue la evidencia de que los tres movimientos, lejos de complementarse, se repelían para alimentar en el fondo sin pretenderlo las pequeñas posibilidades hegemónicas de los monárquicos.

Que los mismos juntistas (ya legalizados) se encargaran, en algunos casos personalmente, de reprimir el movimiento huelguístico y que el partido que había promovido la Asamblea, la Lliga Regionalista, se aviniera a cooperar en la formación de un Gobierno de concentración para sacar al sistema del abismo a que parecía asomarse son razones de peso para afirmar que, una vez más, la base de la seguridad y de la propiedad, esto es, del orden social¸ tal y como venía entendiéndose desde los albores de la contemporaneidad, iba nuevamente a vencer sobre los otros principios del liberalismo que servían de magma a la monarquía constitucional de Alfonso XIII, esto es, la libertad y la igualdad.

Esto fue escrito por

José Luis Ibáñez Salas

Comencé a ser algo parecido a un editor cuando en 1990 trabajé a las órdenes de Ricardo Artola en la indispensable Enciclopedia de Historia de España que dirigía su padre, Miguel Artola. Desde 2008 hasta 2012 dirigí la colección Breve Historia de Ediciones Nowtilus y a partir de ese año la colección Biografías de Sílex Ediciones. Un año más tarde publiqué para esa misma editorial El franquismo. Soy asimismo editor de libros de texto en Santillana y fui el editor responsable del área de Historia de la Enciclopedia Multimedia Encarta de Microsoft. En la actualidad dirijo la revista digital de divulgación histórica Anatomía de la Historia (anatomiadelahistoria.com), escribo para la revista digital española Fernando Martínez y soy el director editorial de Punto de Vista Editores.

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