La contradictoria concepción del victimismo

Foto: www.latimes.com

A lo largo de este año, se han generado múltiples movilizaciones sociales a partir de lo sucedido con George Floyd en Estados Unidos. como consecuencia de dichas movilizaciones se han producido propuestas para combatir el germen del racismo en el país norteamericano. No obstante, en múltiples ocasiones, el extremismo y la violencia han sido el resultado y el medio para llevar a cabo dichas protestas, que han acabado por revictimizar a la comunidad que se pretende proteger al saquear, incendiar propiedades de las cuales dependen miles de familias e incluso a asesinar otras personas.

Frente a las protestas desencadenadas con el fin de buscar justicia y cambios institucionales, se han establecido varias causales según lo manifestado por activistas del movimiento blacklivesmatter, de las cuales se mencionarán tres: en primer lugar, se alega que la muerte de George Floyd no hace parte de un hecho aislado, sino que corresponde a una gran cantidad de asesinatos sistemáticos perpetrados por policías blancos en contra de personas afrodescendientes. En segundo lugar, se alega que la población carcelaria es predominantemente afro y que esto se debe a una intensiva y sistemática persecución en contra de los negros. En tercer lugar, se ha llegado a alegar acciones racistas por parte del gobierno estadounidense al impedir que la comunidad afectada sea escuchada, tal como debe hacerse en el marco de una democracia[1].

Los motivos manifestados corresponden a verdades a medias que han sido utilizadas no para incentivar el razonamiento del público al cual se busca mover, sino para despertar las reacciones más primitivas a partir del sentimentalismo, dado que un despiadado y arbitrario asesinato de un hombre indefenso por parte de la autoridad que se supone debe protegerlo mueve viscerales sentimientos que nublan la razón de todo ser humano. En relación a ello, las razones expresadas para manifestarse pierden fuerza si se comparan con los siguientes datos.

En primer lugar; cuando se tiene en cuenta que la población afroamericana de EEUU ronda los 37.6 millones de personas, es decir 12.6% de la población, solo 9 fueron asesinadas por la policía en el año 2019, si bien no debería haber muerte alguna por abuso policial[2], la cantidad de víctimas resulta irrisoria al momento de argumentar que dicha conducta es sistemática, adicionalmente, en el mismo año murieron 19 personas blancas por abuso policial , lo cual reitera que dichos abusos  ejercidos por las instituciones policiales no son sistemáticos y mucho menos se encuentran motivados por el racismo.

En segundo lugar; no es cierto que la población carcelaria se encuentre mayormente integrada por población afro[3], si bien lo es en proporción con su porcentaje de poblacional, se justifica cuando el 60% de los arrestados por homicidio son afro y el 68.8%[4] de arrestados por hurto también lo son; lo cual es suficiente para explicar porque la cantidad de población negra encarcelada es proporcionalmente mayor a su población; incluso sin mencionar cifras de otros delitos como el tráfico de drogas.

En tercer lugar; no es preciso hablar de racismo sistemático desde las instituciones gubernamentales, cuando en ayuntamientos de ciudades como Minneapolis, más de la mitad de su consejo es de población afro, cuando el 53% de patrulleros del departamento de policía de Nueva York[5]  corresponden a minorías étnicas y sobre todo, cuando dentro del marco de una sana democracia se permiten propuestas que van incluso contra los propios derechos por los cuales ha luchado el movimiento, tales como: exigir el desmonte de los departamentos de policía y el arresto de todo policía blanco en el país. Si los líderes de dichas protestas no se encontraran en un país democrático no encontrarían lugar en el gobierno, sus propuestas no tendrían voz y ni estarían en la mínima posibilidad de protestar a costa de perjudicar los derechos de terceros.

El discurso dado por el movimiento blacklivesmatter manifiesta que el racismo es la fuente de todo problema existente en la comunidad que dicen representar, establece que el origen de sus problemas radica en el hombre blanco, en el gobierno o en la policía, pero nunca se ven a sí mismos como parte del problema y mucho menos proponen una solución efectiva en consenso con toda parte de la sociedad. Simplemente se ven a sí mismos como víctimas eternas de sus propias ficciones. Solo basta con cuestionar a aquellos que predican los ideales del movimiento para ubicarse en la esfera de aquel enemigo que encuentran hasta en el aire que respiran, solo basta cuestionar como para ser visto como aquel infame opresor del cual dependen para victimizarse.

Del mismo modo que un fanático apegado a una ideología requiere de sus opuestos para justificar el origen de todo reproche, Nietzsche afirmaba frente al cristianismo: “el sacerdote vive de los pecados, tiene la necesidad de que haya pecadores. Principio supremo: Dios perdona a los que hacen penitencia; en otros términos, Dios perdona a quien se somete al sacerdote”[6].

Para unos cuantos, el racismo es tan esencial como el pecado para algunos sacerdotes o como la enfermedad para aquellos médicos que se lucran de ella. No resulta conveniente para ellos, eliminar aquel rol de víctimas que les permite lograr aceptación popular despertando reacciones primitivas mediante sentimentalismos, perseguir fines políticos y condenar como racista opresor a todo aquel que les cuestione sus métodos.

Resulta evidente que los motivos inicialmente dados por el movimiento dieron lugar a la revictimización de la comunidad que dicen defender tras destrozar, saquear e incinerar propiedades y asesinar personas. Dichos actos lejos de generar propuestas efectivas para eliminar la totalidad del problema que corresponde al abuso policial que afecta a todos, simplemente dejaron una comunidad aún más destrozada. Las pocas propuestas que han demostrado generar una efectiva protección de la sociedad son aquellas que se han hecho dentro del margen del debate democrático, compilando una cosmovisión de posturas políticas e ideológicas, por lo tanto, resulta irracional llevar a cabo métodos destructivos de protesta contra la misma comunidad que se pretende defender y vale la pena replantearse aquellas causas que se defienden por considerarse políticamente correctas.


[1]   https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52887755

[2]  https://www.wsj.com/articles/the-myth-of-systemic-police-racism-11591119883

[3]https://news.harvard.edu/gazette/story/2016/02/the-costs-of-inequality-a-goal-of-justice-a-reality-of-unfairness/

[4] https://ucr.fbi.gov/crime-in-the-u.s/2016/crime-in-the-u.s.-2016/tables/table-21/#overview

[5] https://www1.nyc.gov/site/ccrb/policy/data-transparency-initiative-mos.page

[6] Friedrich Nietzsche: El anticristo. Editorial Universal: 2015. PG 56.

Carlos Ruiz Flórez

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