Cultura

La comedia nunca muere

A través de un comunicado oficial, Les Luthiers confirmó el fallecimiento de su tercer integrante Marcos Mundstock de 77 años (1942-2020). Antes de él, Gerardo Masana en 1971 y Daniel Ravinovich en 2015.

Hoy se le dice adiós al actor, locutor y humorista quién con su ingenio y sagacidad con el idioma logró sacar más de una sonrisa. Perdurará en el tiempo su voz; que sirvió para doblajes como el de Gusteau en Ratatouille (doblaje argentino) y Joey en Bolt: Un perro de aventura. Además, Mundstock participó en varias películas como Cama adentro (2004), Mi primera boda (2011) y El Cuento de las comadrejas (2019) siendo ésta su última aparición en pantalla grande. Película que, cabe resaltar, muestra de forma contundente el estilo característico del Luthier: Un humor ácido, satírico y sin miedo a mostrarse decadente.

El nombre de la agrupación procede del francés. Luthier es la persona encargada de construir o reparar instrumentos. Gracias a ellos la humanidad cuenta de la imprescindible calidad sonora del: Violín de Lata, la contrachitarrone da gamba, el lirodoro, el Gom -horn (naturales, pistones o da testa) el narguilófono y ni hablar del Alambique encantador.

Ravinovich en una de sus pocas entrevistas dijo “Les Luthiers es más grande que cada uno de sus integrantes por separado” tenía razón. Este grupo, que sabe serpentear entre la música, los juegos idiomáticos, la literatura y la comedia los hace sui generis.

Su legado es constituyente. Su comedia sobrevivió al tiempo de las dictaduras y no renunciaron a hacer sus obras en el idioma que los parió. Sabían lo que quizás no supo L. Wittgenstein ni J. Searle para convertirse en Bestseller. Sabían que el idioma es un tramposo que juega con nosotros, pero también nosotros podemos jugar con él. Y eso fue lo que hicieron al desenmascarar las tramas que existen en nuestro idioma. Esa lucha entre lo locutivo y lo ilocutivo de nuestras palabras y expresiones.  ¿En qué momento “epistemologar” significa tener relaciones sexuales? Solo ellos podrían decírnoslo en una cumbia. ¿por qué razón “suicida” no es el que mata a un suizo? Que Ravinovich lo responda en Bromato de Armonio. Y finalmente ¿cómo dos comisionados logran convencer a un músico emergente para modificar el himno nacional, con el objetivo de implantar un mensaje proselitista que induzca a los electores a votar siempre por el listazulismo? Puede el lector hallar respuesta en “Himnovaciones”.

Aristóteles decía que el hombre debe recurrir a las comedias y tragedias para no volverse loco, y Les Luthiers lograron no solo hacer comedia, sino que le devolvieron el valor que merecía. Un espectáculo inteligente, fino y bien pensado que usaron para aprender a reírse de sui mismos y permitirle al público reír con ellos. No se valieron del humor negro, ese humor que requiere al otro para ridiculizarlo y saciar la felicidad propia con desgracias ajenas. Prefirieron el impersonal, para que cualquiera pudiera verse reflejado y hallar allí una suerte de reflexión. El personal, porque el relato estriba sobre sus propias desgracias y disparatadas grandilocuencias. Los grandes personajes, que le permite al público familiarizarse con la obra y no quedar descontextualizados. Lo pensaron, pensaron en todo, y lo pensaron bien. No olvidaron eso que debiera constituirse como derecho fundamental para todo ser humano: El derecho a reír.

Por eso hoy, aunque se reciba con tristeza la muerte de Marcos Mundstock, vale la pena recordar y homenajear su existencia por lo vivido y lo dejado. Su importante legado y su comedia perdurará hasta el día que Johann Sebastian Mastropiero no plagie ni se valga del pasaje de la tercera sinfonía del siempre queridísimo compositor Günter Frager.