La ciudad compacta

     

Hace unos días estuvimos en Nueva York y Washington D.C exponiendo un actual modelo urbano de desarrollo, orientado al cumplimiento de los ODS, pero lo más importante, orientado al ser humano, al bienestar humano.

Ese modelo lo denominamos ciudad 4C: Compacta, Circular, Cero emisiones y Consciente. Una Ciudad donde los ciudadanos tienen a su disposición servicios esenciales de vida (trabajo, educación, salud, cultura o entretenimiento) a tan solo unos pasos, quizá andando a pie o en bici a 10 o 15 minutos de su casa o trabajo.

Te preguntarás… ¿por dónde empiezan a construirse estas ciudades del futuro?

La ONU se muestra vehemente en sus proyecciones sobre urbanización mundial a 2030: hoy en día más del 54% de la población vive y trabaja en núcleos urbanos, en 2030 lo harán cerca de 2/3 de la población. Ante este descontrolado incremento de la densidad poblacional surgen inquietudes sobre la calidad de vida que podremos esperar. Las urbes, centros poblados y áreas metropolitanas han optado por empezar a reformular sus modelos organizativos y convertirse en lo que conocemos como ciudades del siglo XXI, la ciudad compacta.

Analicemos Medellín, el distrito de Manhattan y los zonales de París. Hasta hace poco, las famosas calles de Carabobo, Rivoli o Time Saquear eran un atasco continuo de carros convencionales. Ahora, en cambio, surgen alternativas mucho más sostenibles para llegar a estos lugares desde la ciclo-caminabilidad. Quién lo imaginaría.

Estas calles, que atraviesa una de las zonas más comerciales de las ciudades se han convertido en el referente de «la ciudad de compacta», un concepto que han acuñado varios estudiosos del desarrollo urbano y social, entre ellos la alcaldesa parisina de origen español Anne Hidalgo, para relacionar un concepto urbano en el que los ciudadanos pueden acceder a prácticamente todas sus necesidades esenciales (colegios, supermercados, lugares de trabajo, hospitales y centros culturales) en apenas a 15 minutos caminando o en bicicleta.

No estamos inventando nada nuevo pero sí revolucionario, de hecho en varias ciudades del sudeste asiático, el concepto de ciudad compacta se viene desarrollando hace unos diez años, en Colombia, por primera vez empecé a escuchar el concepto de una manera más amplia y metropolitana por medio de pensadores como Eugenio Prieto Soto (exdirector del Área Metropolitana de Medellín) y el franco-colombiano Carlos Moreno (profesor de sistemas complejos e innovación de la Universidad de París), y fueron sus postulados los que me llevaron a confirmar la necesidad de acelerar la transición hacia la ciudad compacta.

«No sólo es la transformación territorial de la ciudad o la metrópolis, sino de la vida misma en todos sus aspectos: ambientales, sociales, culturales y políticos».

La urbe debe redefinir sus aspectos físicos y espaciales, lo compacto (cercano, practico y sostenible) determina el futuro: un minimalismo que resuelve 7 necesidades para el bienestar humano: habitar, trabajar, consumir, acceder a la salud, la educación, la cultura y la armonía con la naturaleza. Quizá suene irresistible, utópico o irreal pero la felicidad y el bienestar humano son conceptos que cobran vital importancia en un momento como el actual, en el que la crisis sanitaria global nos ha recordado que la necesidad fundamental de la vida son los vínculos humanos y la salud del ecosistema. Uno de los grandes retos para diseñar una ciudad compacta son los recursos disponibles para ello, se deben hacer enormes inversiones para transformar zonas y edificios mono-funcionales en poli-funcionales. Es también necesario incrementar las frecuencias y los modos de transportes públicos, horarios laborales, así́ como las redes de ciclo-caminabilidad para ofrecer alternativas suficientes a todos los ciudadanos.

No obstante, en nuestros viajes de comisión a otros países, nos hemos dado cuenta que no todas las ciudades fueron pensadas con la misma concepción urbanística, lo que hace complejo replicar este modelo con la realidad arquitectónica sin provocar grandes distorsiones. Tampoco podemos olvidar que la nueva realidad que nos ha dejado la pandemia –aumento del teletrabajo, desaparición de oficinas y fábricas, vivienda como híbrido de vida– impactará paulatinamente la geografía inmobiliaria de las urbes y metrópolis.

Medellín, Curitiba, Barcelona, Detroit, Nueva York, Londres, Melbourne y Milán ya adaptaron sus barrios para acercar los servicios esenciales a los habitantes. A pesar de que la idea de la ciudad compacta es relativamente nueva, hay lugares que ya llevan años persiguiendo un modelo de urbe deslocalizado y más accesible, más compacto.

El caso de Medellín es muy interesante, en medio de un cañón estrecho denominado Valle de Aburrá, una ciudad densamente poblada con casi 20 mil habitantes por Km², y una compleja geografía, transformó su narrativa durante 30 años, pasando de la ciudad violenta, a la resiliente, a la innovadora y hoy crea su visión de ciudad inteligente(compacta), por medio de la integración de la ciclo-caminabilidad y la movilidad inteligente en gran parte del territorio metropolitano. A la fecha Medellín cuenta con 101 estaciones de bicicletas públicas gratuitas que complementan el sistema metropolitano de Metro Multimodal (bus, tren, cable, tranvía), beneficiando a 9 municipios vecinos de Medellín y democratizando la movilidad en casi 300 km², con carriles protegidos para bicicletas y urbanismo táctico para la peatonalización.

Nueva York es un ejemplo más de urbes que, a corto plazo, no podrían ajustarse a este tipo de planes. Cada ciudad tiene sus afanes, sus capacidades y sus oportunidades, el modelo compacto de ciudad tiene que valorar la eficiencia y eficacia sobre los servicios públicos, la convivencia, la igualdad de oportunidades o la sostenibilidad. Estamos en la era de las ciudades descompensadas urbanísticamente, donde hay barrios desarrollados y con elevado nivel de actividades, mientras que otros tienes cero servicios ni actividades de ningún tipo, como ocurre en New York y cada uno de sus distritos. Hoy se habla de una nueva economía de proximidad que cree puentes y no limites sociales.

El modelo de ciudad compacta debe tener la capacidad de adaptarse a las necesidades concretas de cada ciudad. Transformación territorial y digital en escala, cambios de ritmos, distritos 24/7 y polígonos urbanos con especialización territorial. Este tipo de ciudad es la salvaguardia del bienestar común. El nuevo planeta, post-pandémico, debe tomar decisiones creando un equilibrio, sobre todo entre salud, economía, vivienda y trabajo.

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Santiago Murillo Arrubla

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