Opinión Selección del editor

La censura del populismo en la opinión

La carga moral que se atribuyen las ideologías tiende a ser una característica sumamente peligrosa, con frecuencia utilizada para defender una verdad parcializada, que para el ejercicio político del debate resulta ser bastante estéril.

Actualmente se le exige al otro tomar una postura “crítica” bajo el manto ideológico; que, en caso de que este no tenga una afinidad ideológica, resulta incluso peor que si ésta fuese una postura contraria. Para el caso de la libertad de opinión, es desde la izquierda más radical donde se alzan las voces que esperan una postura política clara por parte de figuras reconocidas como J Balvin, que en su momento fue criticado por su ambigüedad frente a la situación vivida durante el inicio del paro nacional y su silencio ante las denuncias realizadas por la violación de los derechos humanos por parte de la fuerza pública; inquieta entonces la exigencia que se le hace a una figura pública, y lo poco exigentes y rigurosos que llegamos a ser como sociedad al momento de tomar decisiones políticas concretas, el hecho de que en su mayoría estas sean tomadas bajo el furor coyuntural del momento, nos pone en un lugar desventajoso ante la realidad inmediata que se nos va presentando.

Ahora bien, siguiendo las demandas del populismo para incentivar las opiniones políticas por parte de artistas, pareciera que estas tienen el deber de seguir su misma ideología política, porque de lo contrario se anula su discurso, este comienza a perder valor como opinión cuando señala las falencias y desventajas de una izquierda radicalizada, que cada vez más va apropiándose de los escenarios de opinión, llevando a un fenómeno cada vez más común entre sus detractores, la autocensura.

La izquierda más radical dota moralmente su lucha, para así tener la convicción de anular al otro, a pesar de que ésta apela a la libertad, dicha libertad no es dada a un pensamiento contrario a los principios que estipula el populismo, para un caso concreto, recientemente Juanes ha sido repudiado y señalado por twittear: “Los cubanos del exilio lo llevan diciendo por años, ahora los cubanos de la isla lo están diciendo sin miedo, LIBERTAD! Mensaje contundente para todos. El comunismo es una mierda. Ojo Colombia, ojo todos”. La tendencia es caricaturizar aquello que no esté de acuerdo con el pensamiento de la izquierda radicalizada, haciéndolo ver moralmente reprochable e intelectualmente fuera de lugar, parece ser que el defender el libre mercado es una sentencia casi segura para llevar la etiqueta de fascista, o la más utilizada para nombrar todo aquello que no se comprenda o con lo que no se está de acuerdo, el mal llamado “paraco”. Esta manipulación de la libertad de opinión ejerce presión para que nazca desde una postura ideológica determinada, y esto es algo completamente antidemocrático.

La única forma de llegar a ser una sociedad sana es escuchándonos verdaderamente desde el lugar de la diferencia, anular el discurso del otro solo porque no refleja nuestros ideales políticos es una actitud infantilizada que lamentablemente nos está permeando a los colombianos. Dejemos de exigirle a las figuras públicas que resuelvan nuestros conflictos políticos, y respetemos su opinión cuando deciden compartirla y cuando no, asumamos nuestro rol en la sociedad de una manera responsable y seamos cívicamente activos, políticamente responsables y moralmente consecuentes, a ver si algún día dejamos de culpar a otros por lo que nosotros mismos hemos dejado de hacer.

Esto fue escrito por

Alejandra Restrepo

Es estudiante de sociología de la Universidad de Antioquia. Sus temas de interés se centran en la administración pública, segura de que por esta vía se pueden lograr cambios sociales. La política es la herramienta de transformación social en la que cree. Apasionada del arte, toma el oficio de la creación muy en serio.

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