La causa de los indefensos

Nuestra historia se ha formado desde los cimientos del atropello, iniciamos con una colonización que nos obligó a trabajar para extranjeros, llevándose las riquezas de lo que hoy se conoce como América. Los colonos obligaron a nuestros antepasados a darles hasta su misma humanidad, la economía europea sostenida por la esclavitud de hombres y mujeres que no hicieron nada más que nacer en este continente; así la corona española otorgaba concesiones de yacimientos mineros a cambio del pago de una contraprestación, y así estuvo hasta finales del año 1850, cuando el gobierno de la aquella República de la Nueva Granada implementaba el registro minero que regula más directamente la actividad minera en el país. Luego la constitución de Rionegro de 1963 faculta a los estados federados de Estados Unidos de Colombia para que legislen sobre la propiedad minera de sus territorios, y no es hasta la constitución de 1886 que la nación vuelve a legislar sobre estos títulos. Luego de las guerras civiles a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX es cuando grandes capitales extranjeros comienzan a ingresar hacia nuestra República de Colombia, cuando el presidente Rafael Reyes en 1905 comienza a otorgar concesiones, a partir de ahí volvemos a trabajar para extranjeros, arrinconados por una crisis económica, social, fiscal y política luego de la separación de Panamá de Colombia. Con un sistema ineficiente las empresas multinacionales explotan la tierra colombiana, de forma desorganizada se otorgaban y quitaban concesiones, así hasta 1988 cuando se expide el Código minero colombiano (Decreto Ley 2655) el cual define los conceptos de exploración y explotación lícita e ilícita de minerales.

Éste es el caso de una vereda en el departamento de Córdoba, en Puerto Libertador concretamente, la vereda Mina El Alacrán; todo empieza en el año de 1975, cuando viajeros y exploradores descubrieron en el corregimiento de San Juan la riqueza de sus tierras, el oro de ésta vereda era tal que retumbó hasta el interior del país, el líder social de la vereda Eliecer Velásquez relata la historia del crecimiento de unos cambuches a ser una vereda, y estar a puertas de ser corregimiento de Puerto Libertador. Sus primeros pobladores Manuel Díaz, Carlos Fabra, Amador Ruíz, quien fue el primero en llevar un molino a esas tierras. En el 80 inicia un crecimiento exponencial, habían entables que llegaron a tener más de 100 trabajadores, desde sus inicios pasaron unos 7 u 8 años en el que cuyos pobladores no hacían más sino hablar de las benditas tierras del San Juan, colas y filas que demoraban desde la mañana hasta noche, todo eso por llevar a quemar el oro que sacaban el día anterior, mientras esperaban en las filas aprovechaban para embriagarse y hasta empeñaban eso que habían sacado para seguir bebiendo 2 o 3 días más, y aun así sobraba dinero para seguir viviendo y comiendo; eso siguió así hasta poco antes del año 84, llega en ese año la empresa Santa Gertrudis, comenzaron a perforar y a explorar sin ni siquiera el permiso de los pobladores locales; como dicen ellos, entraban y salían como Pedro por su casa.

Ahí empezaban a sonar alarmas de violencia, el espeso bosque y una buena ubicación geográfica hacían de esa zona un imán de grupos al margen de la ley, además de las riquezas que habían ahí; los primeros muertos y masacres que aún son recordados uno a uno, nombre a nombre, la guerrilla de las FARC llegó a poner sus primeras marcas en la zona, nunca imaginaron que la dicha de unos años iba a ser cambiada por llantos y rabias, por unos violentos que por supuestas causas revolucionarias creían que tenían el derecho de arrebatar vidas a diestra y siniestra. La plaza pública en vez de reunir niños y familias reunían cuerpos y ríos escarlatas “el pueblo pasó de estar lleno de gente a estar completamente vacío” así lo relata Velásquez.

Pasaron los días y los mismos que se fueron volvieron “era lo que sabíamos hacer” dice Eliecer Velásquez, llegaron a pensar que a lo mejor cuando volvieran ya los violentos se habían ido, nada más lejos de la realidad; masacre tras masacre acompañaron a éste municipio por largos y crudos años, el brazo estatal no llegaba hasta tan olvidados rincones, los alcaldes de la época no se atrevían a mirar mucho a esos lados, el miedo los tenía azotados, el despertar con la zozobra de ser posiblemente el próximo a desfilar hacia la plaza pública y ser parte de ese río escarlata tal vez era el peor sentimiento que los pobladores recuerdan; asegura Eliecer que misioneros cristianos llegan y fundan la primera iglesia en 1995, como por milagro celestial las masacres acabaron, el miedo queda en recuerdos, pero aun así queda ese sentimiento amargo de que un día los malos vuelvan a mirar hacia aquellas ricas tierras del San Juan.

El día llega por fin, la noche dura más de una década, y los pobladores en vez de quedarse a lamentar quieren y tienen ganas de progresar, construyen colegios, construyen centros de desarrollo infantil, exigen a sus gobernantes vías de acceso, pero al ver el retraso ellos mismos con pala en mano abrían camino hacia el futuro que ellos veían cada vez con mas entusiasmo, llega un puente peatonal y lo aprovechan al máximo y sin importar el peligro caballos y motos lo cruzaban; 45 años hasta hoy han laborado, testimonios vivos como el de Manuel Díaz; hoy hay más de 700 personas viviendo en la vereda Mina el Alacrán, más de 200 familias que comen de la minería artesanal, que a pesar de ser golpeados representan la causa de los indefensos.

Siempre hay un “pero” en las historias, y ésta no es la excepción, desde finales de los años 90 la comunidad Mina el Alacrán había estado pidiendo permisos mineros al estado, la minería a mayor escala era una posibilidad para todos, un no tras no era la respuesta recurrente, un día de 2009 se encuentran con la noticia de que un completo desconocido, alguien nunca había viajado ni siquiera conocía el municipio de Puerto Libertador, ese señor tiene el título minero de esa zona del San Juan. Ese título pasa de empresa en empresa y un día llega alguien a visitarlos, Diego Caicedo, contratado por los canadienses que al final se quedaron con el título, llega a “ver si era viable el proyecto”, en su primer discurso con la comunidad promete mejoras para vías, colegios, un nuevo acueducto, y que los va a sacar de pobres a todos allá, no fue sino la primera taladrada que hacía esa empresa cuando comenzaron los problemas, comienza el afán de ellos de sacar a los pobladores cual perro callejero de sus propias tierras, cansados del maltrato deciden bloquear vías y a protestar por el atropello evidente por parte de ésta empresa, los gobiernos locales de alguna manera defendían y calmaban las aguas. Para el año 2013 esa empresa sale de la comunidad. En San Matías, una vereda vecina a La Mina, hay una empresa que viene operando desde antes, Minerales de Córdoba, ellos llegan en el año 2015, como tímidos a proponer cosas similares a la anterior empresa, ellos conociendo su experiencia anterior forman comités de dialogo con la empresa y llegan a acuerdos de inversión social, y todo marchaba relativamente bien hasta que empieza a marchar relativamente mal, así trabajan a medias con la empresa hasta 2018, cumplían los acuerdos pero parcialmente, resulta que desde el 2015 cada 6 meses se reunían en comité para acordar en lo que se iba a invertir socialmente, los habitantes ese 2018 llegan a hablar con la empresa para que cumplan con los acuerdos ya adquiridos y que una vez se cumplan pueden seguir trabajando y explorando, esa administración algo dura de tratar, pero la mayoría de veces se cumplía. Llega un cambio de administración, sale Claudia Herrera que hoy es investigada por manejos dudosos, aun así, había buena relación entre ella y la comunidad, en su reemplazo llega la desconocida Sara Armstrong, de Australia.

Allí inicia la campaña sucia contra los pobladores, en su primera reunión, líderes de la vereda y la nueva administración quieren hacer un tipo de empalme de lo que se venía haciendo, los líderes de la comunidad quedaron comprometidos con dar en escrito lo que se vino realizando en los acuerdos anteriores y qué cosas no, satisfecho con esa reunión y optimistas se van y entregan el informe la semana siguiente, esperando respuestas no hacen más que seguir sus vidas y el silencio para ellos por parte de la empresa se hizo incómodo, entonces carta tras carta pedían presencia de la nueva administradora en la zona, al fin se hizo contacto y lograron acordar otra reunión en el municipio de Caucasia, la señora Sara aseguró que no se quería aparecer por La Mina porque su vida corría peligro si se asomaba, y así con colaboradores de la misma comunidad contrarios a los mismos 16 líderes que tiene la vereda sabotearon la reunión asegurando que era muy sospechoso que la comunidad no quisiese una reunión en La Mina, insinuando que se quería esconder algo, que se le quería hacer daño a la señora Sara, ahí cuando más necesitaban estar unidos en contra de los abusadores, fue cuando más separados estaban.

Luego de meses se aclaran las cosas, y aun cuando la comunidad la invitaba a la señora Sara a conocer lo que administraría seguía su negativa, entonces se acuerda un encuentro de la comunidad en el municipio de Puerto Libertador, más de 400 mineros llegaron al evento, entusiasmados aún por las promesas vacías que les hicieron creer, sorpresivamente llega la señora, con sujetos armados, toma el micrófono y sentenció que ese proyecto se iba a llevar a cabo con el consentimiento de ellos o sin el consentimiento, boquiabiertos quedaron todos mientras ellas se iba, la multinacional Minerales de Córdoba ya había puesto sus cartas sobre la mesa.

Desde ahí lo único que ha habido son recados, demandas contra los líderes y campaña sucia, desprestigio a la comunidad y sus líderes, les llaman terroristas, les llaman paramilitares, han regado por todo el municipio y sus alrededores que por ellos el progreso no llega a sus comunidades, acusan a ancianos de 90 años de ser jefes de clanes y a los líderes les dicen organización criminal, el estado colombiano ha tapado los ojos y solo hace caso a lo que dice Sara, para ellos los más de 700 habitantes de esa vereda no son más que ovejas que pueden mover cuando ellos quieran, pero no, la causa de los indefensos está sumando apoyos, la causa de los indefensos quiere tener un millón de amigos para hablar más fuerte, la causa de los indefensos quiere mostrarle a todos que son gente de bien y que el terrorismo es algo que está usando esa multinacional Minerales de Córdoba contra ellos, una campaña de desprestigio que se repite en el mundo, que ha funcionado muchas veces, pero mientras ésta causa sea escuchada y se conozcan sus luchas y sus intenciones sumará cada vez más apoyos. Ellos temen por sus vidas, dormir tranquilo es solo un privilegio de unos pocos, el miedo de que se repita lo que se ha repetido en muchos países con multinacionales es el que no deja tranquilos a los Mineros, parece un libreto mundial, llega la empresa, prometen el cielo, sacan sus garras, desprestigian y echan como perros a las comunidades y en vez de llevar progreso llevan pobreza, y en el peor de los casos terminan en masacres; por humanidad debemos unirnos a causas justas.

La causa de los indefensos ha sido escrita en honor a las familias que están luchando por no dejarse atropellar por pretensiones extrajeras, a los líderes que vienen dando el cuero por hacer valer los derechos de sus coterráneos, en honor a los que ya no están y en defensa de los que vendrán.

About the author

Jhon Freddy Soto Ortega

Estudiante de Ingeniería Civil de la Univerdad del Norte, tecnólogo en Proyectos de construcción con énfasis en arquitectura, miembro activo de una fundación en Córdoba, dedicada a la protección y educación a niños, mujeres cabeza de familia y víctimas del conflicto.

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