«Junteros», «0Km/h», «Vieja Estrella» y «Aletas y costillas»

«—¿Alguien va para Cali? Silencio; lo miro desde mi niebla; deja abierto. A los que acabaron de entrar: —Disculpe, ¿dónde es esto? —Esta es la ciudad de Cartago Valle… ¿De dónde viene? —no alcanzo a oír; quizá de ningún lado; o de las ubres de la cabra—. ¿Va pa Cali? Faltan dos horas.»


 

Junteros

Debí contarle lo que haría un hombre, y más a esa hora en que ni los policías dejan a la sordina, en que el comedero fue vedado, por tener a una mujer pegada. Sea al roce de las prendas, suya negra y mía blanca por obsequio que me tenía, ante eso faltó haberle unas flores, ya que vimos despertar los negocios de la Placita, un ramo para tenerlo a las quince horas en el basurero próximo o, quién quita, en el pueblo, con sus libros de edición tapa dura, recomendación de Facultad. El caso es que en la silla del lector nos sentamos y acaricié su espalda escuche al defensor de derechos humanos ad hoc por siete meses en el monte; ella miró a los compañeros en el banco detrás, quiso levantarnos pero «No, quedémonos aquí», a lo que le dije «Ábrame espacio», y duramos lo que nos despachó Rodríguez, el nombre de aguacate, porque ya a las esperas de tabaco, botella y mariachi expulso.

 

Fátima, noviembre 18 de 2025

 

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0Km/h

Nueve y siete en el bus para el Valle.

Llamaron a lista, entraron los que faltaban, pasó el de los dulces y los plátanos fritos, y salimos de la Terminal escribiendo «Ya salimos, trasnochen». El afán restó el viaje a pocas maniobras; no somos los que abren paquetes y se pasan de limón o dulces.

Pasaremos por Itagüí: los familiares que allí tengo no saben que me voy. Solo quienes nos ayudaron con el equipaje, los que medían las horas según cuánto nos demorábamos con trancón y encartados.

Los anfitriones ya saben de nuestra parada en tiempo real. El frío hace que la gente «masque como caballos». Me pidió corregir, pero dejaré lo «natural»: eso salió de las primeras letras en castellano del scriptorum de San Millán de la Cogolla, pasó por una de las carabelas, se juntó un vasco y una indígena, y luego el deletreo mestizo con negra, y vino aquí, al servicio de transporte que cobra quince por maleta guardada. Si uno supiera a donde va a llegar el símbolo, repensaría el argumento de Azorín y Tejada de prevalecer la Naturaleza sobre los libros, siendo letrados y elementos de cultura.

Pero hace parte de la contradicción sabiduría y salvajismo, que en Mariátegui se expone en querer visitar Roma sin pátina cultural, y luego desfila artículos de literatos y arqueólogos.

También debiera pensarse en las crónicas escritas en bus, chalupa, avión para ampliar el espectro y moto: incluyamos malabaristas. Pues si de Lope se puede hablar de comedias mientras espera la comida, de alguno que pase desapercibido, y sea rescate de filólogo tratando de sacar adelante lo insalvable, organice la literatura en movimiento, en cuatro ruedas o de conductor.

—¿Y lleva cobijita?

—¡Uf hasta colchón! —responde siseante la vieja que apaga el celular, abre una riñonera, lo guarda y mira por el hueco de los dos asientos que nadie le haya visto los verdes; en efecto ese no soy yo, porque antes de que se volteara, le di fin a este circuito: cambio.

Dos de la mañana; lugar desconocido; Parador de Víctor: negocio; termina «Yo te lo digo Quique»; hay doce puestos y una señora: «Buenas noches, días»; el conductor, ojos chinos, rojos por debajo, pregunta:

—¿Alguien va para Cali?

Silencio; lo miro desde mi niebla; deja abierto.

A los que acabaron de entrar:

—Disculpe, ¿dónde es esto?

—Esta es la ciudad de Cartago Valle… ¿De dónde viene? —no alcanzo a oír; quizá de ningún lado; o de las ubres de la cabra—. ¿Va pa Cali? Faltan dos horas.

Motel Esparcimientos: título para una novela policiaca.

 

Valles, diciembre de 2025

 

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Vieja Estrella

El padre levanta hijos que no son suyos y mano gigante espejea relámpagos, abismal reflejo de mano callosa, primer amor dejado en costales, el amargo caminar del gallo picoteado a quien lo alimentó y lo incita, machete en las ancas, acumulación del espanto en verde pellejo, reciedumbre de los vetustos carneros, las vacadas y la hacienda, el tiro a la presa, muévete, los enrejados donde se escapa al juego, dados que especulan la noche cercenada e hijo del mundo nuevo aún habita, el velludo madruga las coces del brío, adelante, busquen y asistan a la misa en catedral pontificia, bauticen el poblado menos la casa del gran líder rotoso, desamparo en las huestes de jornal, corazón de caballos-piernas, mendiga cuya rula destajó el becerro y domó al tinterillo de salario parasitosis, oh epopeya del sombrero en que se acurrucan las migajas nacidas y el tío, ay gran precario, la cosecha al reycito mermador de cuentas, véanlo con ojo ciego, con patada de martillazo y clávenle el espanto a ver si lo aguanta, si cree de una vez por todas en el dolor de bruces, potreril contienda en que el primer soñador del seis-nueve quedó a la orilla.

Fátima, enero 7 de 2025

 

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Aletas y costillas

Come en la oscuridad, quitaron la luz por martes, avisaron desde el sábado pero los entrevistadores, en sesión de mueble, pijama e historia, se les pasó recordar en papel de nevera, el hombre, friolento, si por él fuera con saco, gorro, medias que le trajera la hija si del tocador se parara, justo hace dos semanas en Playa Dulce (Turbo), con suegra et al, que decidió, con los muchachos de bofe y arepa pequeña, ya listos para salir, una hacia Copacabana y el otro al fin del mundo, con semejantes que prefiere mirar de largo antes de cruzarlos como desconocidos, en donde arrecia la friolera en los huecos de casa estrato medio, gustar su pescado, no le paró bolas a los dedos besables por santos y por únicos sostenedoras de seis contigentes, que fue a la luz del cielo, la perrita con quien nos tomaríamos fotos de despedida, adelantándonos al pésame con la reproductibilidad para el Valle, gatos  con su padre chileno de segunda nacionalidad no legalizada, que lo invitaron afuera para que una espina, del traído de Puerto Berrío, aunque él diga los críen en cualquier pecera arrendada en finca de mayordomo, pero guapito y señor pidió cuchara los arroces y cada espina detectada la lengua le servía al dedo para separarlas, una por una sin contar, en la cáscara de banano, ofreció y pasó de ahí a la elíptica, al cuidado de las moscas en la tilapia.

Fátima, enero 13 de 2025

 

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Leídos por Fabricio Aguiar Walter, conductor del programa El Gato en el Tejado, FM Ricardone, Santa Fe, Argentina. «Junteros» corresponde a la dinámica «Caricia», diciembre 10 de 2025; «0Km/h» corresponde a «Tiempo», diciembre 27 de 2025; «Vieja Estrella» a «Campo», enero 10 de 2026; y «Aletas y costillas» a «Espinas», enero 17 de 2025.

Alejandro Zapata Espinosa

(Itagüí, Colombia, 2002) Licenciado en Literatura y Lengua Castellana (Tecnológico de Antioquia), y maestrando en Educación (Universidad Santiago de Cali). Miembro del Comité Editorial de Contacto Literario (Armenia, Colombia).

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