Necesitamos un cambio: Is it anybody out there?

Colombia necesita un cambio, el mundo necesita un cambio, y es urgente. Lo vemos todos los días en el noticiero, cada vez se pone peor. Algunos todavía lo niegan, pero la mayoría sentimos cómo la olla del mundo hierve, se pone cada vez más caliente, y está a punto de estallar, pero no estalla. En vez de explotar y formar un desastre, la crisis mundial es desinflada estratégicamente por partes. Crisis económica aquí, crisis política allá, y si la cosa se pone muy grave, las dos al tiempo, como ahora.

Pero es que ya no aguantamos más. En Grecia no aguantan más, en España no aguantan más, en Siria no aguantan más, en Colombia no aguantamos más. Estamos cansados de ser exprimidos y tratados como máquinas insensibles, a las que pueden alimentar con cualquier transgénico, educar con mentiras y engañar con desinformación. Estamos cansados de trabajar en puestos que sólo sirven para dar cuerda a la gran máquina, esa que nos quita la libertad y que nos está dejando sin agua, sin aire, sin bosques. Estamos hastiados de vivir la gran farsa del consumo que nos llena de falsas necesidades que sólo dejan insatisfacción en el alma. Estamos hartos de ver el desperdicio de recursos para producir aparatos con obsolescencia programada, mientras miles de millones de personas trabajan como esclavos para sobrevivir con menos de lo mínimo. Estamos indignados de ver desplazados de la pobreza y la guerra ser tratados como basura o morir por miles en fronteras, mares y campos minados.

Pobreza y guerra son dos males que podríamos eliminar casi absolutamente si quisiéramos, pero sólo porque muy pocos no quieren y se benefician, todos tenemos que llevar una vida en un orden mundial sin sentido, que nos obliga a dar la espalda a todo lo que importa, a la vez que nos seduce hacia la autodestrucción ética y estética, para que estemos tan ocupados con nuestros egos y vicios, que no podamos ni reaccionar ante semejante horror. Muchos podrán seguir pegados a pantallas y espejos y pretender que nada sucede, pero muchos ya no aguantamos más.

¿Qué consuelo queda cuando uno nace en este mundo que tiene que ver degradarse absurdamente sin poder hacer nada para salvarlo? En algunos países como Dinamarca, Islandia, Alemania, Japón u otros, hay gobiernos e instituciones que hacen lo que les toca: cuidar a su población. Para esto, garantizan un buen sistema de salud y de educación para todo el mundo. Cuando las personas no tienen un empleo, el Estado les ayuda a encontrar uno, y si puede, hasta les ayuda a sostenerse mientras consiguen. Cuando los ciudadanos de estos países salen de sus casa, encuentran una infraestructura que les permite comunicarse, transportarse, ir a organizaciones con todo tipo de servicios y productos y así satisfacer sus necesidades para desarrollarse plenamente, sin mayores obstáculos para nadie, porque en todos pensaron: ciegos, sordos, con movilidad reducida, etc. Desde luego, estas sociedades no son perfectas y cometen errores, a veces salvajes, como la segunda guerra mundial. Pero cuando los cometen, aprenden, se reponen y con transparencia y juicio vuelven a salir adelante, evitando repetir el mismo camino.

Hay otros países, en cambio, donde no sólo no hay consuelo, sino que la crisis mundial es opacada por la megacrisis local. En esos países, los gobernantes prefieren olvidar su deber, para ir a lamer la suela de los pocos en el globo que nos dejan sin todo al resto, y entregarles como tributo lo que puedan del país (un istmo, espacio marítimo, empresas y vetas de oro por ejemplo) a cambio de cualquier migaja de su atención. ¿Cuál es su propósito? Además de acumular la riqueza y poder de su país por siglos, y pasarlo de generación en generación, lo hacen para ir a una que otra fiesta glamurosa a ver si salen en revistas del jet set internacional, pues quien quita que en una de esas casen a una ilustre criolla con un príncipe de Mónaco y así empiecen a mejorar la raza para repoblar el país del que se avergüenzan.

¿Qué le queda a esos países, que además de estar expuestos a la salvaje dinámica económica global, no tienen un gobierno que los cuide? Ante todo les toca pagar. Todos los “buenos” servicios de salud, educación, recreación y demás en estos países son privados, para quienes puedan pagarlos solamente. Al resto le toca recibir servicios de pésima calidad o abstenerse de ellos y vivir mal o peor, según qué tan pobre y vulnerable sea. Pero si bien a los pobres les va peor, en general a todos en estos países les toca duro, porque incluso aquellos que son ricos, pagan impuestos demasiado altos para la calidad de las vías, de espacio, servicios y transporte público que tienen. Acaso el precio más alto que pagan los ricos de estos países es vivir en una eterna sensación de inseguridad y miedo por el entorno y los demás, temiendo desde que les arranquen el reloj, hasta que les secuestren un hijo, pues en estos países, las arraigadas fragmentaciones sociales han conllevado a violencias de diferentes tipos y a actividades criminales, que representan la única opción de vida para muchas personas, muchísimas.

Suena loco, pero es así. ¿Y qué estamos haciendo? ¿Somos tan culpables los que permitimos que esto pase mientras no hacemos nada? Ya sé que los dos problemas parecen imposibles, el local y más aún el mundial, pero ¿eso es excusa para no hacer nada? ¿No es mejor morirse intentando ser mejor humano, que tener una larga vida revolcándose en el fango de inmundicia social actual?  ¿No es mejor dejarle saber al mundo que no has cerrado los ojos, que no vas a cerrarlos y mucho menos la boca? ¿No es mejor no tener miedo y salir a defenderse con todo lo que uno es? ¿No es mejor dejarse de ideologías y empezar a trabajar todos en causas comunes que no dan más espera para resolverse? ¿Hay alguien ahí afuera que quiera hacer algo conmigo? ¿Tú?

 

About the author

Laura Villa

Magister Artium en Ciencia Política. Estudió en Alemania, pero regresó a Colombia para ser parte activa de su transformación. Por esto trabajó en el sector público 7 años, en la Alcaldía de Medellín, la Gobernación de Antioquia y el Gobierno Nacional (la ANSPE) en temas de internacionalización, alianzas público- privadas e innovación social. Hoy es emprendedora de Innove, un taller de pensamiento y acción para la sostenibilidad. Ha escrito para varias publicaciones y expuesto en eventos nacionales e internacionales. Habla y escribe inglés, alemán y español fluidamente. Es ambientalista, vegetariana y una activa ciudadana.

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