Hay que politizar el paro

Politizar el paro implica que se absorba toda esa energía que anda suelta en las calles y se establezcan y consoliden determinantes sobre lo fundamental…


Quedamos a ciegas en esta gran exaltación popular. Se hace imprescindible la reorganización. El desencadenamiento desordenado posibilitó un pasaje al acto bastante funcional para la consolidación de una gran fuerza acéfala que logró, parcialmente, interrumpir las decisiones del gobierno. Ya hoy es necesario repensar la lucha social y saber que un paro a largo plazo requiere de una agenda sólida que logre objetivos comunes en materia política. De no hacerse, este impensable esfuerzo ciudadano se ahogará en sí mismo.

Se debe saber que el hambre y la indignación son sustancias profundamente válidas para propiciar la exaltación y la lucha por los derechos, pero no son virtuosos consejeros. Al ser la una respuesta primitiva e instintiva y la otra emoción primaría pueden ser fácilmente adulteradas. Por tal razón deben saberse encauzar, impidiendo que se conviertan en una escueta radiografía del alzamiento popular. Sentir hambre es una sensación netamente biológica, pero comer es un acto claramente político.

Politizar el paro implica que se absorba toda esa energía que anda suelta en las calles y se establezcan y consoliden determinantes sobre lo fundamental; es decir, ese poder casi anárquico que sacude el país debe canalizarse hacía unos objetivos políticos que estén en correlato con las grandes necesidades sociales que tiene la ciudadanía. El foco debe ser lo barrial, lo regional (como bien supo hacerse días atrás en el municipio de Bello-Antioquia, en el que se organizó una asamblea popular, pensada para recoger no solo el sentir de la población sobre lo que está sucediendo, sino también para generar ideas y propuestas encaminadas a forjar la agenda política que reordene el accionar social); en esos micro lugares se deben propiciar espacios de liderazgo que faciliten una apuesta común sobre las prioridades que requieren dichas poblaciones. De esto, seguramente, saldrán elementos colindantes con las necesidades urgentes de otras comunidades. Poniendo en conversación esos puntos se puede, a su vez, trazar una ruta clara a nivel nacional.

Sabemos que el paro no se limita única y exclusivamente a la movilización y el grito de arengas, el paro debe tener un trasfondo que posibilite resultados concretos en materia sociopolítica. Sin embargo, no debe ser tampoco reducible a los famosos pliegos de peticiones que tanto se utilizan en este tipo de acontecimientos, la ruta debe ser más ambiciosa: la consolidación de fuerzas comunitarias que desarrollen un papel político activo a nivel local.

Jorge Jiménez Zapata

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