¿Hay espacio hoy en día para el aburrimiento?

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“El aburrimiento es un paño cálido y gris formado por dentro con la seda más ardiente y coloreada en el que nos envolvemos al soñar”


Que la vida se ha plagado de estímulos no es noticia para nadie, la tecnología trajo consigo un constante bombardeo a nuestros sentidos. La información demora segundos en recorrer el mundo, siempre hay algo nuevo de qué hablar, siempre hay una nueva serie para ver, una nueva película, o un nuevo videojuego.

En el celular tenemos “todo”, ya no se centraliza la atención con la televisión, en una familia de 4 bajo un mismo techo todos los integrantes pueden estar viendo algo distinto, comentando sobre algo distinto, jugando a algo distinto, siempre hay algo para entretenerse.

Además, no es necesario ni concentrarse mucho, todo viene bien digerido, y si no lo viste, te enteras en los grupos de Whats app, si te aburriste, tenés otras miles de opciones para ver, otra plataforma con otro contenido, otro juego nuevo que te mantenga entretenido. ¿Cómo vas a aburrirte?

Ahora bien, qué hay de malo en esto puede ser la primera idea que nos surja, ¿a quién le gusta aburrirse? ¿Acaso hay algo positivo en el aburrimiento?

Puede ser que, sí lo haya, resulta que está inyección constante de información, de estímulos y de entretenimiento ocasionas una forma de atención que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en su obra “La sociedad del cansancio” denomina “hiperatención”, y la define como una “atención dispersa” que “se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos. Dada, además, a su escasa tolerancia al hastío, tampoco admite aquel aburrimiento profundo que sería de cierta importancia para un proceso creativo”.

Es que esta “hiperatención” que sin duda nos caracteriza y que nos permite sostener el acelerado ritmo de vida, el constante aumento en nuestro rendimiento laboral se contrapone y hasta inhibe por completo la atención profunda y contemplativa. La falta de este último tipo de atención bloquea por completo la capacidad de crear, le cierra las puertas a la imaginación y por lo tanto al arte.

El aburrimiento es “un paño cálido y gris formado por dentro con la seda más ardiente y coloreada” en el que “nos envolvemos al soñar” expresa el filósofo alemán Walter Benjamin en su obra “El narrador”. Es que hay sin lugar a duda algo muy hermoso en el aburrimiento, pero para verlo es necesario poder estar tranquilo internamente, es necesario ser capaz de detenerse, salir de esa hiperactividad.

Ser activo es quizás una de las características más valoradas en nuestra sociedad, para Nietzsche los hombres activos tienen un principal defecto: “A los activos les falta habitualmente una actividad superior… en este respecto son holgazanes. La desgracia de la gente activa es que su actividad sea siempre poco razonada… Los activos ruedan, como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica”.

Salir de la intensidad de la jornada laboral para sumergirnos en la sobreinformación, en las redes sociales y en las inagotables fuentes de distracción es lo que nos hace rodar como una piedra, es lo que nos impide aburrirnos.

El tiempo de ocio es lo que nos está faltando, pero no el ocio que hoy en día se define como ese tiempo gastado en televisión y celular, el ocio de los griegos [Skholè (σχολή)] ese tiempo dedicado a la contemplación, a la observación de lo interno y de lo externo, a la reflexión. Permitámonos aburrirnos, cerrémosle la puerta a los estímulos para abrirla a la imaginación, al menos por un rato.

About the author

Rodrigo Pereira

Soy un apasionado de la reflexión y de las ideas de quienes se han detenido, en este mundo que no para, a ver las cosas de una forma distinta. Mi formación en leyes me permitió cuestionarme más aún las reglas que nos impone la sociedad y cómo todo, absolutamente todo, es diferente dependiendo el punto de vista en el que nos situamos. Firme creyente de que el sabio es el que sabe que no sabe, aspiro cada día a estar un poco más seguro de que efectivamente no sé nada.

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