¿Hacia dónde va el pénsum del pregrado en Derecho?

“Los abogados tienen en sus manos el destino de su profesión”


La Influencia de la tecnología en el derecho es una realidad que unos y otros ven de manera distinta. Algunos confían en que los abogados son esenciales y que las máquinas no van a poder reemplazarlos por no llegar a análisis tan concretos, de igual manera consideran, como punto clave para el abogado, la relación con el cliente y la “calidez” que no es propia de las máquinas.

Del otro lado, están aquellos que consideran que herramientas como la inteligencia artificial y el machine learning, si bien hoy no reemplazaran al abogado, en el futuro absorberán muchas de sus tareas y los obligaran a encontrar otros medios para desarrollar su profesión, necesitando incluso ampliarse a otras ciencias.

La respuesta a esta pregunta dependerá mucho de a quién se le formule. Aquellas personas afines a las denominadas ciencias exactas responderán, en gran medida, de manera afirmativa a que la tecnología reemplazara los abogados; por otro lado, los abogados defenderán su profesión. Otros, más conscientes, responderán que el jurista deberá adaptarse a los nuevos retos que le plantea la tecnología. Cada quien tiene un punto de vista, pero en lo que todos deben coincidir es que la tecnología influirá en los profesionales del derecho, de allí surge una pregunta interesante: ¿Quién es el más afectado por la tecnología en el mundo del derecho?.

Las aplicaciones y herramientas más avanzadas aplicadas al derecho son aquellas que han servido como apoyo al abogado, especialmente en gestión documental, búsqueda más específica de fuentes y la elaboración de algunos documentos como memoriales o contratos sencillos. Esas funciones las han desarrollado aplicaciones como Legalzoom.com, RocketLawyer.com, Ross de IBM, DoNotPay.com y demás. Sin dejar de lado que ya existen algunas aplicaciones que resuelven conflictos como Modria.

Tareas de las que se encarga principalmente el abogado junior, aquel abogado recientemente graduado de sus estudios profesionales o con poca experiencia y que aún no cuenta con conocimientos especializados en alguna rama del derecho. Vale preguntarse entonces, ¿las instituciones de educación superior nacionales están preparando a los nuevos abogados para los desafíos que les depara la disrupción de la tecnología en su profesión?

Es común ver los diferentes posgrados ofrecidos por universidades nacionales, sea especializaciones o maestrías, enfocadas en la TIC, pero poco común ver programas de pregrado en derecho que oferten cursos relacionados con la aplicación de las tecnologías de la información a la profesión jurídica; se siguen planteando facultades de derecho muy ajenas a las demás carreras que ofrecen estas instituciones de educación superior. Extraña, por ejemplo, que hoy no sea regla general ofrecer programas a los estudiantes de derecho relativos al procesamiento y minería de datos como Big data, o a la aplicación de herramientas de diseño a la profesión legal como sería el Legal Design.

La universidad de Stanford, por ejemplo, ha sido pionera en Legal Design, tanto así que cuenta con el Legal Design Lab, que, como reza su presentación: “El laboratorio de diseño legal es un equipo interdisciplinario establecido en la escuela de derecho de Stanford y la facultad de Diseño, que construye una nueva generación de productos y servicios legales.”[1]

Manifiesta José Torres abogado de la Universidad de los Andes especializado en innovación legal y que fue Fellow en el Stanford Legal Design Lab. que este proyecto tiene como finalidad:

“Incorporar técnicas de design thinking en el derecho y reimaginar cómo pueden ofrecerse los servicios legales. Busca crear una mentalidad de innovación y creatividad en los estudiantes y hacer investigación en una variedad de áreas.

Una de ellas es el acceso a la justicia, otra es cómo fomentar la innovación en firmas de abogados, departamentos legales y en el gobierno. En el Lab, tuve la oportunidad de profundizar en la intersección del diseño, la ley y la tecnología”. [2]

Recientemente Ámbito Jurídico publicó un artículo denominado “Panorama de enseñanza de TIC en las facultades de Derecho” allí, al estudiar los programas ofrecidos por algunas de las universidades más reconocidas a nivel nacional, se concluyó  y se cita: “Si bien este es un recorrido por algunas universidades, lo cierto es que de este ejercicio se nota que la oferta académica requiere ampliarse en maestrías o especializaciones; pero vale reconocer que se abre cada vez más espacio a materias o electivas enfocadas en TIC”.[3]

La verdad es que no solo se trata de más especializaciones y maestrías, como ya se dijo, el abogado más desplazado por la tecnología será aquel que realiza las tareas más automáticas, por ello, el catálogo debe ampliarse desde los pregrados que se ofrecen en las facultades de derecho, y no solo ampliarse, fomentar el estudio de este tipo de cursos por parte de los estudiantes de derecho.

Hoy debería ser una materia obligatoria en el pénsum de derecho aquella que se enfoque en la gestión y protección de datos personales, así como el estudio de la normativa aplicables al comercio electrónico; se destacan aquí, tomando de nuevo como fuente el artículo elaborado por Ámbito Jurídico, la Universidad Libre, La Nacional, la Universidad del Rosario y Sergio Arboleda las cuales ofrecen este tipo de cursos.

Aunque hoy hay una proliferación de cursos de formación continua, diplomados, webinars, entre otros, relacionados con otras áreas del conocimiento aplicadas al derecho, en los pregrados poco o nada se ve de este tipo de cursos, por ello, no sería extraño que en el futuro cercano y ojalá así lo fuera, las facultades de derecho del país empiecen a fortalecer vínculos con otras facultades de sus universidades para crear programas que apliquen estas áreas del conocimiento para la mejora del derecho, así como lo ha hecho Stanford.

Algunos de los ejemplos concretos del panorama que se le avecina al abogado recién egresado lo plantea BakerHostetler:

“Uno de las más grandes de Estados Unidos, anunció en 2016 que había contratado a su primer abogado robot, llamado Ross, tanto la empresa como su fabricante se apuraron a decir que los abogados que trabajaban en la empresa no perderían sus empleos. No había nada que temer, dijo la empresa. El nuevo abogado robótico sólo sería un colaborador más de sus colegas humanos. El bufete, de 900 abogados, explicó que el nuevo abogado robótico ayudaría a los 50 abogados del departamento de quiebras en tareas rutinarias de investigación de jurisprudencia, un trabajo que hasta ahora habían realizado jóvenes recién egresados de la escuela de derecho”.[4]

También, DLA Piper desde 2015 trabaja con un software de inteligencia artificial creado por Kira Systems, el cual ha aplicado en sus prácticas corporativas, de propiedad intelectual y tecnología, y que desde 2016 aplica al due-diligence de los documentos objeto de fusiones y adquisiciones. Dicha herramienta es un software de machine learning que se encarga de buscar textos en contratos, para posteriormente crear un resumen y análisis de lo más relevante, permitiendo una mejor organización de la información para su análisis. [5] Como lo expresa Kira Systems en su sitio web: “Permite a tu equipo conocer realmente lo que hay en tus contratos y documentos. Descubre lo más importante y revela nuevas soluciones con el software de análisis de contratos de Kira impulsado por IA[6]

Esto ha llevado a plantear a las firmas de abogados del futuro de una manera muy distinta, por ejemplo, para Andrés Jara:

“Estamos viendo un cambio en el modelo de las firmas. Y esto resulta en un cambio de paradigma en la estructura de la carrera del abogado.  Muchos autores han escrito sobre cómo serán las firmas del futuro. Y todos están de acuerdo en que la carrera del abogado rápidamente se está volviendo obsoleta porque una gran parte de las funciones de los abogados junior son trabajos rutinarios que pueden ser automatizados.”[7]

Es posible entonces que las firmas del mañana sean cada vez más especializadas, con menos áreas de trabajo, y con abogados con conocimientos en áreas muy concretas, mientras que serán muy pocos los abogados apoyaran los procesos automatizados por las máquinas, esto se traduce en menos oportunidades para el abogado junior que solo sabe de derecho.

Esto no solo se evidencia en las firmas de abogados, las áreas legales de las empresas cada vez se encuentran más relacionadas con otras áreas de la misma estructura empresarial, por ello es clave contar con conocimientos adicionales al derecho para los aspirantes a iniciar su desarrollo profesional en grandes empresas nacionales e internacionales. Es común las grandes empresas hoy estén creando áreas y centros de innovación donde el derecho juega un papel importante.

Vienen desafíos interesantes para el abogado del futuro: la protección y gestión de datos personales hoy es clave; desde el año 2018 se radicó el proyecto de ley 028 que busca regular las criptomonedas, lo cual tendrá gran incidencia en las operaciones económicas basadas en Blockchain. Han ido tomando fuerza herramientas como los Smart Contracts, tokenización de activos y demás tecnologías que requerían abogados recién graduados que al menos conozcan el panorama al que se van a enfrentar.

El llamado es entonces a que el derecho y las facultades que imparten esta ciencia social deben dejar a un lado el pensamiento clásico de ser facultades a parte, cerradas a conocimientos propios de otras ciencias. Las instituciones de educación superior que ofrecen programas de derecho deberán preparar a los nuevos abogados del futuro y esto requerirá un trabajo conjunto con otras áreas del conocimiento, cada día el no saber matemáticas o dibujar como argumento para estudiar derecho, pierde más fuerza.

Sin embargo, la tarea no es exclusiva de las universidades, estas deben cumplir el papel de impulsar y promover el desarrollo multidisciplinario del abogado, pero a fin de cuentas la decisión recae en el estudiante, muy posiblemente muchos de estos cursos que aplican las TIC al derecho se ofrecerán como “optativos” o “electivos”, por lo que será elección exclusiva del aprendiz.

El cambio es inminente, no quiere esto decir que sea algo negativo, hay que acoplarse y ver la tecnología no como una amenaza, sino como una herramienta que va a permitir optimizar procesos, ofrecer productos y asesorías con una mayor calidad y más especializadas, además de reducir costos para nuestros clientes, ampliando así el mercado y teniendo la oportunidad de incursionar en nuevas áreas del conocimiento. Los abogados tienen en sus manos el destino de su profesión.


 

[1]Tomado de https://law.stanford.edu/organizations/pages/legal-design-lab/?fbclid=IwAR04lrghN8Gi7PB0u32jzCaC3AGp9WLDHHOVsaiaH18gLsSw1eOvDA7AqHw. Traducción del autor.

[2]Ast, Fedrico.  Los desafíos de la Innovación en el Mundo Legal, 4 de abril de 2020. https://medium.com/astec/los-desaf%C3%ADos-de-la-innovaci%C3%B3n-en-el-mundo-legal-1b4f6789e668.

[3] Carmen Elena Gutiérrez, Panorama de enseñanza de TIC en las facultades de Derecho, 24 de junio de 2020. Publicado en ámbito Jurídico. https://www.ambitojuridico.com/noticias/tecnologia/educacion-y-cultura/panorama-de-ensenanza-de-tic-en-las-facultades-de-derecho?fbclid=IwAR07KwE3yPhZAWwUlz5jDdMET72xuhGbNaOi1eAePe5W1QjKIqrFr00QZSU

[4] Opeenhaimer, Andrés. ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización. Bogotá: Debate. 2018, p. 142.

[5] https://www.abajournal.com/news/article/dla_piper_to_use_artificial_intelligence_technology_for_ma_document_review

[6] https://kirasystems.com/. Traducción del autor.

[7] Ast, Federico.  The Law firmo f the Future and the New Skills of Lawyers in the Dgital Age, 14 de junio de 2020.  https://medium.com/astec/the-law-firm-of-the-future-and-the-new-skills-of-lawyers-in-the-digital-age-af2ba33751d7

Juan Pablo Calle Gallego

Soy abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana y me encuentro cursando una especialización en Derecho de los Negocios en la universidad Externado de Colombia. Mis mayores intereses se encuentran en escribir sobre temas jurídicos relacionados en gran medida con el derecho Comercial, Societario y Tributario; también me interesan temas relacionados con la aplicación de las TIC´S en el Derecho.

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