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Hablemos sobre los candidatos

Hacer un resumen y opinión sobre los candidatos más opcionados a la Alcaldía de nuestra ciudad era algo que tenía en deuda con ustedes desde hace varios días y quería esperar justamente hasta esta semana para que tuvieran una opinión fresca de cada uno de estos personajes. IMPORTANTE decir que, aunque personales, estas opiniones son el fruto de muchas horas pensándole a todos los candidatos, por lo que espero que el lector tenga la madurez suficiente de no tomar personal cualquier opinión y simplemente verla como una idea más para debatir. No pienso hacerle campaña a nadie ni convencer por mi voto, sólo quiero que escuchen otro punto de vista y lo tengan en cuenta. Comencemos.

Una reflexión previa

Lo primero que debo decir es que, alejándome un poco de la costumbre, centraré esta columna en una opinión basada no como resumen de propuestas sino como análisis general de cada uno de sus programas de gobierno, sumado a lo que se observó en debates y a lo que conozco de ellos en su persona y en su forma de ser detrás de las cámaras. Este cambio, porque una conclusión a la que llegué luego de leer todos esos programas de gobierno fue que hay muchísima ambigüedad en casi todos y que, además, casi como si se hubieran copiado la tarea del colegio, muchos son sorprendentemente similares en sus ideas y sus bases. Educación, salud, seguridad, empleo, vivienda; no hay mucha diferencia. Es decepcionante, claro, porque uno esperaría que el próximo Alcalde brille por su inteligencia e innovación y no por su marketing o habilidad de repetir propuestas, pero a eso nos ha llevado la política hoy en día. Nuestro Alcalde no será alguien con ideas originales, sino el que sepa comunicarlas mejor a la gente. Es una realidad de nuestra época.

Además de esa apreciación, quiero también mencionar rápidamente que tengo cierta sensación de decepción en estas elecciones. Si ustedes se dan cuenta, estas elecciones han girado alrededor de candidatos no tan originales, no tan preparados, no tan convincentes; prometiendo inversión en todos los temas habidos y por haber sin sentido. Si hiciéramos la cuenta de cuánto costarían todas esas promesas, necesitaríamos quizás el doble de presupuesto que tiene toda la ciudad. ¿Se dan cuenta de eso? Mi preocupación va entonces a que hace tiempo no veía una contienda tan regular, tan vacía en sus ideas, con candidatos en el fondo tan similares, algunos fabricados por sus asesores. Pocos se salvan de no estar realmente preparados para esta ciudad. Con eso, por supuesto, no quiero desconocer el valor y las cosas buenas que tienen algunos candidatos, que en su momento diré; pero sin duda nos vienen cuatro años de incertidumbre completa, mírese por donde se mire.

Mi primera conclusión con esta reflexión es entonces que un Alcalde debería realmente encarnar una simple pero poderosa y ejecutable idea de transformación que no esté fabricada en un eslogan de campaña sino representada en algo muchísimo más profundo. Si para ustedes alguno de ellos cumple con eso, opten por dicha persona.

Ramos, Quintero y Gómez: los jugadores

Aunque para muchos pueda sonar extraño, para mí no hay nada de diferente entre Alfredo Ramos, Daniel Quintero y Santiago Gómez. Pero más que encontrarle esas similitudes que poco aportan al debate, lo que sí es cierto es que los tres son estrategas que, sí o sí, harán lo que sea por llegar a la Alcaldía. Con gastos inmensos de campaña, son candidatos que yo no recomendaría por una razón en común: su historial político.

 

 

Alfredo Ramos es como de esas personas que no sabía que su profesión era la política, pero sólo por estar en la familia Ramos terminó involucrado en ella casi que por destino. Su perfil era el de un empresario de la alta sociedad hasta que, sin reconocimiento político previo, terminó adentro de la lista del Congreso 2014 del Centro Democrático por proposición de Álvaro Uribe. Su única experiencia en el sector público fue ser congresista (no tan acertado, además) por cuatro años. Rescato mucho que su principal tarea en la política sea cambiar el sistema corrupto, pero el problema es que él lo está intentando hacer desde el mismo sistema; ignorando los problemas de su partido y del Gobierno en todo el país. De las propuestas de Ramos lo poco que rescato es que está bien asesorado, pero al leerlo se da uno cuenta de inmediato que no son sus ideas: la mayoría no son medibles ni en el tiempo ni en números, repletas de palabras ambiguas como “fortaleceremos” o “mejoraremos”, ignorando también muchas quejas sociales como por ejemplo el problema de los desplazados en Medellín y sus “invasiones”. En suma, no explica bien sus propuestas en debates: es como si él mismo no se las supiera, como si estuviese entrenado sólo para responder preguntas y ya. Con él dicen “InspiRamos”, pero meses han pasado y sigue siendo un candidato sin un norte claro, sin una bandera o ideología delimitada. Para cerrar, algo que no me agrada de que Ramos sea el candidato del Centro Democrático es que había gente más preparada y correcta, como Ana Cristina Moreno por ejemplo. Es casi como si su apellido lo hubiera hecho ganar; y yo no sé ustedes, pero para mí que un candidato esté punteando en encuestas sólo porque es del partido más poderoso y porque tiene un apellido poderoso, no me da buena espina. No votaría por él, porque siento que no estoy votando por un candidato, sino por muchos asesores y personas poderosas en la sombra que desconozco y que, tal vez, lo influencian.

 

 

Ahora, el tema realmente complejo es con Daniel Quintero. Complejo, porque a diferencia de Ramos, Quintero sí tiene un poco más delimitada su bandera: la cuarta revolución industrial de Medellín. Un concepto todavía muy vago para muchos, pero que él de una u otra forma domina mejor que los demás. Ahora bien, el tema es complejo porque Quintero es un candidato sospechosamente limpio: se vende a sí mismo como el candidato diferente y renovador sólo porque supo manejar bien las redes sociales y hablar mal de una serie de empresarios y políticos; pero en su historial político hay razones para creer que no todo es color de rosas con él. Aunque su programa de gobierno tenga un poco más claras y medibles las ideas (algunas interesantes y buenas), éstas sorpresivamente no distancian mucho de las de Ramos: ambos están bien asesorados. Pero el punto, de nuevo, no son sus propuestas: Quintero ha demostrado ser el clásico político que se mueve de un lugar a otro por comodidades. Y ojo, que no hablo de su apoyo a Gustavo Petro, porque eso no dice nada de él, sino de su salto por diferentes partidos y movimientos, su pasado en las entrañas y extensas maquinarias del Partido Liberal y su (quizá sólo de joven) intenciones de figurar. Para mí es como el muchacho que siempre quiso estar en la política (lo cual es muy válido) y que por ende buscó cómo ser reconocido; pero que con el paso del tiempo, justamente para ser reconocido, cedió alguno que otro principio y terminó engavetado en un Ministerio de Juan Manuel Santos cuando fue (y se supone sigue siendo, pues así se muestra) tan contradictor de la clase tradicional política. ¿Coherencia? Es ahí donde me preocupa: es un auténtico camaleón. Tiene buenas ideas y sabe comunicarlas bien, pero no votaría por él, porque así como Fico, puede ser eventualmente alguien que está mostrando algo que no es. Prefiero prevenir.

 

 

Finalmente, yo creo que el tema de Santiago Gómez se zanja fácil. Otro jugador por excelencia, sobre todo con tanta acusación encima. Para mí es el peor candidato de la contienda: no hay ideología, no hay transformación, no hay cambio, no hay propuestas nuevas, no hay buen debate, no encara sus problemas. Es que él mismo lo reconoce: él encarna el “continuismo”, y un poco de juego sucio. Toda su vida política se la ha pasado a la sombra de Fico, lo que, supongo yo, le ha herido un poco el ego. Digo eso porque quiero ser franco con algo y que creo es la razón reina para desistir de él: si ya fue nada más que el Secretario de Gobierno de la Alcaldía (el segundo cargo más importante), ¿por qué la necesidad de lanzarse? ¿por qué no aprovechó su estupendo cargo para hacer todo lo que dice que quiere hacer? Que nos dé a todos una buena razón además de la de que “seguimos contando con vos”. A mí Santiago Gómez me suena más bien como al que no le gusta estar de segundón y quiere el primer puesto. ¿Deseo de figurar? Quizá. Pero con eso, sumado a todas sus acusaciones y a su programa de gobierno falto de ideología y repleto de metas cortoplacistas, pierde mi confianza. No hay un sueño de ciudad. No votaría por él, porque no quiero lo mismo de siempre y porque si no aprovechó, eso me indica que tal vez sólo quiere figurar en los libros de historia.

PD: de Juan Carlos Vélez, pues bueno, yo creo que la gente no va a salir berraca a votar por él, así que no es necesario hablar.

Beatriz Rave, Víctor Correa y Valderrama: los pensadores

Ahora bien, la cosa política cambia cuando hablamos de estos tres personajes. Es importante aclarar que si bien son diferentes, así como especifiqué con Ramos, Quintero y Gómez; a estos tres los une algo que no había en los candidatos anteriores: ideologías claras y centros de pensamiento. Empiezan ganando, pienso yo, porque estos candidatos sí defienden algunas ideas que son más claras, aunque por supuesto hay mucha tela por cortar y algunas acotaciones por hacer.

 

 

Beatriz Rave una mujer relativamente nueva en la política. Ella es como la outsider de la contienda: es una mujer arquitecta estudiada, que se enfocó más en trabajar por el desarrollo de su ciudad que por estar en una contienda política. Durante toda su vida se enfocó en algo que ahora es su bandera de campaña y que, rescato mucho de su programa de gobierno, refleja cuidadosamente en sus propuestas: la sostenibilidad. Ese cuento de la sostenibilidad no es fácil aunque todos los candidatos lo mencionen como si fuesen sus banderas o porque está de moda mundialmente. Lo bueno y lo malo de un outsider (es decir de alguien que no ha estado tan relacionado con la política) es que no sabemos bien cómo sería su forma de gobernar. Es como probar lo que no se conoce, y ya es cuestión de impresiones y de confianza el votar por ella. Rescato que sea conciliadora y pasiva, pero desconozco su tesón para confrontar decisiones públicas de altísima presión como las que se viven en la oficina del Alcalde. Podría ser más y podríamos tener más pistas de ella, pero es algo que a simple vista no tenemos por necesidad de conocerla más. En ella veo una mujer que estrenaría el cargo para su género de una manera muy seria y responsable. Yo votaría por ella, porque tiene una ideología importante y porque de una u otra forma no está permeada por la clase política.

 

 

Víctor Correa es caso a parte en estas elecciones. Es para mí el único de todos los candidatos que sabe lo que es liderar una idea nacional, que nació de las entrañas del movimiento estudiantil y que pelea hace muchos años por los sectores más vulnerables de la ciudad (a diferencia por supuesto de los tres primeros candidatos). Un médico que nunca se vio en política, pero que lo llama la vocación de servir. En él siempre he visto un excelente contradictor político y un excelente veedor: tiene posturas claras, está actualizado en las teorías más modernas del desarrollo social, tiene un panorama general de las dificultades del país en la cabeza y de una u otra forma sabe luchar por esos ideales. Su norte es quizás el más definido: la lucha social de los pobres. Pero, por supuesto, lo que es su mejor atributo también es su gran debilidad: su falta de experiencia en la administración, en la ejecución. Me explico: ser un sobresaliente líder de causas nacionales y luchas sociales no necesariamente le da las herramientas para ser un sobresaliente ejecutor de desarrollo público. Una cosa es el que controla y denuncia, otra cosa es el que toma las decisiones y maneja la plata. Son dos cosas muy diferentes y en este candidato no hay experiencia que nos permita saber qué tan acertado sería o no en un rol de decisión y ejecución. A pesar de eso, me atrevo a decir que es un buen candidato por conocer los problemas de la ciudad que tal vez ningún otro candidato, en el fondo, conoce; eso le suma puntos. Yo votaría por él, porque sí conoce al pueblo de verdad y desde la universidad lo acompañó en sus luchas.

 

 

Por último tenemos a Juan David Valderrama, un hombre bastante particular. Él suele presentarse al público como el “yupi del empresariado” que se pensó en su vida como un empresario y terminó metido en la política como servidor público. Es curioso que un candidato se presente así, pero es sincero y eso le da buenos puntos. De Valderrama hay que reconocer algunas cosas que son supremamente valiosas, y es que su programa de gobierno es de lejos el mejor construido: hay algunas ideas realmente interesantes, hay factores medibles y tuvo un proceso de construcción muy amplio y con mucha participación de la gente. En suma, él ha tenido experiencia en lo público y, desde su enfoque de empresario, impulsó uno que otro proyecto para generar y liderar su actual bandera: el desarrollo económico de la ciudad. Ese trabajo es importante y eso se necesita sin duda en un Alcalde, pero de él hay situaciones que me inquietan. En primer lugar, creo que él estaba confiado en que iba a tener mejor desempeño en estas elecciones y eso le hizo entrar en competencia desleal (como cuando dijo que Ramos era la extrema derecha, Quintero la extrema izquierda y él era el centro sólo para obtener votantes). Desacertado por completo. En segundo lugar, siento que aunque su equipo muestra la cara de una campaña parchada y joven de la política que piensa mantenerse en el tiempo bajo la consigna “Todos Juntos”, él no refleja realmente esa sensación fresca y carismática de la política y, quizá, su colectivo, ojalá que no, termine teniendo el mismo destino que el movimiento de Fico, “Creemos”. Todos Juntos es algo valioso y debe mantenerse, y creo que Valderrama está en estas elecciones aprendiendo de algunos errores y mejorando para ser eventualmente mejor opción en las próximas. Yo votaría por Valderrama, porque tiene buenas propuestas y tiene un muy buen equipo de trabajo.

La decisión está en la convicción

Antes de terminar, quiero recalcar algo y es lo importante de que cada uno de ustedes se sientan cómodos con el voto que están dando. Las opiniones que yo esgrimí aquí son unas cuantas de las muchas que puedo tener sobre ellos, positivas y negativas, pues sin duda nadie es perfecto. Parte de la democracia es entender que el candidato perfecto no existe, que el voto en blanco es una opción sólo cuando queremos manifestarnos contra algo definitivamente macabro, pero creo que éste no es el caso. Siendo así las cosas, quisiera que por un momento dejaran de ver todos esos videos que pautan los candidatos, todas esas imágenes arregladas y páginas web estilizadas; y que indaguen más allá de lo que ellos muestran. Que les examinen sus gestos, su forma de responder una respuesta, su forma de ejecutar una propuesta, las personas que los financian, los que lo asesoran, el equipo que los rodea, las banderas que defienden y demás. Créanme que es ahí cuando conocerán realmente a su candidato y podrán tener la decisión más clara. Será así como podrán saber por quién votar sin sentirse estafados por la democracia.

Yo creo que en Medellín se aproxima una transformación tremenda en la cual la convicción será nuestro principal motor de confianza. Vamos por ese camino y nuestro llamado es a ser ciudadanos más responsables. ¡Hagamos las cosas por convicción!

Esto fue escrito por

Santiago Osorio Moreno

@SantiOsorioM | Soñador de la transformación social y política de Colombia. Abogado de la Universidad EAFIT. Director de la Corporación Convicción. Analista y activista político. Trabajó como asesor jurídico en el Concejo de Medellín, voluntario en Handicap International y apoyo jurídico a la elaboración de políticas públicas para posconflicto en la Alcaldía Mayor de Bogotá. Exsubdirector de Al Poniente. Amante de la música y la lectura.