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Gobernabilidad selectiva: las dos ciudades

FOTO: EL COLOMBIANO

Amerita detenerse y con suma responsabilidad, elevar una crítica en tono de alerta, sobre cómo se gobierna hoy Medellín. Caminar este Valle, permite conocer de primera mano las características de los territorios, las variables que se presentan entre zonas, y la existencia de fronteras, estas no invisibles, ni de tipo ilegal, más sí de garantía y no garantía de derechos, que van desde un pleno goce de los mismos, hasta su más mínima satisfacción, traducida en falencias de oferta institucional y más grave aún, y dicho a ojo, en un alto índice de necesidades básicas insatisfechas.

Pareciera ser que la gobernabilidad se ha sectorizado, que la administración solo actúa para ciertas zonas y que beneficia y abandona parcialmente, discutible, claro que sí; “Las demandas de la ciudadanía siempre incrementan” de allí que sea utópico tener aceptación plena de las actuaciones públicas, lo que no podrá ser nunca una justificación viable frente a los vacíos que quedan en algunos territorios y que conllevan a plantear la existencia de dos ciudades: Medellín y la otra Medellín.

La primera ciudad, la amigable, la que “cuenta con vos”, la central, la de los medios de comunicación, la que les sonríe a los Derechos Humanos, goza de una oferta abundante que “garantiza” los DESC, es visitada por las instituciones, es mencionada en todo momento y se caracteriza por ser poco frecuentada por la fuerza pública. La otra Medellín por su parte, tiene una precaria cobertura en todo sentido; alumbrado público, servicios públicos, escenarios deportivos y oferta institucional, su principal característica es que solo se menciona, visita y reconoce cuando alguna coyuntura aparece, salvo la presencia permanente de la fuerza pública, si bien necesaria e importante, acarrea su propia marginación. “Solo vienen cuando hay problemas, preguntan y se van, no traen soluciones” es el comentario generalizado de quienes allí residen, de cara al actuar de algunas entidades públicas.

Un panorama de exclusión y desigualdad avizora Medellín, y no es nuevo, pues es ello lo que condiciona los gobiernos locales de turno y no al contrario, es decir, la brecha se adapta, involuciona y cobra vigencia en armonía con cada administración, con la diferencia de que este fenómeno permanece mientras los periodos administrativos precluyen. El reto consiste en determinar si se trata de voluntades políticas, simple incapacidad fáctica por parte de las entidades públicas, o de selección indebida de prioridades, escenario, en donde se estaría en el marco de un incumplimiento de las obligaciones estatales y por tanto una violación plausible de los Derechos Humanos.

Las soluciones son tan complejas como el problema, van desde elegir dos Alcaldes, uno para cada ciudad, hasta trasladar el despacho municipal a estos sitios, sin embargo, no se trata solo de presencia física, ni mucho menos de llenar con funcionarios ciertos sectores de la ciudad, sino más bien de equilibrar la balanza de la desigualdad social, de la atención, de la relevancia pública, entre una y otra zona, ello será posible en la medida en que se conozca el territorio y no se gobierne solo para cumplir los compromisos adquiridos en campaña.

De la existencia de brechas sociales, de exclusión y desigualdad, (exclusión que sienten y expresan algunos personas), surgen las dificultades en materia de convivencia, en otras palabras, las principales problemáticas que surgen en cuanto a la convivencia en Medellín, encuentran su génesis en todos aquellos aspectos de no garantía de derechos que no fueron atendidos en su momento, y hacen parte de un cumulo histórico que si bien hizo parte de la agenda política de casi todos los alcaldes, no corrió tal suerte en sus agendas administrativas, de allí que Medellín pueda año tras año; crecer, avanzar y sobresalir en muchos temas (motivo de orgullo y celebración), pero concomitante decrecer en temas sociales y de satisfacción de derechos, lo  que obliga a la ciudad (me refiero a la única) a replantear sus prioridades.

Esta reflexión, no se trata de un juicio de valor desmesurado, ni de una sátira férrea (porque es directa) a la administración de turno, lo que aquí se expresa, es la descripción de algunas manifestaciones ciudadanas, obtenidas al caminar o visitar lugares importantes de la ciudad, como algunos sectores del corregimiento de Altavista, y de la vereda La Loma, entre tantos otros. ¡Nada raro! dirán algunos, puesto que este ejercicio podría plantearse en el ámbito nacional, en el que claramente sería viable sostener la existencia de dos países, en donde  las diferencias serán marcadas, por el goce efectivo de derechos de uno con respecto del otro.

Medellín tiene todo para cumplir, para construir vías de acceso a la igualdad, y para garantizar de manera efectiva los Derechos Humanos, pese a ello, con todo lo anotado, lo que habrá que cuestionarse es si se trata de ¿imposibilidad formal o falta de voluntad política?