Geopolítica moderna

En estos tiempos, el término del nuevo orden mundial cobra relevancia al enfrentar desafíos monumentales que amenazan su estabilidad y eficacia. Desde la interdependencia económica hasta la proliferación de armas de destrucción masiva, el panorama se presenta incierto.

La creciente interconexión económica entre los estados ha incrementado el riesgo de crisis sistémicas, donde el colapso financiero de una economía puede tener repercusiones globales.

La pandemia de COVID-19, reveló la vulnerabilidad de las economías globales frente a las crisis locales, especialmente en las cadenas de suministro. Las interrupciones en la producción o distribución en un país pueden afectar a otros que dependen de esos bienes, evidenciando la fragilidad y alta dependencia de muchos países de ciertos productos manufacturados en diferentes partes del mundo.

Paralelamente, la persistente amenaza de armas de destrucción masiva, especialmente con el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales por parte de Corea del Norte, desafía los esfuerzos internacionales de no proliferación y crea tensiones significativas en la región de Asia-Pacífico.

El cambio climático, por su parte, está exacerbando los conflictos por recursos naturales en todo el mundo. La desertificación en el Sahel africano, desplazando a millones de personas. Además, el aumento del nivel del mar representa una amenaza inminente para ciudades costeras como Miami, Nueva York y Shanghái, lo que subraya la necesidad urgente de una acción coordinada a nivel global.

La desintegración de naciones-estado como Siria e Irak ha generado vacíos de poder que son explotados por grupos terroristas y actores estatales rivales. Esta situación se evidencia claramente en la devastadora guerra civil en Siria, donde más de 400,000 personas han perdido la vida y millones se han visto obligadas a desplazarse. Estos conflictos locales ilustran de manera contundente cómo las tensiones internas pueden tener repercusiones a nivel global, desafiando el orden establecido.

En el ámbito tecnológico, los avances, especialmente en inteligencia artificial, están transformando la seguridad internacional. Los ciberataques patrocinados por estados, como los perpetrados por Rusia contra Ucrania en 2017, han dejado en evidencia la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas y la urgente necesidad de fortalecer las defensas cibernéticas a nivel global.

Por otro lado, China está redefiniendo el equilibrio de poder global a través de iniciativas como la del Cinturón y la Ruta de la Seda, las cuales buscan impulsar la conectividad e infraestructura a lo largo de antiguas rutas comerciales entre Asia, Europa y África. Al financiar proyectos en más de 70 países, China amplía su influencia económica y política, desafiando la hegemonía tradicional de Occidente y transformando el panorama global.

Estados Unidos, por su parte, está experimentando una paulatina disminución de su liderazgo global. La retirada del Acuerdo de París sobre el cambio climático ha debilitado significativamente su posición como líder en la lucha contra el calentamiento global. Este retroceso ha permitido que actores emergentes, como la Unión Europea y China, ganen terreno en la arena internacional. Este cambio hacia un orden multipolar plantea tanto desafíos como oportunidades para una reconfiguración del poder global.

Los movimientos sociales contemporáneos, como Black Lives Matter, están desafiando las normas y estructuras globales establecidas al exponer la injusticia racial y la brutalidad policial. Este movimiento ha generado una ola de solidaridad y protesta a nivel mundial. Por otro lado, las campañas en favor de los derechos LGBTQ+ han estado promoviendo la igualdad y la inclusión en sociedades de todo el mundo, desafiando así las concepciones tradicionales de género y sexualidad.

El destino del orden mundial en el siglo XXI está estrechamente ligado a la capacidad de los estados y la comunidad internacional para abordar los desafíos actuales. En este sentido, la propuesta de Robert Cooper sobre el Estado posmoderno ofrece una perspectiva valiosa para comprender estos cambios y adaptarse a un entorno global cada vez más complejo e interconectado. Su idea de que los estados están evolucionando hacia entidades más interdependientes y flexibles destaca la necesidad de adoptar un enfoque colaborativo y adaptativo en la política internacional, lo que podría sentar las bases para un nuevo paradigma de gobernanza global en el siglo XXI.

Laura Cristina Barbosa Cifuentes

Periodista, Escritora, Especialista en investigación del conflicto armado y derecho internacional humanitario.

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