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Gaito Gazdánov | El espectro de Alexander Wolf

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“En otras manos, esta novela sería un cadáver ingenuo y predecible; pero Gaito maneja, con hilos de plata eléctrica, los tiempos y el lenguaje.”

El banquero parisino corre a través de la lluvia y su mano húmeda se agita como una bandera de rendición. Todas las tardes debe librar una escaramuza cosmopolita en la avenida de Wagram para conseguir un taxi y llegar a casa justo antes del café y los cigarrillos. Mientras hojea el periódico mojado, las luces de la Concordia se encienden y el banquero puede ver el rostro del conductor. En París nadie lo sabe, pero aquel hombre—cuyo taxi serpentea el tránsito ya agobiante de la ciudad—se llama Gaito Gazdánov, es un ruso exiliado anticomunista, y publicará, en 1949, una de las novelas más logradas del siglo XX: El espectro de Alexander Wolf.

Su argumento le habría gustado a Stevenson: en Rusia, en plena guerra civil, durante un confuso incidente provocado por el insomnio y el calor, un chico le dispara a un jinete enemigo y lo ve morir. Años después, exiliado en París, el chico—ahora un hombre— lee un relato de terror: su propia experiencia en la estepa, narrada desde el punto de vista de la víctima. Sus ojos recorren una y otra vez las oraciones; no está soñando, todo es exacto. El autor del relato es un inglés, un tal Alexander Wolf, y parece haber vuelto del inframundo para contar su verdad. El narrador emprende una búsqueda, digna de los mejores thrillers psicológicos, para encontrarlo.

La novela recorre los vericuetos del relato policial; y mientras el misterio va enmarañándose paulatinamente, nos aferramos al sillón y nos mordemos las uñas cuando los hombres se rozan sin saberlo, y cuando desean y aman a la misma mujer.

En otras manos, esta novela sería un cadáver ingenuo y predecible; pero Gaito maneja, con hilos de plata eléctrica, los tiempos y el lenguaje. Los capítulos cabalgan, como combatientes en la estepa, y los detalles, salpicados de autobiografía, construyen una bomba de tiempo, que estallará en los últimos párrafos y dejará al lector con una sensación de felicidad y agradecimiento.

En su época, Gazdánov fue comparado con Camus y Nabókov, deslumbró a Gorki, y llegó a trabajar en Radio Liberty. Sus novelas escapan de la facilidad del panfleto y no asoman su ideología política. El espectro de Alexander Wolf se tradujo en vida del autor y fue celebrada por la crítica y la diáspora rusa. Pero la sorda prohibición soviética y el idioma eslavo—Gaito se negó a publicar en otro alfabeto que no fuera el cirílico—contribuyeron a enterrar la obra del novelista en el olvido. Sin embargo, gracias a editoriales valientes como Sajalín, Nevsky Prospects y Acantilado hemos podido redescubrir al genial ruso y celebrar su obra.  La posteridad es justa.

El taxi se detiene. El banquero parisino arroja algunos francos, se guarece de la lluvia y corre hasta su piso. Gaito Gazdánov sonríe, ajusta el retrovisor y reanuda su periplo. París y San Petesburgo se parecen de noche y sus historias están reservadas para aquellos que saben escuchar.

 

Obras del autor disponibles en castellano:

Caminos Nocturnos (Ed. Sajalín, 2010).

Una noche con Claire (Ed. Nevsky Prospects, 2011).

El espectro de Alexander Wolf (Ed. Acantilado,2015).

 

Esto fue escrito por

Fernando Vérkell

(Ciudad de Guatemala, 1989). Escritor. Sus cuentos y reseñas literarias han aparecido en medios y antologías iberoamericanas. Ha publicado El sendero del árbol enjaulado (Tujaal Ediciones 2019) y la novela Káplan (Loqueleo Santillana, 2019). Su libro de relatos Problemas de una ciudad sin trenes fue seleccionado por la Coordinadora de Editoriales Independientes de la Universidad de Baja California y fue publicado por Malvia Editorial en mayo de 2020.

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