Futuro líquido o la incertidumbre del mañana

Estamos quizás ante una de las generaciones con mayores índices de incertidumbre frente al futuro, las herramientas que en el pasado brindaban estabilidad, trabajo y vivienda, hoy se muestran totalmente ineficaces y en muchos casos inútiles…


Algunos cargan con ello cada día durante todo su ciclo vital, otros simplemente lo tienen como algo pasajero e inquietante, da igual, cada uno de nosotros se ve enfrentado al acuciante suceso de pensar en el mañana, al abismo oscuro y apremiante de la visualización del futuro, todos en algún momento nos preguntamos, tras idear algunos planes utópicos ¿Que será del mañana? ¿Que haré? ¿Dónde estaré? ¿Cómo será todo?

Sin duda, el futuro ha sido el motor de la civilización humana, ese manto de duda nos ha motivado tanto que la búsqueda de la inmortalidad, el recuerdo, el reconocimiento en las generaciones futuras se convirtió rápidamente y por siglos en uno de los más grandes anhelos humanos, el temor a la ineludible muerte y la incógnita que genera tan solo pensar en el momento más próximo que se oculta tras el velo del destino, es suficiente para que nuestros niveles de ansiedad se disparen y la sensación de no tener el control sobre nada en la línea del destino, nos lleve a que paranoicamente tratemos de medir cada acción o al contrario, perdamos toda noción de estructura en nuestro día a día.

El tiempo en el que la obtención de medios suficientes para subsistir de manera cómoda, con vivienda propia y un empleo estable, en los que un título universitario bastaba, ha quedado ya en el olvido, hoy, a pesar de los múltiples alegatos de pasadas generaciones sobre la fragilidad de las actuales, se ha hecho evidente el aumento en la dificultad de obtención y sustentación del individuo, no solo en los países en desarrollo, sino en todo el mundo.

Anteriormente un empleo corriente podía darte la suficiente estabilidad económica como para obtener lotes o viviendas suburbanas que se convirtieron posteriormente en las grandes herencias de abuelos y bisabuelos que hoy engrosan las chequeras de sus predecesores, mientras tanto, la inflación, la globalización económica y la poca estabilidad monetaria de las monedas frente a grandes valores como el dólar, además de la burbuja inmobiliaria, han hecho que adquirir un bien inmueble se convierta en una labor titánica y casi inalcanzable para la mayoría de la población.

Los salarios se han vuelto insuficientes para la subvención de los gastos cotidianos, el ahorro se muestra como una meta de difícil alcance y soñar con tener un piso y alcanzar a tener una vida digna sin el apoyo de otro ser humano se vuelve cada día en algo más utópico.

¿Qué sucedió? Estamos quizás ante una de las generaciones con mayores índices de incertidumbre frente al futuro, las herramientas que en el pasado brindaban estabilidad, trabajo y vivienda, hoy se muestran totalmente ineficaces y en muchos casos inútiles, un claro ejemplo de ello es la educación universitaria, más allá de su valor teórico y cognitivo, hay un desbalance abismal entre el costo – beneficio que tiene asistir a la universidad, mientras nuestros abuelos con una carrera universitaria, ascendían a los más alto de la escala social y aseguraban un empleo y un futuro estable para toda su vida, hoy vemos personas con doctorados trabajando con contratos cortos y un bajo nivel económico.

La modernización y digitalización del empleo se muestra además como un reto a superar para la raza humana, mientras las academias técnicas y de aprendizaje continuo se muestran como pilares del porvenir, afirmando en sus comerciales que X o Y es “la carrera del futuro” y además la mejor pagada, la inteligencia artificial y su amplio campo de investigación automatiza cada vez más tareas, dando cuenta que incluso, las nuevas habilidades tecnológicas que han surgido en los últimos años como pioneras y prometedoras áreas para el futuro, están siendo descalificadas, superadas y desechadas en este mismo momento.

Así, el panorama se muestra cada vez más oscuro para el ser humano, los índices de desocupación aumentan mientras un sistema capitalista de consumo voraz nos sume en una crisis ambiental para la que hasta el día de hoy no tenemos ninguna solución clara.

Podemos afirmar que, si, el ser humanos se ha visto varias veces enfrentado a cambios de paradigmas radicales, a revoluciones políticas y económicas y ha salido vencedor, hoy nos vemos enfrentados a un futuro líquido, sin forma y constantemente cambiante, Tik Tok se convierte en la analogía más adecuada para el pensamiento sobre el futuro que podemos plantearnos actualmente, cortos razonamientos que dejan la sensación de apreciar mucho pero que al final no son más que partículas que no informan, no entretienen ni generan convicción, en tanto, cuando se está empezando a comprender, es reemplazado por un nuevo paradigma.

Nuestra sociedad frenética corre a un sin lugar, a un punto desconocido atravesando una ruta difusa y cambiante, vivimos quizás una de las épocas en toda la historia de la humanidad donde el futuro es más turbio, más distante, más desenfocado y donde incluso la habilidad de adaptación al cambio es insuficiente para la vastedad de alteraciones y cambios que toma la existencia en la sociedad actual.

¿Seremos pues partícipes activos de este futuro líquido, hiperacelerado y cambiante? ¿O terminaremos poniendo punto final a nuestra especie bajo el establecimiento de una automatización y unos cambios tan constantes que, perdida nuestra capacidad de adaptación ante ellos, nos veremos descartados por la selección artificial y luego quizá también la natural, como individuos poco adaptativos? No lo sabemos, de hecho, no tenemos ni la más mínima idea de lo que mañana depara y, bajo nuestra construcción social actual, a diferencia de nuestras generaciones pasadas, tenemos menos certeza, menos esperanza, menos vínculo con nuestras metas y sueños, tenemos pues lo que este segundo contiene, porque en un futuro liquido como el que se nos dibuja en nuestro horizonte, hasta la próxima palabra a utilizar para describir lo que intento describir, es una total incógnita.


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About the author

Filanderson Castro Bedoya

Psicólogo de la Universidad de Antioquia con énfasis en educación, formación empresarial y salud mental, educador National Geographic, escritor aficionado con interés en la historia, la política y la filosofía, amante de la música y la fotografía.

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