Fracking: lo técnico sobre las emociones

“Si no queremos más petróleo en Colombia nos tocaría importarlo, lo que implica carestía entre otras, de elementos esenciales como el combustible”.


A principios de esta semana el país conoció que la ANLA aprobó la licencia ambiental para el primer proyecto piloto de fracking en Colombia llamado Kalé, ubicado en Puerto Wilches, Santander. Desde que se planteó que el país pudiera desarrollar esta técnica para extraer petróleo, las opiniones en el país estuvieron divididas y empezaron a surgir movimientos ambientales como la Alianza Colombia Libre de Fracking.

Desde el 2019, el Consejo de Estado permitió que la ANLA pudiera evaluar puntualmente el proyecto Kalé para definir su licencia ambiental con fines netamente científicos, es decir, para determinar sus impactos ambientales, técnicos y sociales y de esa manera saber si esta técnica es viable en otras regiones de Colombia. El piloto de fracking que se hará en Kalé, operado por Ecopetrol, no tendrá fines económicos sino científicos.

La decisión de desarrollar este proyecto piloto no es exclusiva de la ANLA, previamente se conformó un comité de expertos de distintas áreas y corrientes ideológicas para evaluar la conveniencia de esta técnica mediante pilotos como el aquí mencionado que permitan medir objetivamente sus impactos.

El país tiene reservas de petróleo para aproximadamente 9 años y 7 años para gas. Es lógico mirar otras alternativas como la del fracking. Si se demuestra que se puede hacer responsablemente, mitigando sus impactos ambientales y generando bienestar en las comunidades, esta técnica nos ayudará a aumentar las reservas de petróleo y gas, pero, sobre todo, tener autosuficiencia energética para unas décadas mientras hacemos la transición energética.

Pensar en dejar de explorar el petróleo que tenemos es descabellado. La guerra entre Rusia y Ucrania nos ha demostrado que este sigue siendo una de las fuentes principales de energía y motor de la economía a nivel global. No en vano, el precio ha subido a máximos históricos que no se veían en más de una década. Con el petróleo en Colombia, seguimos teniendo una gran oportunidad.

Estos debates requieren sensatez, si no queremos más petróleo en Colombia nos tocaría importarlo, lo que implica carestía entre otras, de elementos esenciales como el combustible. Así lo explicó el presidente de Ecopetrol esta semana: “La gasolina en el país debería estar costando entre 18 mil y 20 mil” (ver). En ese mismo sentido, si queremos energías más limpias debemos hacer más minería. Daniela Mercado Mendoza, abogada en regulación eléctrica e hidrocarburos dio el siguiente dato: “los vehículos eléctricos requieren 5 veces más cobre que uno tradicional. Un plan serio sobre transición energética debe incluir la diversificación de la canasta minera para convertir al país en un exportador de este metal cuya demanda aumentará exponencialmente” (ver).

Estas discusiones suelen darse desde la emoción, la percepción y lo peor, sin darnos la oportunidad de escuchar a la contraparte al mejor estilo de un diálogo de sordos. En el caso de Kalé, hace un mes, previo a la aprobación de la licencia ambiental por parte de la ANLA, la Autoridad Ambiental convocó a la comunidad para realizar una Audiencia Pública y escuchar los distintos puntos de vista sobre este proyecto. Personas que estaban en contra de la iniciativa entraron al recinto, sabotearon, insultaron y dañaron el mobiliario dispuesto para el evento. Luego, ese mismo grupo salió a decir que no fue escuchado ni tenido en cuenta, cuando tuvo la oportunidad.

En temas tan trascendentales como estos, que definen el modelo de desarrollo del país y su seguridad energética, lo mínimo que debe haber es un debate donde prime lo técnico y la evidencia científica por encima de las emociones y los intereses políticos; pero, sobre todo, que haya diálogo argumentado, para así tomar las mejores decisiones.

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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